En una decisión sin precedentes, Monsanto, la multinacional semillera más grande -y más resistida- del mundo, tomó la decisión de abandonar la construcción de una de las plantas más grandes de maíz transgénico que tendría en América Latina. Fue en la municipalidad de Malvinas Argentinas, perteneciente a la provincia de Córdoba. Desde septiembre de 2013 que la organización de los vecinos mantenía tomado el terreno impidiendo la construcción de la central.

Pese a que todavía no lo admiten públicamente, la salida de Malvinas ya es un hecho. El pasado 1 de agosto llegó al lugar una empresa a desarmar las instalaciones.

Además, una alta fuente de la multinacional confirmó al medio IProfesional la retirada, aludiendo a que el negocio habría dejado de ser rentable: “Por la baja de producción de maíz y protestas de los vecinos ya no resultaba rentable mantener al planta”.

La central no estaba exenta de polémicas. Hace un par de semanas fueron imputados 15 ex funcionarios, entre ellos el ex intendente de Malvinas Argentinas Daniel Arzani y el ex titutlar de la Secretaría de Ambiente Provincial Luis Bocco, por autorizar la construcción de la planta en un terreno no apto para el uso industrial.

La planta significaba una inversión de 1.500 millones de dólares por parte de Monsanto y fue anunciada con bombos y platillos en 2012 por la entonces presidenta argentina, Cristina Fernández.

Pero la oposición al proyecto se hizo sentir. Un informe del Conicet mostró que le 58% de la población de Malvinas consideraba que la instalación de la planta sería un riesgo para la comunidad y 9 de cada 10 encuestados estaba a favor de una consulta popular sobre la planta. En él, el 57% votaría que “NO”.

La integrante de la Asamblea Malvinas Lucha por la Vida Vanesa Sartori dijo al medio La Vaca que “Malvinas se ha convertido hoy en día en un ícono de resistencia. Es una demostración de que el pueblo puede organizarse y, por más que parezca que está todo listo, cerrado y sellado, se pueden revertir esas decisiones. Si la gente se organiza, puede. Hoy estamos todos muy contentos, pero en el fondo nos preguntamos si esto será cierto. Hay una cuestión de desconfianza, un recelo interno de que esto se nos vuelva a escapar. El dato es que la empresa tampoco está saliendo a desmentir la información que todos los medios, incluso los hegemónicos, están dando. Queremos ver cómo se desenvuelve el final”.

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