Opinión

El Senado y la Orquesta del Titanic

Por: Alejandro Navarro / Publicado: 02.11.2019
pinera moneda / Foto: Agencia Uno
Chile es como el Titanic, los pobres muriendo ahogados en deudas; los ricos tomando whisky y champagne, como si nada pasara; la oficialidad, encabezada por el Presidente, intentando salvar los privilegios de los ricos; y el Senado tocando el violín, discutiendo proyectos inútiles, mientras el país se hunde, los pobres se mueren y lo ricos se salvan.

Cuando el Titanic, ese barco que no lo hundía ni Dios, chocó contra un iceberg –como nos cuenta James Cameron– el agua comenzó a filtrarse desde abajo hacia arriba. La primera clase sintió el remezón del impacto, pero siguió bebiendo whisky y champagne, mientras los trabajadores y los pasajeros de tercera clase comenzaron a ahogarse.

A medida que el agua subía, más gente se ahogaba, hasta que el caos alcanzó a la primera clase. La reacción de la oficialidad del barco, fue salvar primero a los más ricos, total los pobres morían siempre. Pobres más, pobres menos, daba lo mismo.

Sin duda, una de las escenas más inolvidables de la película, fue la reacción de los músicos. En medio del caos absoluto, en vísperas de su muerte, la orquesta no supo hacer nada más que seguir tocando como si nada pasara.

Chile es como el Titanic, los pobres muriendo ahogados en deudas; los ricos tomando whisky y champagne, como si nada pasara; la oficialidad, encabezada por el Presidente, intentando salvar los privilegios de los ricos; y el Senado tocando el violín, discutiendo proyectos inútiles, mientras el país se hunde, los pobres se mueren y lo ricos se salvan.

La analogía es inevitable, pues ante la profunda crisis social, el aún Presidente Piñera ha decidido impulsar una agenda social –en contra de la sociedad– que busca poner paños fríos, para que se puedan seguir haciendo negocios con los derechos sociales que la ciudadanía exige. Esos son el proyecto de Sala Cuna Universal, que mercantiliza la educación inicial; y el Subsidio al Sueldo Mínimo, que se pagará con la plata de los mismos trabajadores, por poner solo dos ejemplos.

La reacción del Senado, cuando accede a la discusión de esta agenda ridícula, de una desconexión absoluta con la realidad y que todos sabemos que es un engaño, es la misma que la de la orquesta: seguir haciendo lo que ha hecho siempre, aún cuando no tenga ningún sentido.

Es por eso que no dejamos de gritar en la Sala de Sesiones y en los pasillos de este Congreso que se ahoga. Debemos dejar de tocar el violín y lanzar el único salvavidas que puede garantizar una salida a esta crisis: una Asamblea Constituyente.

La situación es clara, el Gobierno está superado, con un Presidente que tiene las manos manchadas con la sangre de las balas, de la tortura, de las violaciones; con un equipo político que es incapaz de procesar la crisis, que no puede, o no quiere, entender las demandas ciudadanas y que ante la mercantilización de la vida, propone más mercantilización.

La política institucional está superada y entró en su fase terminal. Si el Presidente no da un paso al costado y el Senado no se la juega por una Asamblea Constituyente, solo nos espera la violencia, que no es otra cosa que la ira de los pobres ante la miseria y la ausencia de derechos sociales mínimos.

Que renuncien todos, también nosotros los senadores, para que los pueblos de Chile decidan el Chile que debe nacer, después de este Chile que agoniza, termine de morir.

Alejandro Navarro
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