Las economías dependientes de un crecimiento constante normalmente lo hacen para ocultar una muy mala distribución de la riqueza; parece ser que si todos aumentan su ingreso, la distribución injusta se hace más tolerable. El crecimiento sería un sustituto de la verdadera equidad. En efecto, es posible soportar la pobreza extrema y la enorme desigualdad, solo frente a la promesa que el crecimiento traerá la solución. Pero tras muchos años de crecimiento económico sostenido se aprecia todo lo contrario; la desigualdad ha aumentado hasta grados inmorales que hoy ya no se pueden sostener.

El sistema económico actual para amortiguar un poco la evidente inequidad hizo la promesa del “chorreo”, que por ser falsa no se cumplió y la desigualdad aumentó. Que el crecimiento eliminará la pobreza y disminuirá la desigualdad, también es falso. Desde hace tiempo se aprecia todo lo contrario.

Mirado desde la economía convencional, el economista Thomas Piketty ha mostrado cómo el capitalismo reproduce y amplifica la desigualdad, tanto en ciclos de bonanza como de recesión, pues la economía del crecimiento favorece a los muy ricos, se logre o no el crecimiento. Ha entregado una explicación documentada e irrefutable señalando que el rendimiento del capital, históricamente y en general, ha sido muy superior a la tasa de crecimiento económico, logrando así concentrar más la riqueza y por consiguiente aumentar la desigualdad.

Siendo el argumento de Piketty sólido e informado, tiene el problema de estar restringido exclusivamente al ámbito habitual de la economía, que es financiero, por lo que tiene una falla de origen radicada en el hecho que el dinero, que fue creado para facilitar las transacciones, generó la perniciosa expectativa de que el dinero pueda producir más dinero por sí mismo, independientemente de la producción de los bienes físicos que sustentan la vida. Así, se produjeron aumentos de capital originados exclusivamente por la tenencia de dinero y no por el trabajo, constituyendo este hecho una importante fuente de desigualdad.

Pero aun cuando lo financiero no tuviera esa falla, el análisis de Piketty es el de un economista, por lo que carece de cualquier consideración del mundo físico material. Aquí agregamos la principal causa de la desigualdad que tiene que ver con la apropiación de la materia energía.

La primera causa fundamental de la desigualdad se relaciona con el crecimiento permanente que exige una extracción desenfrenada de recursos naturales que alimente el aumento continuo de la producción. Ahora bien, todos los libros de economía señalan que el capital se forma a partir del trabajo, puesto que la diferencia entre ingresos y egresos tanto para personas como para empresas, constituye el ahorro que se transforma en inversión o capital; y como los recursos naturales (tierra, minerales, agua, energía, etc.) no se generaron por el trabajo de nadie, son recursos que naturalmente pertenecen a toda la humanidad, porque además como muchos de ellos son agotables, pertenecen también a las futuras generaciones que nos sucederán en el planeta.

Pero estos recursos que en teoría constituyen un capital colectivo, en la práctica forman parte de los activos de algunas empresas privadas y de algunas personas. Esta apropiación de recursos por unos pocos es, desde el punto de vista de la materia energía, la causa más importante de la desigualdad.

La amenaza del modelo vigente es que cuando el crecimiento se detiene, muchos pierden su trabajo o disminuyen sus salarios, decae la recaudación tributaria, los gobiernos establecen planes de austeridad que solo empeoran la situación, y se deterioran fuertemente los servicios públicos y de seguridad social. Los controladores del modelo siguen atemorizando a la población, afirmando que solo una economía basada en el crecimiento constante, independientemente de la inequidad que ocasione y de la destructividad medioambiental que genere, puede garantizar empleos. Lo que no dicen, pero que resulta evidente, es que ellos con el poder económico que han llegado a ostentar gracias a la desigualdad, pueden manejar el nivel de empleo a su amaño.

La economía en el actual escenario siempre oscila entre períodos de bonanza y de recesión. Es tan normal que se denominan ciclos de la economía capitalista. Y parece que quienes controlan el sistema no están muy interesados en cambiar este modelo oscilatorio, pues cuando se emerge de una recesión ocurre que la mayoría de los millonarios han aumentado su riqueza gracias al aporte estatal a la estabilidad del sistema bancario, a costa del aumento de la pobreza de las grandes mayorías, con el consecuente aumento de la desigualdad.

Ha llegado la hora de aceptar que la sociedad del crecimiento ha alcanzado su límite físico; y que ahora es imperativo crear un concepto de suficiente, para terminar con la cultura que siempre demanda más y más mercancías; y para entender que el hecho de tener más mercancías no va a mejorar nuestra calidad de vida, sino todo lo contrario. Pues la calidad de vida está íntimamente ligada con la calidad del medioambiente, que hoy evidencia un acelerado deterioro provocado por el crecimiento demencial de la producción.

El concepto suficiente tendrá que relacionarse tanto con que nadie quede sin el mínimo necesario y digno, como con no sobrepasar la biocapacidad presente y futura de los ecosistemas. Una vez que se ha superado un cierto umbral de privación ya es lícito definir lo suficiente y acotar el crecimiento a las restricciones que impone la realidad medioambiental y los requerimientos de las generaciones futuras.

Inevitablemente estamos entrando a un escenario de post-crecimiento. La tarea ahora es entender que solo los países más pobres tienen que crecer; y al interior de cada país solo la población más desposeída debe crecer; los demás, países y personas, tienen que decrecer porque en el planeta ya se excedieron los límites de extracción de recursos y de acumulación de desechos y emisiones que ocasiona el sistema productivo. Ahora es imperativo ver cómo transitar desde una economía de no-crecimiento accidental o recesión a una de no-crecimiento deliberado, planificado y controlado. Este será el tema de próximas columnas.


Ingeniero Civil, Universidad de Chile, Miembro de la CCTP (Comisión Ciudadana Técnico Parlamentaria para la Política y Matriz Eléctrica).