A medida que pasan los días, el Hotel Serena Dreams -ubicado en el largo camino de tierra que es la calle Antonio Aguilar, a escasos metros de la Avenida del Mar- recibe cada vez más gente.

Los éxitos que ha ido cosechando el equipo dirigido por José Letelier en la Copa América que se disputa en la IV Región no sólo han traído réditos deportivos -Chile está instalado en la fase final y disputa palmo a palmo un cupo por el Mundial de Francia 2019-, sino también un interés inusitado por el fútbol femenino.

Cuando a mediados de la semana pasada El Desconcierto visitó el complejo donde se hospeda la Roja antes del duelo con Uruguay, era escasos los hinchas que visitaban a las jugadoras, las cuales jugaban ping pong y escuchaban reggaetón a vista y paciencia de cualquier transeúnte que pasara por el lugar.

Ahora, sin embargo, la historia es distinta.

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Un día antes del trascendental encuentro con Perú, que definió el paso de Chile a la ronda de los cuatro mejores, Nayadeth Piñones Guerrero (28) llegó hasta el complejo que hace las veces de centro de operaciones de la selección. Vino sola en bus desde Montegrande, una localidad de Paihuano en pleno Valle del Elqui, con el único fin de apoyar a sus ídolas.

Ahí, en la reja del hotel, se encontró con un puñado de hinchas que compartían con parte del plantel. Nayadeth se acercó y, entre selfies y autógrafos, empezó a conversar con Cristina Sotomayor y Sergio Lavín, una pareja de pololos que también desbordaba pasión por la Roja femenina.

En el lugar, además, estaban la “Conde”, la “Galleta”, la “Cinthia” y el “Chuncho”. Se dieron cuenta que todos tenían en común lo mismo y se les ocurrió una idea.

—Creamos un grupo de WhatsApp ahí mismo y al tiro empezamos a organizarnos. Contra Perú no hicimos nada, pero al día siguiente de ese partido nos juntamos —relata Piñones.

Ese día, el viernes 13 de abril, nació oficialmente la barra de la selección chilena de fútbol femenino.

La Roja Guerrera alentando sin parar en el duelo contra el Scratch / ANFP

La bandera y el bautizo

La primera tarea que se autoimpusieron como barra fue crear una bandera gigante para desplegar en cada partido. Un poco antes de eso, habían bautizado a la organización: “La Roja Guerera”.

El nombre nace también ese día, luego que la arquera y capitana Christiane Endler subiera una foto a sus redes sociales celebrando el 5-0 a Perú con la frase “somos guerreras”. Cristina Sotomayor, quien asumió el cargo de jefa de barra, se inspiró en esa frase para bautizar a la barra.

Para financiar la bandera, se les ocurrió ir durante la jornada al Estadio La Portada mientras se entregaban las entradas gratuitas para el debut de Chile en el cuadrangular final contra Brasil. Allí hicieron una colecta entre los mismos hinchas, se reunió una buena cantidad de plata y con eso mandaron a hacer la bandera, la cual terminaron de hacer el mismo lunes del partido.

—La noche del domingo las chiquillas se amanecieron pintándola. Para que la pintura agarrara el género, le tuvieron que echar doble mano y luego esperar a que se secara. De verdad se sacrificaron para que pudiera estar en el estadio —relata Nayadeth, fundadora y militante comprometida de “La Roja Guerera”.

Nayadeth junto a su jugadora favorita de la Roja: la lateral Su Helen Galaz

—¿Entre cuántas personas hicieron la bandera?
—Los que pusieron manos a la obra fueron cinco, pero yo y los otras compañeras que somos de afuera nos mantuvimos en contacto por WhatsApp y con aporte vía transferencia gestionamos los gastos.

—¿Cuánto plata les costó en total?
—Gastamos alrededor de $100 mil entre género, pintura y pagarle a la persona que la modificó.

—¿Cuántas personas forman parte de la barra?
—En este momento somos 22 personas, varias de ellas se han ido uniendo estos últimos días. Pero como todo grupo, esperamos que haya compromiso y seriedad con el tema, así que al mismo tiempo que va entrando más gente, vamos a ir descartando a los que no se comprometan.

Una emoción indescriptible

La bandera y la barra debutaron oficialmente el lunes 16, la jornada en que Chile cayó 1-3 contra Brasil. Aunque nadie hizo ninguna referencia explícita a ellas, la transmisión televisiva de CHV y las agencias fotográficas capturaron en imágenes la bandera gigante con la leyenda “Barra oficial: La Roja Guerrera”.

Nayadeth Piñones estuvo en ese partido. Sufrió en el primer tiempo con los tres goles de las brasileras en el primer tiempo, vibró con el golazo con el que descontó “la Paloma” López y en ningún momento dejó de apoyar al equipo, el cual mantiene intactas sus chances de clasificarse al Mundial.

Nacida y criada en Antogasta, está radicada en la IV Región hace apenas cuatro meses. Juega a la pelota desde chica y es fanática del fútbol de toda la vida. Ha viajado a todos los partidos del torneo a apoyar a “las chiquillas” -como ella las llama-, incluso con su hijo. Aunque ha tenido que gastar plata en pasajes, está comprometida a morir con el elenco donde brillan figuras como María José Rojas, Yanara Aedo, Karen Araya, Francisca Lara y Carla Guerrero.

—En poco tiempo te metiste en cuerpo y alma a la barra.
—Sí, po’. Yo en lo personal le tengo harta fe. Queremos llegar a hartos medios para que se pueda promocionar y que las chiquillas también puedan reconocernos oficialmente como su barra.

—¿Se proyectan en el tiempo más allá de la Copa América?
—Sí. Así como la Marea Roja sigue a la selección de hombres a todos los partidos, nuestra idea es seguir a la Roja femenina a los Panamericanos de Lima y ojalá a los Juegos Olímpicos de Tokio y al Mundial de Francia. La idea es llegar muy lejos con el tema de la barra.

—¿Han tenido contacto con las jugadoras?
—Después del partido con Brasil fuimos de nuevo al hotel. Ellas tocaron la bandera y nos dieron su bendición como la barra oficial. Incluso la Cote Rojas se sacó una foto con la bandera.

Cote Rojas en las afueras del Hotel Serena Dreams bautizando a La Roja Guerrera

—¿Qué sensación te produce ver jugar a la selección?
—La emoción es indescriptible. Una no puede explicar lo que siente en ese momento, pero es una sensación de euforia y pasión, dan hasta ganas de llorar cuando hacen un gol. Desde el principio de los tiempos este mundo ha sido machista, y que se nos esté dando la oportunidad ahora enorgullece. Ver jugar a mujeres es emocionante.

—La barra también es dirigida por mujeres, ¿no?
—Sí, pero también tenemos hombres, hasta ahora hay cuatro. Pero la lideramos mujeres. Yo soy integrante de la barra desde que partió, soy de las primeras cuatro.

—¿Qué te ha parecido el desempeño de la selección?
—Maravilloso. Yo nunca había visto a mujeres jugar tan bien como juega la selección. Juegan espectacular, es igual a ver un partido de la selección de hombres.

—¿Qué jugadora es tu favorita?
—Su Helen Galaz, la número 15. Me gusta cómo defiende el arco, su garra, su pasión y que no pierde jamás la pelota de vista. Me parece maravilloso que por fin la estén considerando como titular.