Opinión

Ternura y política

Por: Leonora Lombardi | Publicado: 12.01.2022
Ternura y política María Elisa Quinteros y Gaspar Domínguez |
El segundo momento de la Convención Constitucional augura también una mirada de lo político desde la ternura. Los andamiajes de los discursos de ahora otra Elisa, María Elisa, y de su compañero en un histórico trabajo, Gaspar, se han sostenido en la ternura y la solidaridad. En ellos han brillado los valores del cuidado de la naturaleza, del otro/a/e, de la convivencia intergeneracional, de la diversidad, de la disidencia, apelando siempre al encuentro en los derechos de cada uno/a/e y evitando la polarización que, finalmente, nos arranca de la universal humanidad.

“Este país requiere una política con ternura. Tienen que ser mujeres muy dialogantes, de mucha escucha, que permitan la complementación de lo técnico con lo político, con el sentimiento del afecto y la ternura”, nos dijo Elisa Loncon. Quién sabe qué subterráneas genealogías de este extendido territorio plurinacional liga a nuestras queridas Gabriela y Elisa, pero lo cierto es que el deseo de sus palabras se encuentra en distintos momentos y lugares de nuestra historia.

¿Qué puede significar la apelación a la ternura en la práctica política? La pregunta nos confunde y marea un poco porque no solemos vincular ambas palabras ni prácticas. Creo que en la visión del quehacer público que tienen muchas mujeres –y quiero pensar que en la de muchos hombres y otras identidades también hoy– ambas palabras y sus campos de acción no sólo se intersectan sino se amalgaman en una nueva concepción de la política. Este es un tema grande que quiero esbozar en estas líneas para invitar a una conversa histórica sobre el mismo, especialmente en el escenario prometedor que se ve venir.

¿Cómo entiendo la relación política y ternura? Entiendo la ternura muy acurrucada con la empatía, y ésta con la consideración y escucha del otro, con la conciencia de su existencia, proximidad y condición. Aquí entran, entonces, otros elementos en juego, los de la solidaridad y dignidad, un entendido del otro/a/e como un legítimo otro, al decir de Maturana, diferente pero igual. Mistral y Loncon han sido voces desde la ternura para las diversas culturas que conviven –esperemos que más igualitariamente– en nuestro delgado y bello territorio.

Tal vez, uno de los textos de Mistral que mejor expresa esta valoración de la ternura sea Menos cóndor y más huemul; en él, el cóndor, desde su posición privilegiada y distante controla y decide por su presa; el huemul, en cambio, con sus pies en la tierra y su naricilla siempre rozando el verde, convive con sus pares en la naturaleza, en un estar indiferenciado entre otros. Otra textualidad que también entendería como femenina, la de Chihuailaf, pareciera igualmente estar apegada a la ternura, en este caso en una suerte de comunidad naturaleza-ser vivo de la humanidad y de la animalidad.

El segundo momento de la Convención Constitucional augura también, al menos desde las voces de quienes lo conducirán, una mirada de lo político desde la ternura. Los andamiajes de los discursos de ahora otra Elisa, María Elisa, y de su compañero en un histórico trabajo, Gaspar, se han sostenido en la ternura y la solidaridad. En ellos han brillado los valores del cuidado de la naturaleza, del otro/a/e, de la convivencia intergeneracional, de la diversidad, de la disidencia, apelando siempre al encuentro en los derechos de cada uno/a/e y evitando la polarización que, finalmente, nos arranca de la universal humanidad.

Anunciando ambos una Econstitución, saludan y reconocen un lugar a nuestro querido Nicanor en esta tierna tarea que continúa. Ternura y paz son también una pareja prometedora. ¿Conversémoslo?

Leonora Lombardi
Poeta y académica.