Se declara a favor del aborto en tres causales y muchas otras más, siempre que no supere el primer trimestre de gestación. Practica la interrupción voluntaria del embarazo y al mismo tiempo ayuda a las mujeres que tienen problemas de fertilidad a quedarse preñadas, algo que para varios de sus colegas en algún momento resultó contradictorio.

Pero precisamente garantizar los derechos sexuales y reproductivos y la autonomía de las mujeres es el motor profesional del doctor Gonzalo Rubio, quien participó en el primer aborto realizado en el país tras la aprobación de la ley de aborto en tres causales. “Que la mujer pueda acceder a la mejor tecnología para embarazarse tiene que ver -también- con la decisión de si se quiere embarazar o no y las condiciones en las que puede hacerlo”, responde el médico cuando le preguntan por su supuesta “contradicción profesional”.

El nombre de Rubio se hizo conocido hace algunos días tras la publicación de un reportaje de la Revista Sábado, donde relató en primera persona cómo vivió ese momento, para muchos y muchas, histórico en Chile.

Hijo de médico y enfermera, el doctor explica a El Desconcierto que las figuras femeninas de su familia lo motivaron a trabajar en un ámbito relacionado con “una perspectiva de derechos” y por eso eligió la gineco-obstetricia. Estudió en la Usach -donde actualmente trabaja como docente- y participa en el proyecto Red Musa, un conjunto de profesionales e instituciones internacionales que hacen vigilancia para el aborto seguro.

En el Hospital San José, donde trabaja, fue uno de los responsables de levantar la Unidad de Salud Sexual y Reproductiva, en la que en 2016, junto con otros tres hospitales de la Región Metropolitana (San Borja, La Florida y el Hospital Clínico Universidad de Chile), incorporó la aspiración manual endouterina (AMEU) para mujeres con abortos espontáneos. “Eso permitió que nos fuéramos desarrollando en este tema y luego cuando llegó la ley eso hizo que fuéramos los que estamos más capacitados para trabajar en esto”, afirma.

Para Rubio, implementar esta práctica era una cuestión de “necesidad asistencial” ya que con 1.200 egresos por aborto al año, el San José es la maternidad más grande de Chile y la que recibe el mayor número de mujeres en situación de aborto. “Pasamos de tener una mujer ingresada durante dos días en el hospital, a tenerla un promedio de cuatro horas porque se puede hacer con anestesia local y se disminuyen las complicaciones”, asegura.

El doctor se muestra crítico con la formación que reciben los profesionales de la salud del ámbito gineco-obstetra: “Nos forman para el ideal del embarazo planificado, para que todo salga bien y para tener un parto hermoso”. Sin embargo, confiesa que a medida que ha avanzado en su trayectoria profesional se dio cuenta de que esto no era así. Entre las experiencias que más lo marcaron, destaca el caso de una chica peruana, que estaba sola en Chile y en una situación migratoria irregular. Ingresó con un aborto de segundo trimestre y fue denunciada. “Lo que más le preocupaba a esa mujer era que tenía un hijo que la estaba esperando en la casa y no tenía con quien dejarlo”, recuerda aún sorprendido. Ahí evocó los aprendizajes del doctor chileno Aníbal Faúndes, uno de los principales promotores de la despenalización del aborto en el mundo. “Él mostraba que el criminalizar el aborto lo único que provoca es hacerlo más inseguro, pero no disminuye el número de abortos. Entonces, mejorar las condiciones para que las mujeres accedan al aborto es una forma para disminuirlo”, sentencia.

/ Agencia Uno

—En el tuit que publicaste ayer, decías que te consideras un militante de los derechos sexuales y reproductivos. ¿Qué significa eso para ti?

—Cuando me empecé a meter en la formación por los derechos sexuales y reproductivos, me di cuenta que esto más que una profesión o una especialización es una militancia porque requiere un compromiso de vida que va más allá de lo laboral. Para mí la militancia es tener un compromiso de vida por una causa que consideras justa, es como meterle compromiso político a mi trabajo.

—¿Eres partidario del aborto libre?

—Tengo un pequeño reparo. El aborto libre a secas no me acomoda tanto porque, desde el punto de vista médico, para mí no es inocua la edad gestacional. Ninguna mujer que tiene la intención de terminar un embarazo, no puede poner en riesgo su vida. Luego, durante el primer trimestre -entre las 12 y 14 semanas- creo que la mujer debe de poder interrumpir siempre el embarazo, pero después de esto, en mi opinión, tiene que estar relacionado a causales.

