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“El viaje de Monalisa”: Sólido y provocador documental sobre la disidencia sexual en Nueva York

Por: Rodrigo Miranda, periodista y escritor / Publicado: 05.08.2020
“El viaje de Monalisa”: Sólido y provocador documental sobre la disidencia sexual en Nueva York Fotograma de El Viaje de Monalisa /
Iván Monalisa Ojeda, escritor chileno que vive en Nueva York desde 1995 y autor de los libros "La misma nota, forever" y "Las biuty queens", protagoniza el documental LGBTQI+ de la directora Nicole Costa, que se puede ver desde este miércoles 5 de agosto en www.femcine.cl.

Una raya de cocaína en Washington Heights, la canción Sombras, nada más, de Rocío Durcal, interpretada bajo el letrero de un bar en Queens, sexo como transacción comercial en los muelles del río Hudson. Los cuentos autobiográficos de Iván Monalisa Ojeda, imposibles de resumir en un par de líneas, retratan a los inmigrantes latinos que sobreviven del trabajo sexual en Nueva York y consumen cristal de metanfetamina, una droga conocida como Tina. En sus relatos, el spanglish se asoma y se impone. El inglés vibra de igual a igual con el castellano que dejó en Llanquihue, ciudad de la Región de Los Lagos donde el escritor nació en 1966.

A fines de los 80, Iván Monalisa estudió Derecho en Valparaíso y, entre 1989 y 1993, Teatro en la Universidad de Chile, donde fue ayudante del actor y profesor Fernando González. A los 25 años empezó a protagonizar performances en la estatua de Pedro de Valdivia de Plaza de Armas y en la fuente Rubén Darío del Parque Forestal. En la bohemia santiaguina conoció a artistas y escritores como Pedro Lemebel, Francisco Casas o Carmen Berenguer, de quienes heredó una actitud contestataria. Llegó a Nueva York en septiembre de 1995 para una residencia de un mes en el New Dramatists y desde entonces vive en Manhattan. Ha publicado los libros La misma nota, forever (Sangría Editora) y Las biuty queens (Alfaguara). Alguna vez el propio Lemebel, de visita en Estados Unidos, leyó en el Central Park sus cuentos y les dio su bendición. 

La llegada a Nueva York ayudó a que Iván se transformara con naturalidad en Monalisa, su alter ego travesti. En una inspirada escena del documental El viaje de Monalisa, dice:

Aquí estaba esperándome quien sería mi mejor amiga y también mi enemiga. Aquí me estaba esperando Monalisa.

Su nueva identidad no binaria –o dos espíritus, como la llamaban las culturas ancestrales de América del Norte– se reflejó en su escritura y en su estética. Minifalda de cuero negro, boa de plumas brillantes, medias de encaje, anillos que parecen prendedores, peluca colorina, cartera de lentejuelas, aros plateados que le llegan al cuello y zapatos rojo furioso con tacones metálicos y puntiagudos para defenderse de algún ataque callejero nocturno. 

Por el documental El viaje de Monalisa, la directora chilena Nicole Costa hace desfilar travestis latinas, boricuas, colombianas, dominicanas, que integraron a Monalisa a su clan. Por sobrevivencia y también por goce se dedicó a la prostitución. Ahí surgió una identidad libre de prejuicios. Nació Monalisa. Sus amigas se hacían llamar Silvia Gold, Brigitte Duarte, Casandra Sánchez, Máxima Rodas Aka, Estrellita McArthur, La Machete o La Myriam Hernández. Iván no podía ser menos que ese aquelarre de nombres pastiche.

El documental sorprende al salpicar el realismo sucio propio de las calles de Nueva York, con algo de ternura y tristeza. Iván/Monalisa deconstruye y tensiona la identidad de género a través de una serie de performances. En una de ellas, de gran poderío y belleza, arrastra una larga trenza de huasa por las calles, el metro, parques, charcos de agua y hasta por la nieve. 

En sus 25 años en Nueva York, Monalisa ha visto cómo la ciudad ha cambiado y barrios completos se han aburguesado y gentrificado. Cuando llegó, Times Square y Hells Kitchen no eran lugares turísticos y ahí las travestis podían trabajar en la calle o en peeps shows, cabinas abiertas 24/7. Eso ya no existe. El alcalde Giuliani y su campaña de tolerancia cero barrió con las trabajadoras sexuales de Times Square y el Meat Packing District, hoy convertidos en cuadrantes fashion. Era como en la película Midnight cowboy, describe el documental. 

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El viaje de Monalisa registra a un Nueva York marcado por la tensión social, la violencia racial de la policía y la ilegalidad y marginalidad de los inmigrantes latinos, como lo hace también el documental La muerte y vida de Marsha P. Johnson, una de las activistas de Stonewall que fue encontrada muerta en 1992 a las orillas del Hudson. De un día para otro, las trabajadoras sexuales en Nueva York desaparecen sin dejar rastro.

Monalisa se quita una peluca y exhibe su cabeza rapada cual Nosferatu. Parafresando una de las frases más provocadoras del cuento que le da nombre a su notable libro La misma nota, forever, ellaconoce las calles de Nueva York como las ratas lo hacen

Con una estructura dramática basada en mensajes telefónicos entre la directora y la protagonista, el documental describe con eficacia las desigualdades que esconde la estructura social neoyorquina y el discurso identitario de las minorías –los cuerpos que no importan, diría Judith Butler– y su sobrevivencia frente a la brutal violencia en la cuna del capitalismo salvaje.

El viaje de Monalisa se puede ver desde este 5 de agosto en el festival Femcine 

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