Imagen: Nueva Minería

Ubicada en la Región del Biobío, comuna de Antuco y dentro del parque nacional homónimo, La Laguna El Laja representa el embalse natural más grande de Chile. Al menos, durante un tiempo lo fue. Este gigantesco reservorio de agua, llegó a acumular 5.582 millones de metros cúbicos y una profundidad de alrededor de 70 metros, mientras que durante el 2013 registró un volumen de 317 millones. Es decir, un 5,6% de su condición natural. Hoy en día el embalse posee un volumen de 385 millones de metros cúbicos y una profundidad que no alcanza los 7 metros. ¿Por qué?

Historia

El otrora lago más grande de nuestro país es hoy un embalse multipropósito (de generación eléctrica y riego) operado de manera artificial y administrado por ENDESA, destacando como un área con grandes obras antrópicas. La primera intervención humana a la laguna se dio con la construcción de la central hidroeléctrica Abanico, la cual entró en operación en 1948. Sin embargo, la central aprovecha únicamente las filtraciones del Laja, así como sus posible vertimientos. Ésta, constituyó la primera de muchas obras hidráulicas. En 1963 se construyó un túnel de vaciado del lago; en 1973 comenzó a funcionar la central hidroeléctrica El Toro; en 1977 se habilitó la Captación Alto Polcura, la cual lleva agua desde la cuenca del Río Polcura hasta El Laja; en 1981 entró en funcionamiento la Central Antuco; en 1998 comenzó a funcionar la Central Rucúe y finalmente, en 2007, se terminó de construir la Central Quilleco. Todo este sistema hidroeléctrico producen una potencia instalada conjunta sobre el Río Laja de 1.064 Megawatt. Tal como se lee, todas las obras enunciadas, salvo una, la Captación Alto Polcura, están destinadas a extraer el recurso del Lago Laja, generando un impacto sobre el nivel de agua acumulada año a año.

Sin embargo, es la central hidroeléctrica El Toro la que está en el centro de la lucha.

Durante el año 1958, con el fin de gestionar los recursos hídricos de la cuenca del Laja, se celebró un convenio entre la Dirección de Riego, hoy correspondiente a la Dirección de Obras Hidráulicas (DOH), y la Empresa Nacional de Electricidad (ENDESA), que por esos años pertenecía al Estado de Chile. En dicho acuerdo se decretó la construcción de un embalse sobre el Lago Laja, de manera de asegurar el riego para agricultura en las zonas bajas de la cuenca, y entregándole la responsabilidad de la administración del embalse a ENDESA.

El problema

El conflicto comenzó cuando ENDESA dejó de ser parte del patrimonio del Estado y fue adquirida por una empresa española, durante la dictadura militar en 1989. Debido a las características del convenio de 1958, la nueva empresa privada ENDESA, interpretó libremente las condiciones que aseguraban los recursos hídricos de la cuenca. En este sentido, y enmarcada en su propia definición, mantuvo los derechos que le fueron otorgados para la generación hidroeléctrica como prioritarios, ya que finalmente es la empresa la encargada de administrar el embalse El Laja. De este modo, debido a la cantidad de derechos que utiliza para genera electricidad, la operación de la central El Toro, ha generado una presión excesiva sobre los recursos hídricos presentes en El Laja, lo que ha disminuido el volumen del embalse de manera alarmante. Según las cifras disponibles sobre el sistema hídrico del Laja, la operación de la central El Toro ha evacuado desde sus inicios un caudal medio del lago de 34,8 metros por segundo (m/s), lo que sumado a las filtraciones analizadas para el mismo período dan cuenta de un total de descarga de 62,1 m/s. Contabilizando el aporte hídrico que realiza el Canal Alto Polcura al lago, desde la entrada en funcionamiento de la central y del canal conjuntamente, la Laguna El Laja ha sido sobreexplotada en más de 4,4 metros cúbicos por segundo. Esto ha ocasionado que se encuentre actualmente con el 6,9% de su capacidad.