—¿Por qué?

—Por ejemplo, en la mayoría de los países donde se hace el aborto hasta el tercer trimestre, se hace un feticidio o se hace selección por sexo y, generalmente, los que salen más desmendrados son los fetos femeninos. Hay una tendencia a elegir los fetos masculinos. En China, por ejemplo, hasta que nace el feto y no se separa del cordón los chinos consideran que no es una persona. La política del aborto indiscriminado, por ejemplo, hasta el tercer trimestre, cuando ya puede estar separado de la madre, para mí más complejo. En la medida que avanza la gestación, creo que tiene que haber algunas limitaciones.

—¿Te consideras feminista?

—Creo que sí, pero que el cargarse con el mote feminista, siendo hombre es medio complejo. Coincido con el feminismo en la igualdad y todo lo demás, pero es como cuando llegaban los blancos a militar con Malcolm X, y Malcolm les decía que la subjetividad del hombre blanco es muy diferente. Yo me considero un hombre, blanco, heterosexual y con un montón de privilegios y tengo que estar a la altura de esto. Me considero feminista, pero no sé si todos me pueden llamar así. Prefiero llamarme un machista en rehabilitación.

—¿Crees que existe relación entre el feminismo y la postura de los profesionales de la salud ante el aborto, por ejemplo, con la objeción de consciencia? 

—Tiene que tener algún vínculo el feminismo con considerar que las mujeres tienen derecho a decidir sobre su cuerpo. Sin embargo, este tema trasciende a otra cosas: tienen que ver incluso con la salud. No tendría que haber ningún profesional que pusiera en duda que las mujeres tienen que poder acceder a la mejor opción para interrumpir el embarazo, sin poner en riesgo su vida por un aborto.

—Eres militante de Izquierda Autónoma. ¿Qué nivel de participación tienes en esta organización?  

—Soy militante de base, trabajo en el frente de Salud y soy consejero general en el Colegio de Médicos. He incluido los temas relacionados con los derechos sexuales y reproductivos en el frente de Salud.

—¿Qué expectativas tienes con el Frente Amplio para la nueva legislatura?

—Es complicado habiendo un gobierno de derecha. Es una fuerza aún muy incipiente, pero tengo esperanza en los nuevos políticos. La compañera de mi organización [la diputada Camila Rojas] es una mujer joven y de origen popular. Mi esperanza está allí. Me parece que este país es muy subnormal. Cuando discutía con mi viejo me decía que yo era muy puntudo. Yo le respondía que probablemente, para este país que es tan facho, yo soy un puntudo, pero no sé si soy muy diferente a un joven despolitizado alemán. Cuando viajaba fuera del país me daba pena que me dijeran “que poco respeto que tienen por sus mujeres en Chile”, siendo que de alguna manera tenemos un grado de desarrollo económico.

/ Agencia Uno

Desmedicalizar el aborto

—¿Qué opinas de la Normativa Técnica del Programa de Acompañamiento y Acción Integral para la interrupción del embarazo en las tres causales, en la que has colaborado?

—Participé en los puntos que abordan el trabajo con aspiración endouterina y aborto con medicamentos. Creo que está muy bien detallado, debe de ser uno de los documentos más prolijos que han salido del Ministerio porque se tenía la idea de no dejar ningún flanco débil. Lo que más me complicó es que demorara tanto para salir. Tal vez el único problema es la extensión, no sé si será tan accesible de leer para todos.

—Hay puntos del documento que evidencian un preocupado interés para tratar a la mujer desde el respeto a su decisión. Por ejemplo, la opción de no escuchar ni ver la ecografía, una cosa muy simple pero que en otros países con aborto sin causales -con limitación de gestación- no tienen.

—Sí. Esta es una de las cosas que fuimos trabajando. La ecografía es un instrumento de disuasión súper fuerte, de generación de culpa y de todo lo demás. Entonces, a veces, no es necesario. Hay muchas otras prácticas que están muy normalizadas y que también tenemos que cambiar. Por ejemplo, a mí me enseñaron que tenía que hacerle escuchar los latidos [del feto] a todas las mujeres. Y yo eso lo he cambiado y siempre le pregunto antes a la mujer. Independientemente del por qué venga a la consulta, sea o no por un aborto. Prefiero no asumir inmediatamente que es un embarazo planificado y que la mujer quiere escuchar. Creo que lo normal es preguntar, no obligarla a hacerlo. Lo otro son las ecografías transvaginales, yo tengo la impresión que en Chile está muy normalizado, pero en México por ejemplo la transvaginal se hacía únicamente si era estrictamente necesario.

