El 6 de febrero del año 2000, en la ciudad de Bogotá, Colombia, se organizó el primer día libre de automóviles. Dado el éxito de la medida, el alcalde de la ciudad propuso que la iniciativa establecida para dicha fecha fuera permanente, la moción fue aprobada por la ciudadanía y cada 6 de febrero, las 7 millones de personas que viven en la capital colombiana se movilizan en bicicleta o transporte público.

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Este año, impulsados por la organización local de bicicletas “Mejor en Bici”, la cual ha sido durante mucho tiempo un defensor clave del día sin automóviles, diversas agrupaciones ciudadanas presionaron para que el día sin automóviles se extendiera a la “semana sin coches”. La ciudad estuvo de acuerdo y por primera vez, entre el 6 y 13 de febrero, una serie de avenidas principales de la ciudad estuvieron exclusivamente habilitadas para el uso de bicicletas, restringiendo el  uso de automóviles a rutas alternativas.

Los resultados de la medida fueron positivos, se estimó que cerca de 600.000 automóviles se quedaron en casa por día, convirtiendo a la semana libre de autos de Bogotá en la más masiva del mundo. Se estima que en promedio los residentes de Bogotá pierden aproximadamente 22 días al año debido al tráfico, mientras que 570 personas perdieron la vida en accidentes automovilísticos en 2013.

De acuerdo a Diego Ospina, gerente de “Mejor en Bici” “Está demostrado que el ciclismo hace que la gente mejore su salud, mejores sus ingresos y se sienta más feliz, porque cuando se anda en bicicleta se realiza deporte, se pierde menos tiempo en el tráfico, se ahorra en combustible y se contamina menos”.

El caso de Santiago

Chile, por su parte, está concentrado en Santiago, el centralismo es una realidad que agota y satura a la capital, sus calles son una marea constante de vehículos. Pese a las reiteradas advertencias de diversos especialistas de un colapso vial en la Región Metropolitana en los próximos años, el parque automotriz de la región supera los 1,5 millones de unidades y suma anualmente casi medio millón de vehículos más. La falta de regulación respecto al aumento exponencial del parque automotriz por parte de las autoridades ha provocado una serie de impactos negativos asociados al esmog, la contaminación acústica y la congestión vehicular, problemas que se arrastran ya hace varias décadas.

En contrapartida, el uso de la bicicleta como medio de transporte ha irrumpido con fuerza en los últimos años, en gran medida por la generosa y consciente respuesta de muchos ciudadanos frente a la congestión, contaminación y problemas del transporte público capitalino. En este sentido, la creciente disposición de la ciudadanía por preferir un tipo de vida más sustentable debiera ser potenciada por políticas viales más enérgicas, como la implementada en la ciudad de Bogotá, que apuesten efectivamente a desensentivar el uso de automóviles y por impulsar el uso de la bicicleta como un medio de transporte eficiente que repercute positivamente en la calidad de vida en zonas urbanas.