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VOCES| Del “Cómprate un auto Perico” al Apruebo

Por: David Bustos, escritor y guionista / Publicado: 11.10.2020
VOCES| Del “Cómprate un auto Perico” al Apruebo /
El spot “Cómprate un auto Perico” estrenado en 1978 parece inaugurar el espíritu consumista de esos años. Tanto Nissim Sharim como Delfina Guzmán, que protagonizan el comercial, eran actores conocidamente de izquierda, o sea opositores a Pinochet, dato que otorga a este spot paródico, otro sentido.

En 1978 la agencia Matte & Méndez realiza el spotCómprate un auto Perico” para la televisión, obteniendo un tremendo éxito. Un ensimismado Nissim Sharim, con peluca y humita, vestido con traje de dos piezas y un ramo de flores, se dirige en bicicleta rumbo a la casa de su amada: Ismenia (Delfina Guzmán). En off el actor repite el nombre de su enamorada obsesivamente que, con la música de Vivaldi de fondo, personifica la idea del amor romántico de manera exagerada. Si antes para El Quijote era Dulcinea la musa inspiradora, en este spot Ismenia actuaría asociativamente en dirección a ese imaginario caballeresco.

Entre pedaleo y pedaleo, este personaje va siendo el hazmerreír de la calle. La famosa frase “cómprate un auto Perico” opera como un proyectil o pifia de un anfiteatro callejero que deposita su burla. El automóvil se presenta como un antídoto al ideal romántico, aunque francamente las personas que andaban en bicicleta en los años setenta lo hacían por necesidad más que por otra cosa. Cuando Perico llega a destino con su ramo de flores, Ismenia repite lo que la calle en su trayecto ya le venía gritando: “cómprate un auto Perico”. El mensaje del spot es una invitación a endeudarse para evitar el escarnio público de ser un ciclista. 

La publicidad y la televisión son dos elementos fundamentales para entender cómo el modelo neoliberal se estructuró e impregnó en la conducta de los chilenos. Umberto Eco señala que los mass media están inmersos en un circuito comercial y por ende sometidos a la “ley de la oferta y la demanda”. En el mejor de los casos, dan al público únicamente lo que desea, aunque más bien sugieren al público lo que debe desear.

En el año 1978 en que este spot fue estrenado por televisión abierta la economía chilena estaba tomada por dos grupos estratégicos: Los Chicago Boys y Los Gremialistas. Ambas agrupaciones provenientes del tronco conservador de la Universidad Católica. 

El spot “Cómprate un auto Perico” parece inaugurar el espíritu consumista de esos años. En este punto habría que subrayar que tanto Nissim Sharim como Delfina Guzmán, que protagonizan el comercial, eran actores conocidamente de izquierda, o sea opositores a Pinochet, dato que otorga a este spot paródico, otro sentido. O sea, se produce un cruce entre disidentes y economistas neoliberales.

Sin ir más lejos la Concertación (posPinochet) sufre del “mal de Perico”. Los artistas se ven obligados a trabajar en agencias de publicidad y los actores comienzan a rodar comerciales muchas veces sin discriminar el sentido de estos, hipotecando su capital simbólico. Si eso ocurrió en el campo de arte y la cultura, en la política fue un descampado. Exiliados, políticos abiertamente opositores a Pinochet, personalidades de la disidencia que incluso sufrieron privación de libertad, con la Concertación de partidos se mueven entre puestos de directorios y el sistema político, que ya estaba completamente maniatado por el imperativo del mercado.

Para decirlo con todas sus letras la consigna “el modelo no se toca” fue el mantra de los gobiernos de la posdictadura y lo que existió fueron avances modernizadores que disminuyeron la línea de la pobreza, pero que tuvieron como consecuencia un aumento de la brecha entre los más ricos y los más pobres. Una de las ideas matrices entre esta tensión: política-sociedad, fue la de lograr que la gente tuviera acceso al consumo, y el crédito era la respuesta. 

Señalemos que la televisión por décadas en capas socioeconómicas más modestas cumplió un rol de integración social. La gente puede que no supiera el nombre de su vecino, pero perfectamente conocía el nombre y la vida de actores, conductores y modelos de televisión.

El asunto a mi entender se comienza a despeinar con la entrada de internet y las nuevas tecnologías. La información y entretención ya no son monopolio de los medios convencionales con su propia agenda política y económica, y la gente se comienza a desplazar de pantalla. Si los canales de televisión operaban hasta hace algunos años como catalizadores de conductas, hoy eso está completamente entredicho.

El proceso fue lento, pero decidor. Mucho antes de la revuelta de octubre se dieron los primeros ensayos donde se ejercitaba la cohesión de las redes para efectuar reuniones y marchas. Los ciclistas son unos de los grupos de referencia más potente. Miles de “Pericos” restituyen su derecho a transitar libres por las calles, el automóvil ya no es signo de estatus, sino de amenaza, atropellos y contaminación. 

A medida que las demandas sociales se transparentan, y gracias al algoritmo de recomendación de contactos, que tiene la característica de sugerir a personas con similares gustos y preferencias; se cohesionan y fortalecen grupos organizados alrededor de demandas concretas. El algoritmo, tanto de Facebook como de Twitter parece una tontera, pero si observamos seriamente lo que hace es armar configuraciones de sentido en base a grupos. 

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Como consecuencia, los canales de televisión empiezan a sufrir baja sintonía, el rating los obliga a reestructurarse. Las plataformas de series y películas on demand refuerzan la migración de ese público que antes era cautivo de los canales de televisión. Cada persona hace su propia parrilla programática, no necesita esperar a que un canal le proponga un contenido. Esa autodeterminación sumada a los grupos de disidentes, que encuentran sus iguales en las redes sociales, da inicio al surgimiento del plano de lo común. Los clientes pasan a ser ciudadanos.

Después de este 18 de octubre del 2019 las cosas son y serán distintas. La gente se encontró físicamente tras 40 años de dejar todo en manos del mercado y la manipulación de los medios. El saco se rompió. Hoy el desafío es la organización, pasar de la masa vociferante y desafiante a vertebrar políticamente un Chile distinto. Desafío que la política no ha sido capaz de ver y comprender, y que este 25 de octubre tendrá en el plebiscito su máxima expresión, cuando termine un ciclo impregnado de neoliberalismo e injusticia social y se abra otro, donde la igualdad y los derechos sociales deberían ser protagonistas.

 

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