Como país minero es importante que debatamos sobre nuestro modelo de desarrollo. Lo es porque la forma actual de producir, extractivista desde siempre, al reivindicar la lógica neoliberal, es decir un crecimiento de corto plazo y a favor de la patronal, está destruyendo parte de nuestro patrimonio natural, social y cultural.

image_content_high_31202114_20120925091631Como ejemplo está el proyecto Expansión Andina 244 que genera una alta conflictividad con la comunidad porque altera la calidad de vida de la población. Es decir, todos los conflictos ambientales existentes en Chile tienen relación con el modelo primario- exportador que defiende una élite que nunca dejó de ser propietaria de nuestros recursos. Para ampliar el debate habría que decir que el cobre tampoco es el sueldo de Chile. Nunca lo ha sido porque las transnacionales son dueñas del mismo y porque la ganancia relacionada con el metal rojo aporta como máximo un 10% al financiamiento del Estado. Es así porque uno de los privilegios obtenidos por la patronal vía golpe de Estado fue el no pagar impuestos. En ese contexto, hay una serie de triquiñuelas legales que le permite hasta eludirlos de forma que obtiene más utilidades por sus negocios mientras los trabajadores seguimos pagando tributo a la pobreza.

Por desgracia esas condiciones no posibilitan construir un país democrático e inclusivo en el sentido que reivindique una economía de la producción por sobre un régimen como el actual que se basa en la especulación y depredación del ecosistema. Seamos claros: el crecimiento de largo plazo solo se sostiene planteando un sistema productivo que busque la armonía con el medioambiente, a través de la justicia y la redistribución de la riqueza. Pero, redistribuir las riquezas, las declaraciones en favor de la igualdad a la que todos dicen adherir, solo es posible a partir de un cambio en la manera de distribuir y de circular la mercancía, lo que a su vez implica un cambio en el modo capitalista de producir los bienes. En otras palabras, mientras no luchemos por un cambio radical del modo capitalista de hacer las cosas seguiremos siendo una sociedad excluyente, injusta y compuesta por consumidores patológicos.

Nos caracteriza un neoliberalismo que por sobre las demandas de los trabajadores patrocina los intereses de los grupos económicos rentistas. Esa arquitectura atenta contra la economía real, esa que busca crear, incentivar y defender la industria propia, la nacional. Lo que tenemos que considerar es que sistema económico basado en la especulación no genera riqueza sino que se la apropia. Y la patronal se adueña de la misma porque tiene privilegios y exenciones impositivas especiales para ello.

Tampoco es viable que el financiamiento del sector público se componga principalmente de tributos indirectos como el IVA. Por ejemplo, en Chile el conjunto de esos impuestos representaron el 71,5% de la recaudación entre el periodo 2000-2008. Un estudio realizado por el director del SII (Jorrat, Cantallopts y Sherman: “Equidad Tributaria en Chile Un Nuevo Modelo para Evaluar Alternativas de Reforma”) nos dice que quienes se ubican en el 10% más pobre pagan un 34% de sus ingresos en IVA mientras que los más ricos cancelan apenas un 8,17%.

Siguiendo esa lógica, si los sectores con menores ingresos gastan todo su salario en consumo de servicios básicos como los alimentos, agua, transporte, etc., entonces es razonable pensar que al eliminar el IVA para los mismos, ese dinero serviría para adquirir un 20% más de bienes. Pero, la remoción del IVA no es posible para los dueños de Chile porque de acuerdo a ese estudio del total de recursos que percibe el sector público un 57.5% corresponde a lo recolectado por este impuesto. Podemos verlo en la siguiente tabla publicada por el SII:

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Fuente: http://www.sii.cl/pagina/valores/global/igc2014.htm

Por otro lado, nuestra legislación sobre los recursos naturales determinan que éstos puedan ser entregados gratuitamente a privados para su explotación, pudiendo quedarse no sólo con el aporte que hacen con su capital al valor del producto generado, sino también con el aporte que hace el mismo recurso natural. Por ejemplo, durante los años 2007- 08, los retornos sobre activos de la Escondida ascendieron a 98,5 y 84% respectivamente. O sea, el capital de la empresa, generó en dos años más de 1,5 veces su valor. Lo que explica este retorno es que obtienen, además del pago a su capital, el aporte al valor de la producción por ser el cobre un bien escaso.

Esta escasez es quien eleva los precios, aumentando el valor de la producción pero no por mejoras en la contribución que hace el capital o el trabajo, sino por la esencia misma de las materias primas. De ahí que este sistema productivo hecho en beneficio de los intereses dominantes es el responsable de que el porcentaje de la minería al Producto Interno Bruto sea prácticamente marginal, tal como se ve en la siguiente tabla:

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Fuente: http://www.sonami.cl/index.php?option=com_content&view=article&id=221&Itemid=109

Finalmente, es ese modelo de producir la base de nuestros problemas, entendiendo que el desarrollo solo es posible cuando de los beneficios del crecimiento gozamos todos, no solo una élite extractivista, rentista y especulativa que con su visión de país y formas de consumo además coloca en peligro la calidad de vida de los chilenos al restringirnos el acceso al agua, a la tierra, a las semillas, a los alimentos orgánicos, etc.

Si entendemos que la transformación solo será posible cuando alteremos la lógica capitalista de producir, de circular y de distribuir las mercancías, dejaremos de ser filántropos para convertimos en revolucionarios, en defensores de la vida y por lo tanto en humanistas en su más clara expresión.