La entropia del capitalismo baja¿Cómo es que surge la reflexión que termina traduciéndose en este libro?

Aunque este libro corona una reflexión que vengo desarrollando hace por lo menos 20 años, hay un gatillo muy preciso, que fue la invitación que me hizo la Universidad del Desarrollo a presentar el libro de Herve Kempf “Cómo los ricos destruyen el planeta”. Lo leí como corresponde e hice unas notas que fueron muy bien recibidas, en las que además se expresaba la gran convergencia de ideas que sentí con el autor. Literalmente en base a esos apuntes publiqué una primera edición, de circulación más restringida, pero luego la complementé con dos partes: una al principio donde instalo el tema más gaiano, de Ecología Profunda, y al final una sección donde describo lo que yo llamo el paso del ecocidio al sociocidio.

Una de las características de toda especie es el instinto de supervivencia, pero tú llegas a la conclusión de que el capitalismo está destruyendo a los seres humanos ¿Cómo sucede que una especie crea un sistema que termina destruyéndola?

En cierto sentido es un misterio. La pregunta es, por decirlo de algún modo, por qué la divinidad nos hizo así, con esta capacidad de autodrestruirnos. Para tratar de responder en algo la pregunta hay que decir, en principio, que sí hay especies que entran en problemas por sobrepoblación y se producen colapsos de ecosistemas como parte de los procesos de sucesión ecológica.

Pero hay un componente propio del ser humano…

La diferencia con el ser humano, al que le ha ocurrido este fenómeno antes, como en el caso de los pascuenses y los mayas, es que esto ocurre en culturas muy sofisticadas que, sin embargo, dejan de ver el imperativo ecológico. Se produce un punto ciego, en ambos casos hay una suerte de extravío que tiene que ver con las pulsiones del macho, que se vuela con ciertas prácticas donde por lo general están presentes la religión, el imperialismo y el patriarcado. En el caso de Pascua, la sociedad decae porque para erigir los moais cortaron los fastuosos bosques de la isla, en un proceso liderado por reyezuelos con un impulso religioso y ritualístico, lo que los llevó a derrumbar la capacidad de alimentación terrestre y terminaron muriendo de hambre o cayendo en la antropofagia. El ejemplo de los mayas es más masivo y ocurre lo mismo, con la diferencia de que es un ecosistema tropical que no tiene mucha materia orgánica en la superficie, y claro, son muy engañosos porque se ven lujuriosos pero se derrumban si los intervienes con cierta brutalidad. ¿El resultado? Otra vez: guerra, hambre y antropofagia.

Esta reflexión es muy lúcida, pero no es nueva. Ya la han hecho otros pueblos e incluso la han transformado en leyendas con moraleja incluida, siendo la historia de La Torre de Babel la más conocida para la civilización cristiana occidental ¿Por qué si esto se ha mitologizado en varias culturas, como diciendo “aprendimos la lección”, volvemos a tropezar con la misma piedra?

Yo he dicho mucho esto que tú estás diciendo. Hay un impulso dentro de nosotros que viene con nuestro adn al parecer. Esta idea que tenemos los machos, especialmente, de volarnos con ciertos sueños megalómanos, es peligrosa porque si no están en su lugar ciertos mecanismos para morigerarlos, ocurren locuras como la guerra a gran escala y el gasto millonario en defensa. Si miras este sector de la sociedad, hay mujeres, pero la gran mayoría son hombres. Lo mismo podríamos decir respecto a las religiones y el clero. La diferencia, la gran diferencia con situaciones anteriores, está ahora en nuestros números -7.300 millones de personas- y en la capacidad de destrucción de la tecnología.

En esa línea de reflexión, en el libro, tú citas a Bateson y a los efectos que producen los errores de interpretación en los seres humanos…

Él se refería a los errores epistemológicos y decía que en general no tienen efectos muy graves, porque las culturas o pueblos que incurren en ellos simplemente se auto-eliminan. La diferencia en la sociedad globalizada es que los errores de percepción pueden llevarnos a un colapso de la especie. Un ejemplo histórico típico de error epistemológico fue la creencia de que la tierra y los seres humanos eran el centro del universo, cuestión que a pesar de haberse derrumbado científicamente sigue cruzando nuestra subjetividad y que, si uno va al principio, es un error seguramente inducido por ansias imperialistas y/o de poder.

