Los vecinos de la zona de El Peñón de San Bernardo respiran desde esta semana un poco más tranquilos. La Corte de Apelaciones de San Miguel rechazó un recurso de protección de Walmart para levantar un nuevo centro de distribución en la zona. El proyecto de la multinacional, por ahora, no podrá retomar sus obras, que suponen una inversión de 180 millones de dólares, la más grande de la compañía fuera de Estados Unidos.

La firma –propietaria de cadenas de supermercados como Líder y Ekono, entre otros– inició los trabajos en enero de este año, tras la aprobación de un polémico y controvertido Estudio de Impacto Ambiental (EIA) a finales del año pasado.

Los vecinos de la comunidad de El Barrancón, Lo Herrera y Calera de Tango, directamente perjudicados por el proyecto, se organizaron y llevan casi tres años dando la pelea contra el gigante del retail. En este tiempo han hecho de todo: enmendar el proyecto a través del proceso de participación ciudadana, buscar el apoyo de las autoridades locales e incluso elevar la pelea hasta los tribunales.

Así, vecinos y autoridades locales han hecho un frente común para desafiar al gigante de Walmart. Las municipalidades de San Bernardo y Calera de Tango, junto con el diputado Leonardo Soto (PS), manifestaron explícitamente su rechazo a la megaconstrucción, y ahora están buscando la caducidad del permiso ambiental.

“La empresa empezó a construir los caminos justo después de la aprobación del proyecto, pero estos accesos estaban aprobados por el MOP y ahí no podíamos hacer nada”, explica a El Desconcierto Doris Popelka, miembro del Comité de Defensa San Bernardo Sur. Pero la empresa tenía prisa para levantar su nueva obra. Popelka señala que junto con los caminos, Walmart inició las obras a dentro del predio, algo que no estaba autorizado por el gobierno local. “Para evitar el bloqueo de la Municipalidad y seguir con su construcción, la compañía presentó un recurso de protección que ha sido rechazado por la Corte”, indica Popelka.

Según el municipio, encabezado por Nora Cuevas (UDI), la compañía presentó estudios e información muy alejados del contexto y realidad de la zona y con incompatibilidades en el uso de suelo. Entre otras cosas, consideraba el área de influencia de proyecto de alcance regional siendo que el impacto es interregional.

El pasado mes de enero, vecinos y municipalidades llevaron a cabo una acción legal conjunta para intentar paralizar el proyecto. Presentaron ante la Corte de Apelaciones de San Miguel otros cinco recursos de protección con el objetivo de detener la acción de Walmart. En este caso, pero, la justicia, falló a favor de la compañía porque consideró que, por la complejidad técnica de los conflictos presentados, no es de su competencia pronunciarse existiendo instituciones más apropiadas para ello como los tribunales ambientales.

El impacto de Walmart

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La compañía pretende instalar en el camino de El Barrancón un centro de bodegaje y distribución para abastecer los supermercados de la cadena. De llevarse a cabo el proyecto, la comunidad afectada, que eligió esta zona para vivir precisamente por su carácter rural, tendría que soportar un impacto extremadamente duro a nivel medioambiental, patrimonial y humano.

El colapso de las vías de circulación provocado por el tránsito de más de mil camiones diarios, la contaminación ambiental, el ruido, la inseguridad y la alteración de los ritmos y la calidad de vida de los vecinos y vecinas de la zona, son los efectos inmediatos que, al corto plazo, el terminal provocaría.

Pero sin duda el inconveniente más importante que implica el megaproyecto es la pérdida del 15 por ciento de los suelos agrícolas de mejor calidad para el cultivo agrícola, el de clase I, y para el refugio de la fauna y flora de la Región Metropolitana.

La comunidad de la zona no baja la guardia y espera a ver cuál será la próxima jugada de Walmart para contraatacar. Es la pelea de David contra Goliat. “Ahora los vecinos están muy contentos y sienten como si hubieran ganado pero creo que hay que seguir en alerta a todo lo que viene”, asegura Doris Popelka. “No estamos tranquilos”, cierra.