Opinión

Sobre la apatía política en el mundo del libro: por qué no hacer lanzamientos ni lecturas poéticas los viernes

Por: Eduardo Farías / Publicado: 16.01.2020
marcha de los lápices realizada por los escritores en noviembre pasado (tomado del muro de FB de Xavier Gómez) /
¿En verdad creen que su poema, que su libro, es más importante que la acción de resistencia de la primera, de la segunda, de la tercera, de la cuarta y de la quinta línea como para hacer una actividad el día viernes?

Desde que volví a Chile me ha llamado la atención encontrar un Santiago diferente. Ha sido grato ver la cantidad de personas que da la cara a la represión policial, tanto en términos de organización de autodefensa como de actividades simbólicas. También ha sido decepcionante constatar cómo una parte importante de la población sigue su vida como si nada hubiese pasado en esta cárcel llamada Chile: así, los viernes en los barrios Brasil, Lastarria, Santa Isabel e Italia están llenos de personas disfrutando de su posición privilegiada en una sociedad desigual o haciendo gala de su apatía política y desconexión con el sentir del resto de la población. Más deprimente ha sido ver cómo los gremios editorial y poético han vuelto a la “normalidad”, organizando lanzamientos de libros y lecturas los días viernes: ese día en que muchas personas van a protestar a Plaza Dignidad

Tal situación me llena de preguntas incómodas: ¿qué nivel de apatía política existe que no puedan cuestionar la atingencia de sus actividades?, ¿es más importante el proyecto propio que la lucha colectiva?, ¿la actividad cultural es igual de trascendente para el desarrollo de la revuelta que la protesta en Plaza Dignidad?, ¿en verdad creen que su poema, que su libro, es más importante que la acción de resistencia de la primera, de la segunda, de la tercera, de la cuarta y de la quinta línea como para hacer una actividad el día viernes?, ¿acaso quienes organizan estas actividades se dan cuenta que no hemos ganado nada, entenderán que su vuelta a la normalidad es el reflejo de una derrota?, ¿qué derrota?

Es legítimo pensar que el acuerdo político para la creación de una nueva constitución es un logro que nadie tenía en mente y es obvio entender que una parte de la población se haya desmovilizado frente a esa oportunidad histórica. Sin embargo, si la resistencia continúa todos los viernes en Plaza Dignidad y todos los días en territorios específicos, es porque existe el sentimiento válido de que nada se ha ganado y que no se puede volver a la normalidad cuando la clase política se defiende creando leyes que criminalizan la protesta (no) violenta; cuando el modelo no se ha tocado en nada, y todas las soluciones propuestas por el gobierno promueven más el capitalismo; cuando en las declaraciones del gobierno y de la clase política se ríen y nos mienten en nuestra cara. ¿Se puede volver a la normalidad frente a la expresión misma de un sistema político-económico que se defiende con dientes y garras?

En la vuelta a la normalidad yo veo una derrota o el triunfo de la apatía política que necesita la clase política y el Estado para mantener esta cárcel neoliberal. Y me pudre mucho más notar la derrota en el gremio editorial y en la escena poética, pues ostentan sus perspectivas críticas que solo se traducen en palabras vacías y en proyecciones ególatras que conducen a la perpetuación de la comodidad y del lugar propio, cuando otros ponen el cuerpo para derrocar un gobierno hipócrita, malintencionado y guardián de la explotación. Así, la vuelta a la “normalidad” del negocio del mundo del libro y del mundo de la poesía es, como diría Pato Patín, “la expresión cotidiana de la hipocresía: maquillaje al muerto y mañana será otro día”.

Si los editores y los poetas quieren honrar la lucha que está dando no solo la primera línea, sino también cada persona que va los viernes a protestar, es necesario entonces entender que el proyecto propio debe estar en el último lugar de las prioridades en estos momentos. Si quieren honrar al negro matapacos, a Gustavo Gatica, a Mauricio Fredes, entonces pongan su bolsillo cocodrilo y su ego poético en un cajón del velador, pues lo que se necesita los días viernes es ir a Plaza Dignidad y dar la cara a la yuta, a Piñera y todo un sistema político cómodo con la explotación. Cada quien verá en qué línea quiere luchar; sin embargo, hay que estar. Y si se necesita realizar la actividad, hay más días en la semana en que el lanzamiento o el recital de poesía no va a estorbar y puede aportar en el objetivo perseguido, porque la desmovilización de los sujetos es, finalmente, el triunfo del enemigo en esta revuelta, y una actividad el día viernes no suma, sino que resta.

Quisiera terminar con la letra de otra canción que ha sido un salvavidas frente a la apatía que quiere el sistema político. En este caso, es de la banda española Duelo: “Cuando te hablo de la guerra, no te hablo de militar, te hablo de plantarle cara a lo que piensas que está mal y de no hacer como el resto y mirar para otro lado, aunque sea más molesto, aunque sea más complicado. No es que tú busques problemas, es que los tenías ya, y esa es la única manera de poderlos solventar. Lo que importa es intentarlo, lo que importa es la actitud, enfrentarse a los problemas no es cosa de juventud. Cuando hablamos de la guerra, cuando hablamos del amor, cuando hablamos del coraje, cuando hablamos del valor, no te hablamos de ficción, ni novelas de aventuras, te hablamos de nuestra vida, pero también de la tuya. Cuando te hablo del coraje, cuando te hablo del valor, no te hablo de tipos duros, superhéroes o robots, te hablo de gente corriente, como tú y como yo, que decide hacerle frente a lo que le causa temor. Es normal que tengas miedo, siempre hay algo que temer, porque, aunque sean pocas, quedan cosas que perder. Lo que te hace ser valiente, lo que te hace no achantar es que, aunque el miedo sea fuerte, hay cosas que importan más”. Pregúntese: ¿qué es más importante: mi lanzamiento, mi recital poético o la destrucción de un sistema político-económico cruel, injusto, inhumano?

Eduardo Farías
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