En definitiva, no es que los agricultores no tengan agua permanentemente, sino que cuando el nivel disminuye mucho ENDESA no permite la extracción de recursos, aunque mantiene sus niveles de generación constantes.

Actualmente la central El Toro se encuentra pronta a dejar de funcionar, ya que el nivel del Laja es demasiado bajo. Por este motivo se “cerrará” momentáneamente la extracción de agua del embalse, para asegurar la recuperación de un volumen óptimo.

El Cambio Climático juega su papel

Además de la sobreexplotación del recurso, existe otro tema que vale la pena mencionar: el fantasma del Cambio Climático y la sequía. Debido a las variaciones que  está viviendo el régimen hídrico de nuestro país, el Lago El Laja ha dejado de recibir la cantidad de agua desde sus afluentes, sin embargo, los derechos otorgados a ENDESA y los que reclaman los regantes son los mismos. Este desajuste del sistema no permite que el recurso pueda ser administrado de manera sustentable.

El Laja posee un régimen pluvio-nival, es decir que es llenado debido al aporte del agua proveniente del agua lluvia y por los derretimientos de glaciares. Debido al Cambio Climático, la cantidad de precipitaciones en la zona ha disminuido considerablemente, según datos analizados desde principios del siglo pasado. Esto ha ocasionado también una menor acumulación de agua en los glaciares, y por ende el volumen de entrada al embalse ha ido disminuyendo año a año. Aun así, a pesar del cambio en la cantidad de agua disponible en la zona, el Río Laja es el único que no ha visto decaído su caudal, precisamente debido a que la generación hidroeléctrica de la central El Toro no ha cesado.

Por otra parte, debido al arrastre de sedimentos a causa de los afluentes del lago, estos se han ido acumulando en el fondo, lo que con el paso del tiempo significa una disminución en el volumen de agua “real” que tiene El Laja. De este modo, las cotas que se encuentran definidas actualmente, y que fueron calculadas en la época del convenio, no estarían ajustadas a la realidad. Por ende, a una determinada altura del agua, habría menos cantidad disponible del recurso. Por este motivo, la DOH se encuentra en proceso de realizar un estudio barimetría, con el fin de determinar el volumen real de agua disponible en el embalse.

Problema viejo

El problema de la oferta y la demanda por los recursos hídricos es un conflicto que lleva muchos años en nuestro país, casi desde el origen de la agricultura y del uso intensivo del agua. En Chile llevamos muchos años debatiendo sobre el tema y abordando diversas visiones que reclaman por un código de aguas absolutamente desajustado y mercantilista. En este sentido, nuestro país posee ya una larga y tristemente célebre historia de conflictos por el agua. Conocido es el caso del Río Copiapó en norte.

Actualmente el caso del Laja constituye una radiografía a la institucionalidad del agua y al uso intensivo de un recurso que es limitado, aunque aún parecemos no dimensionar su importancia y hacemos vista gorda a su conservación. Esto pues el conflicto del Laja tampoco se debe transformar en una bandera de lucha exclusiva de los agricultores, unos de los principales sectores que consumen el recurso. Al final, entender que la solución es bivalente no cambia nada, pues urge incluir en los sistemas hídricos la dimensión ambiental. ¿Cuánta agua existe? ¿Cuál es el volumen de los acuíferos? ¿Cómo se recargan las napas subterráneas? ¿Cuál es el caudal ecológico real de un río o de un lago? Muchas interrogantes y muchas instituciones encargadas de patear la pelota de un lado a otro. En chile, existen más de 40 instituciones que tienen que ver con el agua, sin embargo no existe ninguna que articule el recurso en todas sus dimensiones.

Una reflexión final. La palabra rival tiene su origen en el latín rivalis, que significa “el que vive al otro lado del río o persona que comparte un río”. Parece que la historia nos está tratando de decir algo.