El ser humano tiene facultades que no tiene ninguna otra especie y eso lo hace distinto. Pero, en buena medida, seguimos siendo iguales. El punto es que la humanidad piensa mucho más en lo que lo diferencia que en aquello en que es igual, lo cual se agrava porque vivimos en ciudades donde la naturaleza se invisibiliza ¿Qué errores epistemológicos estarían vinculados a este presente marcado por la vida urbana?

Volvemos al tema del extravío, que lleva a una gran ignorancia. Hay asuntos muy graves en nuestra contingencia, como Hidroaysén, pero yo siento que lo  más importante para nosotros es un cambio de mentalidad radical, profundo. Necesitamos recuperar algo totalmente obvio y que es muy extraño que lo olvidemos, puesto que además lo confirman estudios de microbiología como los de Lynn Margulis: ascendemos de las bacterias. El planeta tiene 5 mil millones de años, la vida microscópica aparece hace 3.500 millones de años y durante los 2 mil millones de años siguientes lo único que hubo fueron bacterias. De hecho las bacterias empezaron a moldear este planeta para que salieran las protoctistas, las algas, los mohos y luego los primeros animales microscópicos. Microbiólogos como Margulis cambiaron la teoría de la evolución ¡y no lo sabemos! Sigue primando el neodarwinismo que es una deformación de los valiosos aportes de Darwin, quien sin embargo se equivocó en algunas cosas. Por ejemplo, no vio la co-evolución de las especies y la biosfera sino que estudió la evolución de las especies descontextualizadas.

Es el mismo error del método científico: aislar el objeto de estudio…

Y tiene mucho que ver con la creencia errónea de que el ser humano “trascendió” a la naturaleza, como si estuviera en un gran escenario desarrollando su tragicomedia megalómana.

Me recuerda a Morin y esta idea de que lo que “algo” es se explica fundamentalmente por lo que ese “algo” no es y está en torno a él.

Él tiene otra frase: “necesitamos verdades biodegradables, o sea mortales, o sea vivientes”. Necesitamos leyes, códigos de aguas, constituciones biodegradables.

Volvamos a los errores de Darwin…

Leyendo a Lynn Margulis, se llega a la conclusión de que las ideas de Darwin, transformadas por el neodarwinismo en conclusiones sociológicas espurias, están equivocadas y que el vector que permite la evolución está basado en la cooperación y la simbiosis. Esto debería ser ciencia transformativa, pero es curioso que esta nueva teoría sobre la evolución no la conoce nadie.

El segundo error grosso de Darwin: la selección natural de mutaciones al azar. Todos los fenómenos de mimesis y simbiosis no pueden ser explicados por esta teoría. Un ejemplo: una orquídea que es exactamente igual a la hembra de una cierta especie de avispa. Pero no solo eso. La orquídea, que pertenece al reino plantae y que, según la teoría de Darwin se encuentra en un compartimento estanco distinto, emite la feromona o algo muy similar a la hembra de esta especie. Más aún, los huevos machos maduran primero y por lo tanto hay enjambres de machos volando sin encontrar hembras, entonces hacen el amor con las orquídeas y las polinizan. Ésta es una simbiosis, y hay muchísimas más, en que de alguna manera el insecto se metió en la vida sexual de la flor. Llegar a esa asociación a través de la selección natural y de mutaciones al azar es prácticamente imposible. Leyendo a Lynn Margulis, se llega a la conclusión de que las ideas de Darwin, transformadas por el neodarwinismo en conclusiones sociológicas espurias, están equivocadas y que el vector que permite la evolución está basado en la cooperación y la simbiosis. Esto debería ser ciencia transformativa, pero es curioso que esta nueva teoría sobre la evolución no la conoce nadie. Aún más curioso si al abrir tus sentidos te das cuenta de que es muy evidente que la vida funciona así. Y sin embargo lo ignoramos.