—¿Ha habido algún punto polémico o que haya generado controversia a la hora de redactar el documento?

—Había dos cosas. Uno que al primer trimestre, el aborto se puede hacer con medicamentos y ser ambulatorio, sin necesidad de estar hospitalizada, acudiendo a la atención primaria. Las mujeres, a veces, prefieren esta vía porque pueden estar en su casa, no en los hospitales, que tienden a ser medio hostiles. Eso en Chile no quedó así y no fue posible porque los contextos de las tres causales son muy acotados y todo está centrado al nivel hospitalario. Sin embargo, la tendencia mundial es de desmedicalizar el aborto y hacerlo lo menos intervenido posible por los profesionales. Otra cosa que no estaba incluida en la ley son las técnicas de aborto de segundo trimestre. Una es el feticidio y la otra es la dilatación y evacuación, que es básicamente sacar el feto a pedazos. Yo nunca lo he hecho, y tengo mis reparo en eso. Pero se manifestó de que los médicos en Chile no serían capaces de hacerlo. Aunque se discutió que quizás algunos sí lo harían, en el documento quedó que el aborto en segundo trimestre será con medicamento sin ninguna de estas dos prácticas. Ambas se excluyeron porque se asumió que la idiosincracia de los médicos podría dificultar que se llevara a cabo.

—La semana pasada, la ministra subrogante de Salud, Gisela Alarcón, explicó a El Desconcierto que los objetores no estarán obligados a capacitarse, siendo, pero, que sí tendrán que recibir y atender a las mujeres que lleguen para practicarse el aborto y aplicar el protocolo que establece la normativa técnica. ¿Qué te parece?

—Hubo que lidiar con poner en marcha la ley rápidamente y ojalá capacitar técnicamente a los colegas que están en los 69 centros de derivación de todo el país. La capacitación mayoritariamente fue para los médicos y a nivel práctico: se enseñaron los protocolos de uso de medicamento y a hacer la aspiración manual endouterina. Previamente hubo capacitaciones al equipo biopsicosocial, también. Mayoritariamente hubo interés de capacitar a la gente que estaba más sensibilizada y más de acuerdo, para fortalecer a los equipos biopsicosociales de cada centro. Los objetores van a tender a sustraerse de esto, y creo que lo que se trató era de no pisar esos callos con la gente que no está tan sensibilizada.

—¿Cuál es la postura predominante entre los profesionales de la salud: objetores o patidarios del aborto?

—No lo tengo tan claro, creo que en mi hospital muchos colegas no me lo comentan porque yo tengo un trabajo muy activo en esto. A la gran mayoría le hacen mucho sentido las dos primeras causales, pero -extrañamente, según mi opinión- tienen mayores diferencias con la tercera, la de violación. Creo que es, sobre todo, debido a dos factores. El primero, porque cambia el paradigma e instala que hay que creerle a la mujer. No sé si has visto la serie Dr. House, en la que él siempre dice “todos los pacientes mienten”. Pues en ginecología se ocupa que todas las mujeres mienten. Entonces, el paradigma cambia en asumir que tienes que creer a todo evento. Ese cambio paradigmático es el que hace dudar a la gente porque piensan que las mujeres van a mentir y van a decir que fueron violadas para acceder al aborto.

—¿Y lo segundo?

—En esta causal, la medicina no tiene mucho que hacer, el médico se resta de eso. Mientras que en la primera causal son dos facultativos que dan su opinión y en la segunda hay un feto con graves malformaciones, en la tercera los médicos no tenemos nada que decir. Y eso es un cambio cultural muy fuerte porque llevamos 10.000 años decidiendo nosotros por las mujeres. Y, de un momento a otro, que te digan “oye, va a llegar una mujer y te va a decir ella”, es complicado. Puedo entender a mis colegas, no soy un tipo que considere que son imbéciles o unos débiles mentales, pero me parece que hay un tema cultural muy tremendo. Yo no estoy de acuerdo en obligar a nadie a hacer una práctica que él considera que transgrede sus principios. Por eso lo respeto profundamente siempre que eso no se transforme en una “obstrucción de conciencia”. Porque si tu obstruyes el acceso a un aborto seguro a las mujeres, lo que haces es aumentar sus riesgos, no disminuir el número de abortos.