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Nancy Guzmán, escritora de “El saqueo al mar”: “Los países corruptos son todos extractivistas”

Por: Gonzalo Espinoza / Publicado: 22.09.2019
La periodista conversó con El Desconcierto sobre la investigación que expone las consecuencias económicas, sociales, ambientales y alimentarias de la explotación de las zonas costeras del país.

Durante este año, el conflicto entre pescadores artesanales e industriales ha estado más candente que nunca. La denominada “guerra de la jibia” se tomó las portadas de los diarios y generó acaloradas discusiones en el Congreso. Todo esto debido a que los gigantes de la pesca, Asipes y Corpesca, comenzaron a reclamar su tajada de esta especie, que se convirtió en el último refugio de los artesanales ante la arremetida de los empresarios que sobreexplotaron la mayoría de las especies que había en el mar.

La jibia quedó fuera de la regulación de la Ley General de Pesca y Acuicultura, que entregó el mar de los chilenos a siete familias, debido a que los industriales no se interesaron en ella por considerarla una plaga que no tenía valor en el mercado. No obstante, la pesca artesanal comenzó a sacarle provecho y a exportarla a Estados Unidos, Corea del Sur, España y Japón. Este impulso hizo que subiera su valor en 56,2 por ciento en 2017. Ante esto, los empresarios del mar exigieron que se restableciera la “armonía” entre industriales y artesanales.

Durante este 2019, se discutió la modificación a la Ley General de Pesca para incluir a la jibia, y los pescadores artesanales se anotaron un triunfo en esta materia debido a que se prohibió la captura de este recurso con el método de arrastre.

Esta disputa es una de las tantas que se abordan en el nuevo libro de la periodista Nancy Guzmán, llamado “El saqueo al mar” (Editorial Planeta), que expone las consecuencias económicas, sociales, ambientales y alimentarias de la explotación en las zonas costeras del país. Esta publicación es la primera de una trilogía que busca abordar la problemática del extractivismo en Chile.

“Es un modelo que genera, por necesidad, corrupción. Los países corruptos son todos extractivistas, porque los capitales extractivistas necesitan que las leyes sean hechas a su medida y a sus necesidades”, explica Guzmán, en relación a la denominada “Ley Longueira”.

-¿Por qué se dice que el mar fue entregado a siete familias?

-Son siete grupos, en realidad, porque las familias son 10. Se dijo como un eslogan. En el fondo, se concentró la propiedad de un recurso natural. Hasta la ley Lagos, se había entregado a nueve grupos y lo que hicieron fue para concentrar esta riqueza en pocas manos e impedir que otros entraran y que hubiese competencia. Armaron toda una arquitectura económica para manejar entre estas 10 familias el mar completo, no solamente la extracción, sino que además la salmonicultura y la miticultura.

-¿Cuál fue el rol que tuvo Ricardo Lagos en la privatización del mar?

– Lagos hace lo que se llama una “ley corta” y le costó mucho porque el objetivo era darle una certeza jurídica a los negocios. Entonces, una ley por 10 años a la industria pesquera no le daba certeza jurídica para que ellos invirtieran. Se hace una ley corta porque hay una gran reacción de la pesca artesanal. Lo que lograron los pescadores es que, una vez que venza su plazo, se estudien los efectos que ha tenido ésta en el mar y se decida cómo se va a seguir hacia adelante con la nueva ley.

Es la primera ley neoliberal que existe en esta materia. Antes, Frei había hecho un acomodo creando una ficción que era las cuotas históricas. En Chile nunca se había medido cuánto pescaba cada persona. No había ningún registro. Cuando se proponen estas cuotas históricas se hacen de manera completamente arbitraria. Entonces, él dice que las cuotas van a estar basadas en el bodegaje y en la cantidad de naves. Obviamente que eso iba a ser hecho para que la pesca industrial tuviera la mayor cantidad de recursos.

-¿Se pueden ver ciertas luces en ese momento de lo que es la intervención de la pesca industrial en la elaboración las políticas que regulan su sector?

-Estas familias siempre han tenido mucho poder económico. Hay que decir que el primer millonario internacional que tuvimos fue Angelini. Fue el primero que apareció en la revista Forbes, y ahí se dice que su fortuna está hecha con los recursos naturales del mar, o sea, con la pesca. Son grupos económicos que venían trabajando en mar desde los 60′. Y ya tenían un manejo tanto con los recursos marinos como con la institucionalidad. El gran problema lo habían tenido durante el gobierno de Allende cuando se tratan de estatizar algunas industrias de pesca y pasan a manos del Estado. Durante los 80′, estas familias van a tener una buena relación política con la dictadura, pero nunca van a tener tanta influencia como cuando se empieza a legislar, en serio, con la Ley de Pesca. Ahí van a ocupar todas sus capacidades persuasivas a través del lobby, el dinero y sus conexiones políticas.

-¿En qué se expresa esta influencia?

-Todas las leyes se hacen en función de este sector, que ha corrompido a los legisladores. Y no solo a ellos, porque, a veces, la justicia tiene una manga tan ancha y laxa que uno también duda respecto de si forma parte de esta corrupción. Tenemos una situación donde todo se hace en función de sostener esta industria de pesca que acumula enormes ganancias.

– ¿Existe una puerta giratoria al igual que otros ámbitos donde gente del mundo privado pasa a formar parte de cargos de fiscalización?

-Acá es igual que en otros sectores. Felipe Sandoval, por ejemplo, quien fue subsecretario de Pesca y encargado de hacer la ley Lagos, se le conoce hoy en día como el señor de los salmones. Y quien lo antecedía era Daniel Albarrán, una persona que venía desde los 80′ trabajando en la salmonicultura con los empresarios. Mientras fue subsecretario se otorgaba a sí mismo cuotas de pesca y cuando abandonó su cargo volvió al mundo privado. Todos han tenido o tienen, o sus familiares tienen, relación con los sectores de la pesca industrial.

-¿La problemática de la pesca va a seguir dando que hablar por muchos años más?

-Ahora estamos en una etapa bien importante porque se pretende anular la Ley de Pesca. Yo creo que va a ser bastante complejo. No sé si es posible, porque hay una cláusula económica y es altísima. En el caso de derogación de la ley, hay que pagar unas multas leoninas. Y si no se pagan, hay un tribunal de la libre competencia que es internacional donde ellos pueden recurrir y en ese tribunal se puede condenar al Estado. No es tan fácil en un mundo globalizado hacer una ley y luego cambiarla, porque se supone que cuando se legisla, el Estado se compromete.

Por eso creo que el tema de la pesca va a ser cada día más importante, en el sentido de que hay que tomar conciencia de que hoy estamos en una situación crítica respecto a las especies marítimas. Todas están en veda. Hay una baja ostensible en la pesca. El estado de la pesca es catastrófico. Hay cerca de 20 especies que están en peligro de extinción.

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