En el pueblo Mapuche sentimos gran respeto por los ancianos y este mismo respeto sentimos con los adultos mayores en general, aunque a veces desvaríen como el señor Villalobos que en su carta publicada por el Mercurio el día 15 de Mayo del presente trata de explicar que el Mapuche ya no existe porque se habla poco el Mapudungun y que hace siglos está mezclado.

En primer lugar, el señor Villalobos sostiene su anquilosada posición en algún viaje realizado parece que por él, no indica el año, y por un dato de una encuesta realizada por un centro de estudios con clara orientación ideológica, creyendo que a partir de dos datos es posible caracterizar fehacientemente una realidad social compleja. Este simplismo sostiene su no menos simplista opinión propia de una historiografía en desuso que avaló, desde una mirada “civilizatoria” y etnocéntrica, acciones tan reprochables como el genocidio de pueblos indígenas enteros.

En segundo lugar, precisamente el señor Villalobos argumenta su extemporánea opinión en la inexistencia de una “raza pura”, en tiempos en que el desciframiento del genoma humano nos ha demostrado que no existen razas sino apenas variaciones genéticas; con esta añoranza de una “raza pura” parece que el señor Villalobos sólo manifiesta su cercanía con ideologías de odio que tanto daño le han hecho a la humanidad. También el señor Villalobos se refiere al escaso uso del mapudungún como una supuesta prueba de la inexistencia de todo un pueblo. Pero, este señor omite que el escaso uso de la lengua originaria fue producto de un sistemático hecho de fuerza que por siglos negó, prohibió y castigó, incluso en la institución escolar, el uso de la lengua.

En tercer lugar, el señor Villalobos afirma que en vez de gastar recursos en una supuesta lengua muerta se debiera estudiar inglés y mandarín ignorando que en todo el mundo se ha fortalecido la recuperación de lenguas vernáculas. Este señor ignora tal vez que en España, sólo por mencionar un ejemplo cercano y cuna del castellano, la revitalización del eúskera, el catalán, el gallego respondió a procesos largos de recuperación de las identidades culturales en el marco de la diversidad

En cuarto lugar, el señor Villalobos manifiesta limitaciones para entender que la identidad cultural es un derecho humano y que, independientemente de desvaríos como las razas puras, estas se sustentan fundamentalmente en el auto reconocimiento y que, por lo tanto, la identidad o pertenencia indígena no se agota en apellidos, características físicas o usos lingüísticos. En nuestro caso ser mapuche hoy es asumir una condición histórica y cultural como pueblo e, incluso, como pueblo-nación hacía el futuro.

En quinto lugar, Villalobos insiste en llamarnos “Araucano” desconociendo que esta fue una denominación impuesta por el muy cristiano y a la vez genocida imperio español y que no corresponde a la autodenominación aceptada; no sé si a Villalobos lo tratáramos con cualquier otro calificativo distinto a su nombre.

En sexto lugar, y esto nos parece lo más importante, es que cuando afirma desde la más profunda ignorancia que “el lenguaje autóctono solo sirve para expresar las cosas más corrientes, y que es inútil en las ideas más abstractas y elaboradas”, no entiende que, por el contrario, el castellano no alcanza con su limitado y taxativo lenguaje a traducir el complejo sistema simbólico del mapudungún; por lo demás, es nuestra lengua propia que no se la hemos copiado a nadie, a diferencia del “civilizado chileno puro”, una ficción a todas luces, que no tiene ni idioma ni religión ni cultura propia y a debido limitarse sólo a ser “una copia feliz” de culturas foráneas, antes la española, la francés y la británica, hoy la norteamericana, incluso la China.


Dirigente político mapuche