Opinión

Por favor, respira

Por: Camila Musante | Publicado: 04.06.2020
Por favor, respira |
Quiero que me tomes de la mano y crucemos hacia el otro lado de la pantalla. Quiero que volvamos a reunirnos ahí, en el lugar donde tantas veces nos quisimos. Que juntas y juntos volvamos a formar un solo cuerpo, un solo corazón latiente. Que les devolvamos el oxígeno a nuestras convicciones y ellas nos den la fuerza que nos hace falta.

A través de tu mascarilla, conectado a un ventilador, por el hambre que atraviesa tus costillas, mediante el humo de las lacrimógenas, las mentiras del gobierno, el llanto de las niñas y los niños, la angustia, la soledad, el encierro, el destierro, el entierro.

Muchos han perdido la vista en la lucha, otros han quedado cegados por el miedo, y hay a quienes simplemente no les alcanza para comprar aire. Hay otras y otros que decidieron olvidar. Apartarse de la sociedad, vivir una realidad paralela entre cuatro paredes. Prefirieron taparse los oídos para dejar de escuchar los cánticos de la alameda por los que alzaron su voz. Sin embargo, el encierro es insuficiente. Si andas afuera deberás guardar la distancia social. Evitar rozar otra piel, sentir el aroma a miel. Decreto tras decreto, nos quieren robar los sentidos.

Pero la injusticia es un sentir que ni el ejército más poderoso puede amputar. La rabia, la impotencia del saber que sólo algunos pagarán, ya no se puede ocultar. El dolor del desamparo no se cura con ninguna vacuna. Seguimos vivos, y aunque nos digan que no podamos, sí sentimos. A pesar de todo pronóstico médico, nos hemos vuelto inmunes. Las amenazas invisibles del mercado, el virus y sus represalias, sólo generan más anticuerpos. Nos hacen más fuertes, más resistentes, más resilientes.

Quiero que me tomes de la mano y crucemos hacia el otro lado de la pantalla. Quiero que volvamos a reunirnos ahí, en el lugar donde tantas veces nos quisimos. Que juntas y juntos volvamos a formar un solo cuerpo, un solo corazón latiente. Que les devolvamos el oxígeno a nuestras convicciones y ellas nos den la fuerza que nos hace falta.

Me consuela saber que tarde o temprano es así como será. No es una promesa, más bien, una profecía. Por eso te pido que cuando estés agonizante, asfixiándote entre las cuentas impagas, ahogándote en el último gramo de harina, herido por balas de goma y abandono que perforan tus pulmones; cuando estés languideciendo, desolado y moribundo; mirando al cielo en el último suspiro por la dignidad, recuerda el candor de la multitud y, por favor, respira.

Camila Musante