Este 14 de junio ha sido marcado por la primera movilización de las centrales sindicales brasileñas en contra de las políticas del presidente de extrema-derecha Jair Bolsonaro.

La huelga general ha provocado actos en casi todos los estados brasileños, todos ellos empezando con las manifestaciones de los trabajadores de transporte público, que lograron detener los servicios total o parcialmente en 16 capitales del país, incluyendo ciudades emblemáticas como São Paulo, Porto Alegre, Belo Horizonte, Recife y Fortaleza.

El principal objetivo de la huelga es expresar la oposición de los sectores sociales al proyecto de reforma del sistema previsional impulsado por Paulo Guedes, el chicago boy que comanda el Ministerio de Economía de Bolsonaro, y que pretende desechar el actual sistema solidario de reparto que existe en Brasil y remplazarlo por uno similar al modelo de AFPs en los 80, durante la dictadura de Pinochet.

Según lo informado por Revista Fórum, basado en los datos entregados por los organizadores, las protestas se desarrollan en más de 360 ciudades, y movilizó a 45 millones de trabajadores por lo que fue considerado exitoso, al superar a los 40 millones registrados en la huelga general de 2017, contra el gobierno de Michel Temer.

Además, el medio destaca la no tan frecuente unión de las muchas centrales sindicales brasileñas en la organización del evento: empezando por los rivales históricos CUT (Central Única de los Trabajadores) y Fuerza Sindical, pero también CTB (Central de Trabajadores y Trabajadoras de Brasil), UGT (Unión General de los Trabajadores), Conlutas, Intersindical, CBS (Central de los Sindicatos Brasileños) y otras.

Participaron de la movilización los movimientos sociales reunidos en el Frente Brasil Popular y Frente Povo Sem Medo (“pueblo sin miedo”). A este segundo pertenece el MTST (Movimiento de los Trabajadores Sin Techo), liderado por el excandidato presidencial Guilherme Boulos, que debe ser una de las figuras del acto en São Paulo.

La movilización también ha ganado fuerza debido a las malas cifras de la economía brasileña en este primer semestre: el desempleo ha saltado hasta un 12,7%, lo que significa cerca de 13,4 millones de cesantes, mientras que la previsión de crecimiento para el 2019, según las consultoras especializadas cayó hasta números negativos.

La última previsión del IBGE (Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas) apunta a que el PIB de Brasil al final de 2019 podría quedar abajo del 1% o incluso llegar a cifras negativas, acompañando una tendencia de las cifras mensuales hasta ahora: el balance del Índice Brasileño de Actividad Económica (IBC-BR) en el primer trimestre fue de -0,2%, y el de febrero específicamente fue de -1,04%.