Opinión

PSU: los padres parecían más preocupados de su inversión que de sus hijos

Por: Francisco Mendez / Publicado: 10.01.2020
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Lo que no dejaba de llamar la atención era que los que más hablaban eran los padres. Ellos, molestos y casi al borde del llanto, parecían más ofuscados que sus hijos, los que miraban a su papá o mamá contándoles sus problemas financieros y su esfuerzo para lograr que sus niños lograran entrar a la universidad a panelistas televisivos.

Por estos días el tema ha sido la imposibilidad de realizar la PSU en algunas partes del país, por lo que los matinales, noticieros y todo programa televisivo y medio de comunicación, han centrado su pauta editorial en esta situación. Por ello es que noteros mañaneros han estado durante toda la semana afuera de recintos educacionales preguntándole a postulantes y sus padres qué es lo que piensan de esta manifestación encabezada por la ACES, lo que nos ha llevado a encontrarnos con variadas respuestas y realidades.

Lo que no dejaba de llamar la atención era que los que más hablaban eran los padres. Ellos, molestos y casi al borde del llanto, parecían más ofuscados que sus hijos, los que miraban a su papá o mamá contándoles sus problemas financieros y su esfuerzo para lograr que sus niños lograran entrar a la universidad a panelistas televisivos. Parecía como si los jóvenes fueran una inversión a futuro; como si realmente no se estuviera alegando por el hecho de que no pudieran dar la famosa y cuestionada prueba, sino por ellos, por su dificultad para educar a los suyos, aunque miren con desdén la sola idea de una educación pública universal convencidos que con esta no podrían “elegir”, como si pudieran hoy hacerlo.

Es complejo porque es una visión sumamente ideológica. Parecía que quienes querían ser alumnos universitarios en el futuro estaban solamente ahí para complacer a sus padres, sin importar el estrato social al que pertenecieran. Los adultos los iban a dejar para que no desviaran el camino y para que no olvidaran el deber de complacerlos, de no defraudarlos, de responder a sus esfuerzos.

Ya lo dice Piñera cada vez que puede: “Los padres son los únicos que saben qué es bueno para sus hijos”, y que esa idea, sin importar el domicilio ideológico, ha permeado la cabeza y el cerebro de muchos ciudadanos. Por esta razón es que les pagan malos colegios con nombres que suenen a extranjeros, e intentan diferenciarlos muchas veces de quienes pertenecen a su mundo social, para así caer en el jueguito de la “meritocracia”, esa que solamente es una manera dulzona de llamarle a la competencia, una en la que siempre ganan, salvo honrosas excepciones, los de siempre.

Por esto es que parece analizable el ejercicio político que, irresponsablemente o no, hicieron dirigentes estudiantiles que impidieron en muchos lugares la continuidad de esa lógica. Algunos repiten que, por lo general, lo hicieron en comunas que no son precisamente adineradas ni beneficiadas socialmente, pero creer que la vida de los futuros profesionales de barrio alto depende solamente de una prueba como la PSU y no de los lugares en los que nacieron, la gente con la que se codearon, y sobre todo los lazos afectivos que solidificaron, es no conocer Chile o inventarse una historia bastante poco real de nuestra historia política y social.

Este estallido del 2019, con todo lo bueno o malo que puede tener según cada perspectiva, está haciendo que ciertas cosas colapsen ya que no fueron cambiadas a tiempo. Hoy la fuerza de la rabia está llevando a que ciertas cosas se detengan, ciertas formas de relacionarnos hasta antes del 18 de octubre cambien y muten. Y eso es sumamente interesante de observar, ya que todas las retoricas vacías del pasado, junto a los eufemismos transicionales, están desangrándose frente a nuestra mirada estupefacta.

¿Qué hacer al respecto? La respuesta siempre, de mi parte al menos, será la política, encaminar lo que en las calles explota en mil pedazos para buscar un renacer con nuevas lógicas, nuevas miradas ideológicas en las que la imposición de un solo sector, el que disfraza sus mañas dogmáticas de “soluciones técnicas y realistas”, desaparezca.

Francisco Mendez
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