Opinión

8M: del color pastel a la mirada feminista

Por: Eleonora Coloma Casaula | Publicado: 08.03.2022
8M: del color pastel a la mirada feminista |
En el liderazgo de Gabriel Boric se abre la esperanza de consolidar la promesa de ser las protagonistas, como transmitió en uno de sus discursos. Es una señal potente no sólo en ámbitos de equidad política y social, como ya se observa en las decisiones de gabinete, en la propuesta de renovación del rol de la “Primera Dama” o en la enunciación de políticas de transversalidad, sino también en un cambio de paradigma que nos permita a las mujeres participar de la vida pública y privada con la tranquilidad de ser consideradas como iguales a quienes han ostentado el poder en todos los ámbitos preponderantes de la sociedad.

En los últimos años, el 8 de marzo ha pasado de ser el día en que las mujeres recibíamos saludos y presentes que pregonan una identidad femenina, de colores pasteles, a una fiesta que convoca a toda la ciudadanía en la manifestación de los derechos de aquellas “minorías” que tradicionalmente no han gozado de los beneficios de los hombres de definición heterosexual.

La consciencia sobre el rol de la mujer en los diversos espacios de la sociedad sigue cambiando, y a las puertas del inicio de una nueva gestión de gobierno, esta vez en el liderazgo de Gabriel Boric, se abre la esperanza de consolidar la promesa de ser las protagonistas, como transmitió en uno de sus discursos. Es una señal potente no sólo en ámbitos de equidad política y social, como ya se observa en las decisiones de gabinete, en la propuesta de renovación del rol de la “Primera Dama” o en la enunciación de políticas de transversalidad, sino también en un cambio de paradigma que nos permita a las mujeres participar de la vida pública y privada con la tranquilidad de ser consideradas como iguales a quienes han ostentado el poder en todos los ámbitos preponderantes de la sociedad.

En ese sentido, la paridad debe implicar, además de la reivindicación de nuestros derechos ciudadanos o la garantía de ocupar sitiales tradicionalmente dados a los hombres, la certeza de posicionar los temas que han preocupado por siglos a las más oprimidas, en el mismo lugar de importancia que aquellos que tradicionalmente se asocian a lo masculino. Quienes dedican su vida a cultivar saberes vinculados a la infancia, la microeconomía, la cultura, o el bienestar de las personas y la familia, debieran tener una influencia en la sociedad tan relevante como quienes toman decisiones políticas gubernamentales, se ocupan del devenir de una producción macroeconómica, o deciden el destino de una población en una guerra.

Quizás, dar paso a un cambio como éste, permita avanzar hacia estrategias más sustentables, promover derechos sociales más equitativos, comprometer una seguridad ciudadana basada en la prevención, como dar lugar prioritario a una cultura inclusiva. El desafío continúa.

Eleonora Coloma Casaula
Compositora y académica de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile.