Un equipo de investigadores del Núcleo Milenio Trazadores de Metales de la Universidad de Chile halló -por primera vez- evidencias del origen del oro sudamericano en las profundidades de la tierra de la Patagonia.

El descubrimiento, que se anunció recientemente en la prestigiosa revista científica Nature Communications, evidencia cómo el juego de movimientos internos de la Tierra podría haber favorecido el ascenso y concentración del precioso metal.

El manto es la capa que separa al núcleo de la Tierra de la corteza, la superficie donde vivimos. Este límite ocurre a una profundidad que va desde los 17 kilómetros bajo los océanos y desde los 70 km bajo los continentes, lo que lo hace inalcanzable aún para el hombre.  Sin embargo, el manto sí puede llegar hasta nuestras manos gracias a erupciones volcánicas que arrastran pequeños fragmentos o “xenolitos” hasta la superficie.

El director del Núcleo Milenio y co-autor del estudio, el profesor Martin Reich, comentó que el estudio se centró en la zona del Macizo del Deseado en la Patagonia Argentina, una provincia con alta concentración de oro en la corteza. ¿Cómo llegó hasta allí ese metal dorado? La hipótesis del equipo de investigación es que el manto bajo esa provincia tiene una predisposición a generar yacimientos de oro en superficie debido a su historia de movimientos tectónicos.

La separación de Sudamérica y África en dos continentes  provocó una verdadera fábrica química que derritió y enriqueció de metales la zona. Más tarde, en un nuevo movimiento, dichos fluidos ricos en metales circularon a través de fracturas para concentrarse finalmente en la superficie terrestre.

El descubrimiento arrojó nuevas pistas sobre la formación de yacimientos minerales, los que, generalmente, se atribuyen a un origen en la misma corteza, sin considerar una raíz más profunda en el manto. Esta nueva evidencia científica podría aportar una exploración más sofisticada de yacimientos que considere también las profundidades del manto, más allá de las zonas más superficiales.