Biodiversidad-de-ChilePor estos días, al igual que durante los cuatro años anteriores, Chile discute un proyecto de Ley que pretende crear el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas. Este Servicio permitiría completar el diseño inicial del Ministerio de Medio Ambiente creado en el 2010 un poco antes de que acabara el primer mandato de Bachellet. Este proyecto es uno de los 50 compromisos adquiridos por el segundo gobierno de la actual Presidenta y tiene como objetivo que el Estado disponga de un organismo dedicado exclusivamente a temas de protección y fomento de la diversidad natural de estas zonas.

Un grupo de organizaciones hemos generado un espacio de discusión y promoción de la conservación de biodiversidad, y por años hemos opinado respecto de intentos como este. Luego de una muy deficiente versión de dicho proyecto en el gobierno anterior, estamos de nuevo (y como siempre) dispuestos a aportar con nuestra experiencia, con nuestro compromiso, con nuestra convicción a la construcción de esta nueva Ley.

A diferencia de la Ley Tributaria, a esta ley de biodiversidad no la conoce casi nadie. Hecho lamentable, pues la conservación de la biodiversidad, es quizá la herramienta más certera para asegurar bienestar actual y futuro a la población chilena toda, desde las comunidades más aisladas, hasta el empresariado más pudiente. Es una llave que puede abrirnos la puerta a la sustentabilidad de nuestro país, pues dependemos directamente de la explotación de nuestros recursos naturales. La cara más visible y más demandante de natura o biodiversidad.

Mejillones  (1)Es una triste paradoja que esta desconocida ley abra un espacio casi infinito para que personeros públicos, de la más alta alcurnia o de la más baja burocracia, usen sus espacios de poder para reprimir el nacimiento de un embrión viable en este proceso. Enquistados en Ministerios “productivos”, cercenan y mutilan, deforman y retuercen, cualquier atisbo de razón y lógica que pueda dar forma a una Ley de Biodiversidad mínimamente decente. A espaldas del bien común, se niegan estos actores déspotas a hacerse cargo o hacerse a un lado, para diseñar una Ley que de cuenta del mandato nacional (y global) que permita resguardar y recuperar el patrimonio natural de todos los chilenos.

Hacen caso omiso de argumentos científicos mundialmente aceptados; de acuerdos globales en los que Chile ha comprometido su palabra como la Convención de Biodiversidad; de argumentos económicos como los indicados por la OCDE a los que Chile ha intentado responder creando por ejemplo el mismísimo Ministerio de Medio Ambiente; o incluso desconocen argumentos financieros emanados de agencias como el Banco Mundial. Niegan asimismo la evidencia que estalla a diario y que incendia movilizaciones de norte a sur de nuestro país, cuya base comburente siempre cruza la desprotección de la biodiversidad (o capital natural, o naturaleza, como se quiera llamar). Cómo no, si el bienestar actual y futuro de las sociedades humanas está indisolublemente ligado a su ambiente natural.

Especialmente incapaces de dar la talla que nuestro país requiere son aquellos que pretenden administrar en el futuro inmediato sus actuales ministerios “productivos”, sin incorporar todas las herramientas disponibles para mantener el capital natural del que dependen.

Hembra Huemul_Foto Alejandro Vila¿Cómo se espera fortalecer la producción agrícola (uno de los ejes de la recién estrenada agenda productividad) en un Chile donde el 60% de sus suelos están degradados y carecen de comunidades bacterianas y vegetales que puedan restablecer este capital perdido? ¿Cómo pretenden estos ministerios recuperar la pesca (otra de los ejes de la mencionada agenda) si no se gestiona la conservación de la veintena de especies sobre las que se sustenta la producción marina nacional? la gran mayoría degradada o sobreexplotada? Especies que a su vez requieren de sistemas marinos sanos y pujantes.

Cómo esperan estos Ministerios direccionar inversiones públicas efectivas si no se hacen cargo de eliminar subsidios perversos, que mantenidos por inercia, tontera o maldad derivan en problemas socio-ecológicos grotescos como los monocultivos de pino y ecualiptos que asfixian y deshidratan centenas de comunidades a lo largo del sur de Chile. Ni hablar de subsidios que día a día financian la llegada y establecimiento de plagas casi bíblicas como cabras o ciervos rojos! en zonas tanto de alto valor productivo como de conservación! ¿Cómo evitar colapsos socio-ambientales como el vivido por la salmonicultura (otro de los ejes de la agenda productiva!) hace poco más de un lustro, si se obvía la relación incuestionable entre protección de biodiversidad y producción de recursos naturales?

Chile, una economía que late hoy gracias al uso de Recursos Naturales, solo puede esperar a hacerse sustentable en la medida que todas y cada una de sus actividades productivas, puedan incorporar en su diseño y ejecución elementos esenciales que permitan conservar dichos recursos, o al menos los procesos naturales de los que ellos dependen.

Nacional Alberto de AgostiniTal es el mandato explícito de Convenciones globales de las que Chile forma parte. Tal reclamo es vociferado por decenas de comunidades que día a día sufren los efectos de manejo deficiente de los sistemas productivos. Tal decisión está fundamentada en los miles de miles de estudios científicos nacionales y globales. Tal reclamo proviene incluso de gremios productivos tan impactantes como la minería! pues conocen de sobra los riesgos que derivan de esquivar la mirada de la base natural que sostiene a las comunidades donde están insertos.

Tal como hoy existe un desprecio general por aquellas personas que pudiendo haber tomado decisiones acertadas, optaron por un silencio cómplice. Mañana recaerá sobre aquellos que hoy pudieron haber abierto los canales para avanzar hacia la sustentabilidad, pero que prefirieron mantener sus estrechas, y cada día más degradas, parcelas de tierra o mar, para ejercer un poder cada vez más alejado de la realidad, el desprecio total. Y lo que es peor, serán ellos mismos víctimas de sus decisiones.

¡Qué lástima que la ley de biodiversidad no sea la ley tributaria! Qué pérdida de oportunidad comprobar que lejos del espíritu del mandato de la Mandataria, el proyecto que hoy se gesta concienzudamente en Medio Ambiente, se estrella contra una muralla de mezquindad, ignorancia, desprecio por el bien común de otros ministerios tan poderosos como ciegos. Si hubiese un dios, podríamos rogar por una última alternativa: que alguien con cordura-y-poder político pudiese alinear a los díscolos y dotar a esta ley del espíritu que requiere para lograr su objetivo. Una alineación que ha sido mostrada en otros esfuerzos colectivos… que ni con mucho se acercan a la envergadura de mantener y recuperar la matriz natural que sostiene y da vida a toda nuestra población chilena. La de hoy, la de mañana, la de pasado mañana