La explicación es muy obvia: si trasladas esos hallazgos a la organización actual de la sociedad inmediatamente los transformas en ideas subversivas y revolucionarias…

Eso es. Es increíble que el sistema pueda bloquear hasta ese punto la información y mantener esta epistemología del poder.

 

Los asuntos “menores”

 

El Desconcierto, en el texto Los pasos del Gobierno para decir sí a Hidroaysén, ha planteado la hipótesis de que el Gobierno estaría generando las condiciones para viabilizar Hidroaysén ¿Cuál es tu punto de vista frente a esa interpretación?

Las señales son sutiles porque la señora Bachelet ha dicho muchas veces que no le gusta el proyecto y que no va a recibir el apoyo de su gobierno, y de eso se han colgado Máximo Pacheco y otros ministros. Ahora, hay una ambigüedad, porque la frase es casi siempre “el proyecto no es viable…en las actuales condiciones” y es ahí donde radica nuestra preocupación. A la luz de una suma de señales, pareciera que están buscando subterráneamente las condiciones para permitir el proyecto. Hay que considerar, además, que los derechos de agua están en manos de Hidroaysén, los caudales están ahí y probablemente van aumentar como consecuencia del derretimiento, lo cual nos hace proyectar que la empresa podría percibir 1.400 millones de dólares al año por la energía que produciría ese proyecto. Entonces no lo van a dejar ir así no más. Es una mina de oro para ellos.

Hay una idea fuerza que se instaló en la que coincide el gran empresariado y la Nueva Mayoría, según la cual el gobierno de Piñera fue inoperante en materia energética ¿Cuáles son a tu juicio las consecuencias de esa idea instalada?

Es curioso porque la señora Bachelet en su primer gobierno fue bastante asertiva en este tema: autorizó una cantidad de centrales termoeléctricas espeluznante –alrededor de 40- y dejó pasar el Estudio de Impacto Ambiental de Hidroaysén. Entonces es cierto que Piñera fue menos asertivo: canceló Barrancones y no quiso hacerse cargo de Hidroaysén. Entonces es muy extraña la idea de este gobierno de que hay que “recuperar el tiempo perdido”, porque la verdad, y esto puede parecer paradójico, es que el gobierno de Piñera fue más cuidadoso.

¿Tú dirías entonces que no es una idea correcta?

Sí, es un concepto errado ¿Qué quiere decir? ¿Que hay que impulsar nuevas termoeléctricas o viabilizar Hidroaysén? Más equivocado es el planteamiento cuando al conversar con los expertos te das cuenta que Chile no tiene problemas de capacidad instalada, puesto que es de 17 mil megas en contraste con la demanda instantánea de 8 mil megas. Ese colchón nos permitiría emprender una reforma radical de nuestra matriz energética y dar un golpe de timón hacia las energías renovables no convencionales. Hemos estado atrapados en una matriz oligopólica y con solo dos fuentes que son una vergüenza: grandes hidroeléctricas y grandes termoeléctricas. Cuando el ministro entrante dice “necesitamos recuperar el tiempo perdido” y no hace este matiz, da a entender que hay que retomar el camino de la mega hidro-termo-electricidad.

Pero, además, nadie se pregunta para qué la queremos…

La pesadilla, el gran tema de fondo que nadie trata, es la mega minería. Cuando el ex presidente Piñera lee su última cuenta pública y dice maravillado que hay 110 mil millones de dólares de inversión minera proyectadas para los próximos ocho años, nadie sopesa lo tremendo de la cifra, puesto que es más que lo que Chile ha invertido en los últimos veinte. Ésa es la única tensión energética de verdad que tiene este país. Acabo de recorrer en el verano todo el norte de Chile con mi familia en camioneta, con los ojos bien abiertos, y casi no hay un cerro de aquí hasta Arica, de este a oeste, que no esté escarbado por la minería, con todas las consecuencias adicionales: contaminación de las napas subterráneas, las tortas de estériles llenos de metales pesados, los relaves, los efectos sobre las comunidades. Las preguntas deberían partir por ahí.