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Opinión

La culpa no era mía, es de tu frágil masculinidad

Por: Catalina Baeza / Publicado: 19.12.2019
/ Foto: Agencia Uno
La mayoría de las niñas, adolescentes y mujeres que sufren violación o abuso sexual no denuncia a su agresor. No lo denuncian porque es un conocido, generalmente respetado, por la familia. Padres, padrastros, tíos, abuelos, hermanos, primos, profesores y profesionales de la salud han abusado sexualmente de niñas, jóvenes y mujeres.

Se ha comentado en prácticamente el mundo entero, el fenómeno que provocaron LasTesis al movilizar miles de mujeres a gritar, sin miedo “El violador eres tu”. Sin victimizarse, dejando atrás la vergüenza y el miedo que provoca una violación y un abuso sexual, al sentirse apoyadas por otras mujeres que sufrieron abusos, las mujeres gritan: Y la culpa no fue mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía.

¿Por qué se sumaron tantas mujeres a este grito colectivo?

Según estimaciones de la OMS, una de cada tres mujeres en el mundo ha sufrido violencia física y/o sexual de su pareja o violencia sexual por terceros, casi siempre conocidos, en algún momento de su vida.

Y la culpa no era mía, ni dónde estaba ni cómo vestía.

La mayoría de las niñas, adolescentes y mujeres que sufren violación o abuso sexual no denuncia a su agresor. No lo denuncian porque es un conocido, generalmente respetado, por la familia.  Padres, padrastros, tíos, abuelos, hermanos, primos, profesores y profesionales de la salud han abusado sexualmente de niñas, jóvenes y mujeres.

No lo denuncian porque el miedo, la vergüenza y la culpa, inculcada por siglos de patriarcado, no les permite pedir ayuda.

Miedo a que no le crean, miedo a las amenazas del agresor, miedo a que la juzguen a ella y no a él. Vergüenza que las deja atrapadas, impotentes y aisladas porque saben que desde ese día en adelante, algo se quebró en ellas, algo que las definía como seres humanos dignas de respeto; al exponerlas y afectar severamente su autoestima, se paralizan. Culpa porque imaginan que, de un modo u otro, fueron responsables por el abuso.

Y la culpa no era mía, ni dónde estaba ni cómo vestía

Cantaron miles de mujeres en el mundo todo, miles de mujeres que habían callado, miles de mujeres que imaginaban que estaban solas cantaron apoyadas por otras miles de mujeres a su lado que habían vivido algo similar.

Cantaron por sus madres, sus abuelas, sus hijas y nietas.

Cantaron por todas.

La fuerza de la resiliencia colectiva unida en el arte, el canto, la coreografía con significante y significado y el feminismo las fue llenando de fuerza y atrevimiento para exigir una transformación social.

Sin miedo, sin culpa, pero aún con vergüenza, se atrevieron a más.

Las implicancias de un mensaje, con la potencia de haberlo hecho público, produjo un cambio.  Un cambio que ya no es posible detener, aunque muchos aún no lo hayan notado e incluso lo nieguen. Un cambio producto del despertar de sentimientos guardados.

Cientos de mujeres denunciaron junto a sus conocidos, en sus redes, dónde estaban, qué edad tenían, que vestían. Algunas llevaban más de 40 años calladas, enmudecidas por la vergüenza, el miedo y la culpa.

Y la culpa no era mía, ni dónde estaba ni cómo vestía,

Y la culpa no era mía, ni dónde estaba ni cómo vestía,

El violador eras tú.

El fenómeno provocado por LasTesis, tal como sucede cuando se rompe la puerta de una represa, inundó las ciudades del mundo. Inundó con recuerdos que parecían olvidados en las aguas más profundas que obliga el silencio, inundó con la tristeza que significa recordarlos y al traerlos a la superficie se presentifican en esa instancia donde pasado y presente se encuentran en el sentir.

El violador eres tú.

Presente que nos traerá más denuncias ahora y en el futuro y para lo que debemos estar preparadas, unidas y fuertes como mujeres y con mujeres que sin violencia, sin victimización; les continuaremos diciendo a aquellos hombres, al Estado, al patriarcado que quieren mostrar su frágil masculinidad por medio da fuerza y el abuso: ¡No más!

¡No más violencia de género! ¡No más violencia sexual! ¡No más!

Catalina Baeza
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