Este martes parecía que se revelaría un gran secreto, algo que nadie había notado. Lo había anunciado una opinóloga de derecha llamada Teresa Marinovic: Alberto Plaza nos contaría un mensaje “oculto” del informe sobre Venezuela de Michelle Bachelet que era indispensable saber. Un secreto que no era tan secreto; un “descubrimiento” que venía, nuevamente, a dudar de la credibilidad de la expresidenta.

Obviamente, no era más que un acto de proselitismo político encabezado por Plaza y Marinovic. Creyendo que estaban haciendo una gran acusación que remecería la escena política nacional e internacional, estos dos personajes cuestionaron el hecho de que la ex líder de la Nueva Mayoría se haya referido en el texto a Nicolás Maduro como el presidente legítimo del país. Eso, para ellos, evidenciaba algo oscuro, espurio en el actuar de la alta comisionada; cuestión que le hizo mucho sentido a quienes quieren creerlo, a los seguidores de estas pintorescas figuras, que, al igual que José Antonio Kast, creen estar del lado del “bien”.

Si bien Bachelet no es ni debería ser intocable, vale la pena detenerse, aunque sea por un momento, para intentar desarmar esta afrenta bien humilde intelectualmente hablando.  Y es que tal vez antes de revisar la parte en que se refiere a como presidente a Maduro, se debió chequear si es que la Organización de Naciones Unidas, a la que ella pertenece, se refiere de otra forma a él. A lo mejor, también, habría sido sano que se hubiera leído algo sobre el cargo de quien fuera mandataria de Chile, y sus límites de acción. Porque, cabe agregar, Bachelet, a diferencia de Sebastián Piñera, no es jefa de Estado por estos días, y no puede usar un aparato estatal para, como lo hizo el mandatario de manera antojadiza en el asunto venezolano, satisfacer sus caprichos personales. Solo basta recordar el viaje a Cúcuta.

Pero esto le importa bastante poco a Plaza y Marinovic. Para ellos las cosas deben hacerse por sobre todo tipo de leyes o regulaciones. El “sentido común” al que apelan, por lo general, siempre pasa encima del otro, del que está al lado, porque es más bien un sentimiento individualista que habla de lo “común” desde la nula comprensión de las barreras que puedan limitar el actuar personal en beneficio de una comunidad, de una sociedad o del clima internacional. Quienes recurren a este como una sensación legítima para hacer política, son capaces de hacer de todo e inventar cualquier cosa para que la realidad se adapte a lo que ellos consideran correcto.

Lo podemos ver al comienzo del video en que el cantautor de barrio alto hace esta “acusación”. Como si nada, Plaza da por hecho que Bachelet fue muy cercana al régimen chavista, habla de una amistad entre Maduro y ella, y hasta hace una afirmación, nada de comprobable, sobre un plan común entre ellos para “construir el comunismo” en la región. ¿De dónde sacó eso? ¿Qué pruebas reales hay, aparte de su  visión ideológica, para reafirmar eso? Nada. Solo, una vez más, el “sentido común” que inunda la cabeza de quienes, antes de buscar e investigar, prefieren gritar fuerte, pero sobre todo, tratar de colmar sus ganas de que lo que está diciendo sea realmente cierto.

Resulta importante notar este vicio ideológico antes de creer todo lo que se dice. Más aún en una sociedad en la que la clase media está sumamente despolitizada y, muchas veces, prefiere asentir ante lo que, a sus ojos, parece “evidente”. Esta derecha más gritona saca mucho provecho de esta situación y es capaz de convertir un show patético en un gran hecho político.


Analista político.