Opinión

De Chile a Bangladesh: La ola feminista en América Latina y el mundo

Por: Camila Ponce / Publicado: 18.06.2019
feminismo /
La ola feminista que hemos visto emerger desde mediados de esta década, con elm #NiUnaMenos, el #MeToo, #BalanceTonPorc, el Mayo feminista estudiantil del 2018 o #YoSíTeCreo, tiene recepciones muy variadas alrededor del mundo, a partir de los determinados contextos y realidades socioculturales.

Primero fueron las feministas argentinas que levantaron su voz contra la violencia de género y el femicidio el año 2016. A partir del asesinato de Lucía Pérez, quien con solo 16 años fue brutalmente violada y drogada en Mar del Plata, surgió el hashtag #NiUnaMenos. Este hecho vino acompañado de una serie de protestas en distintas ciudades del país trasandino. Más tarde, en Chile, Perú, Colombia, México y Costa Rica, también se convocaron a marchas similares, puesto que la violencia de género es un mal que aqueja a todas las sociedades del mundo y particularmente en este continente.

Asimismo, en abril de 2018 fueron cientos de mujeres que salieron a las calles españolas para protestar contra la sentencia de “La Manada”: grupo que no solo violó a una joven en las fiestas de los san fermines, sino que se jactó de aquello, compartiendo videos y chats al respecto. En ese contexto, las feministas españolas crearon los famosos hashtags #YoSíTeCreo, #NoEsNo o #EstaEsNuestraManada que se popularizaron en redes sociales, donde además compartieron muchísima información sobre feminismo y debatieron sobre los hechos. A Hollywood también llegaron los ecos de esta ola y las redes sociales se plagaron de denuncias de acoso, utilizando el viralizado hashtag #MeToo. Primero, contra el director Harvey Weinstein; y luego, contra otros actores, directores y productores.

Meses más tarde, las jóvenes estudiantes chilenas salieron a la calle a protestar contra la violencia de género en las instituciones educativas y por una educación no sexista. Las universidades y establecimientos secundarios fueron ocupados por las estudiantes y se generaron múltiples intervenciones en el espacio público, que buscaron visibilizar todo aquello del espacio privado e íntimo de las mujeres, largamente censurado. Como si esto no fuera suficiente, en Argentina, también se generaron masivas protestas que llevaban como símbolo, los pañuelos verdes –recordando así a las abuelas de la plaza de mayo– para exigir aborto libre, gratuito y seguro, donde participaron principalmente mujeres jóvenes, estudiantes secundarias, que continuamente se vieron enfrentadas a grupos anti aborto en las cercanías del congreso de la nación.

Sin embargo, la violencia de género sigue estando presente en los países de todo el mundo. Uno de los más impactantes y recientes hechos de violencia realizado contra mujeres, fue el caso de Nusrat, una mujer de 19 años quemada viva en la azotea de su colegio en Bangladesh, tras haber acusado de acoso sexual al director de la escuela islámica donde era estudiante. En países donde la violencia hacia las mujeres es un hecho recurrente, no hay espacio para la denuncia y las instituciones no hacen su trabajo correctamente, mujeres como Nusrat deberán luchar con más fuerza para no seguir siendo asesinadas y sus familias atormentadas por visibilizar esos abusos. A partir de estos hechos, se han realizado movilizaciones de activistas en Bangladesh exigiendo justicia y castigo a los culpables.

Mientras, en nuestro país, todavía estamos en un proceso de transformación y cambio procesando todo lo que dejó el mayo feminista y la multitudinaria marcha del 8 de marzo. Muchas denuncias han sido levantadas desde las instituciones académicas y educativas, pero las malas prácticas patriarcales siguen estando presentes en los distintos espacios donde se desenvuelven las mujeres. Esta violencia de género la observamos en las diferencias salariales, las mujeres migrantes vulneradas en sus derechos, las personas trans que viven amedrentadas y con miedo, o en los académicos de renombre acosadores que son protegidos por sus pares y por directivos.

Rita Segato, antropóloga feminista argentina, señala que los hombres, al violar a una mujer, sea a solas o en grupo, independiente del lugar, el placer no es únicamente sexual, sino que refiere a una dominación del débil, la necesidad de sentirse superior y de doblegar al otro, ejerciendo su poder de manera violenta. Asimismo, la investigadora española Coral Herrera, precisa que estos hombres, al violar a una mujer, las están violando a todas, y están lanzando un mensaje para que nos andemos con cuidado porque ellos mandan en el espacio público. Por lo tanto, abusos como el de Nusrat en Bangladesh, o los que vemos a diario en nuestra región latinoamericana, buscan callar y anular a las mujeres, amedrentar a una y a todas al mismo tiempo, para que ninguna se atreva y tenga el valor de seguir denunciando y levantando su voz. Sin embargo, el mensaje de la última protesta del 8M fue fuerte y claro: las mujeres perdimos el miedo porque finalmente juntas somos más fuertes y podemos crear nuestra propia “manada”.

Camila Ponce
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