En la plaza de Quintero hay dos toldos con mesas, sillones y estantes donde se guardan frutas, verduras, bidones con agua y utensilios de cocina. Alrededor de los toldos hay tres carpas. Hay gente conversando y discutiendo, sirviendo café y cocinando. Esto es el Cabildo Abierto Quintero-Puchuncaví, donde el pueblo de Quintero se organiza para protestar contra la contaminación que sufre la comuna. Aquí todos hacen de todo: barren, hacen las camas, cocinan y lavan la loza. Pregunto quién puede informarme sobre lo que ocurre y me dicen que hable con la tía Luz María. Ella es la mujer que inició la toma de la plaza y el Cabildo Abierto, y según la opinión de todos, sin ella el Cabildo no podría seguir sus actividades.

La tía Luz viste una polera negra que dice “no más contaminación” y tiene la voz gastada de tanto gritar en los cacerolazos y en los pasacalles que se realizan hace un mes en las calles de Quintero.

Tía Luz: “La contaminación ha alterado toda nuestra vida”

La noche del 23 de agosto, Luz María González, asistente en educación, decidió junto a 13 personas más tomarse la “Plaza del Deporte” de Quintero y levantar allí el “Cabildo Abierto Quintero Puchuncaví” para organizar a la comunidad, generar estrategias, medidas de presión y exigir condiciones dignas de vida en una comuna azotada por la emisión de gases tóxicos de las empresas aledañas.

– La toma empezó el día 22, cuando fue la primera nube tóxica, y cayeron muchos niños intoxicados. Había muchos niños saliendo en camilla de los colegios, algunos estaban en el suelo desmayados… era impresionante. Yo gracias a Dios no he tenido síntomas, pero mi familia ha sufrido mucho.  A mi hija tuvimos que entrarla en andas al hospital porque se le durmieron las piernas, tenía dolor de cabeza, de pecho y no podía respirar… y mi marido está en diálisis, y yo creo que la causa de su enfermedad es la contaminación, porque él fue toda la vida muy sano. Trabajó directamente con Oxiquim y hace un año se enfermó. Necesitamos hacernos exámenes toxicológicos para saber si tenemos metales pesados en el cuerpo. Si es así, demandaremos a las empresas.

– El jueves 23 los estudiantes de los liceos se tomaron la carretera y yo fui con ellos. Nos tomamos la carretera e hice un poco de vocera y traté de calmarlos, porque teníamos que cortar la carretera, pero también había que dejar pasar a las ambulancias y a las autoridades. A la noche cada uno se fue para su casa, pero unas trece personas decidimos tomarnos la plaza. La noche del 23 la pasamos en la cuneta. Gritamos toda la noche, con banderas. Al otro día algunas personas comenzaron a traer carpas y nos tomamos la plaza. Yo duermo acá en la toma, en la noche ponemos colchones y cerramos con nylon. No podemos trabajar porque no hay turismo, no hay nada. Si no fuera por esta  toma, en mi casa no podríamos comer. Nos cortaron el agua y la luz. Ahora después de esto no sé qué va a suceder, de qué vamos a vivir porque mi marido no puede trabajar más, y tiene 58 años; él se dializa día por medio. La contaminación acá ha alterado toda nuestra vida, nuestro ritmo cotidiano de vida.

– Yo me pregunto por qué nos castigan así, por qué estamos sin clases, por qué se castiga a nuestros niños, si ellos no tienen culpa de nada. Muchos niños están con trauma y no quieren volver al colegio. Deberían castigar a las empresas porque son ellas las que están haciendo daño. Aquí deberíamos estar en alerta roja, deberían declarar a Quintero zona de catástrofe. Pero el gobierno solo nos da palabras y promesas. Las empresas debieran regirse por las normas de la Organización Mundial de la Salud. Esto es inmoral, tenemos el derecho de vivir en paz, de vivir bien, de respirar aire sin contaminación.

Millaray: “Tengo miedo de tener síntomas permanentes”

En la toma de la plaza, que ahora rebautizaron como “Plaza de la Dignidad”, se quedan también Yenifer Esquivel y su hija Millaray, de 13 años. Millaray ha caído 4 veces al hospital por intoxicación, y el día después de realizarse esta entrevista cayó nuevamente y quedó hospitalizada. La tía Luz la llama y les dice que me cuenten cómo han vivido esta catástrofe en Quintero. Estudia en el Colegio Inglés de Quintero y nos relata con voz firme su historia.

-Hace 6 meses empecé con dolores de cabeza. Después con mareos, vómitos y no sentía mis extremidades desde la cintura hacia abajo, y desde la cintura hacia arriba a mí me tocaban y yo lloraba, porque me dolía mucho. Me duele la cabeza todos los días y no puedo dormir por los dolores ni hacer ejercicio. Mi hermano también está afectado. Cuando lo llevamos la primera vez al hospital dijeron que tenía sarna; la segunda vez que lo llevamos dijeron que tenía urticaria; la última vez que lo llevamos dijeron que tenía alergia. Está enronchado entero. Fuimos una semana a Limache y se mejoró su cara, y llegamos a Quintero y le volvieron de nuevo las ronchas en las manos, en las piernas y en el torso. Es molesto porque no dan solución a esto, solo dan plata para que te calles, y tengo miedo de que me pase algo peor. Hay mujeres embarazadas que tuvieron abortos y hay niños que tienen síntomas permanentes, y eso es lo que me da miedo, tener síntomas permanentes.

Su madre, Yenifer Esquivel, nos cuenta cómo vivió los primeros síntomas de su hija, y por qué decidió participar junto a ella, su esposo y su hijo en el Cabildo Abierto Quintero Puchuncaví. Todos los días bajan desde sus casas a la toma del Cabildo para discutir estrategias de presión y para ayudar en la organización colectiva.

Yenifer: “Luchamos por el derecho básico de respirar aire libre de contaminación”

“Al principio pensamos que mi hija tenía algo neurológico. La llevamos al hospital de Quintero y le daban paracetamol. Fuimos al Hospital del Niño, al Gustavo Fricke, al Van Buren y el de Loncura. Le hicieron exámenes a la sangre, electrocardiogramas, escáner… y todo normal, pero no nos daban respuesta, y nunca pensamos que sus problemas eran por el aire. Ahora conversando con los médicos que han venido me han dicho que ella tiene todos los síntomas de intoxicación. La última vez que cayó fue el día domingo 16 de septiembre, con adormecimiento de piernas, y le dieron el alta igual, y según el diagnóstico que le dieron no se sabe qué es. Es preocupante, porque los doctores no te mandan a hacer exámenes, no te mandan a hacer nada y le dan el alta.

Esto ha pasado por muchos años, desde hace más de 50 años. Casos de intoxicación ha habido siempre, pero la gente se calla con plata, pero nosotros estamos haciendo la diferencia, porque queremos soluciones concretas. Hay mucha gente que nos apoya en el cabildo pero no vienen, por el miedo al qué dirán. Ayudan y traen cooperación. También han venido periodistas a entrevistarnos pero de ningún medio conocido. Hay mucha gente que nos critica por luchar, dicen “¿por qué quieren que paren las empresas si Codelco nos da pega?”, pero eso es mentira. La mayoría de los trabajadores del cordón industrial de acá es gente de afuera.

Nuestro plan es seguir resistiendo aquí, hasta que se dé solución. Si tenemos que ir de marcha en marcha y de protesta en protesta, iremos, y dejaremos la embarrada si es necesario, porque luchamos por el derecho básico a respirar aire libre de contaminación. Estamos en la lucha para que nos hagan el examen de metales pesados a todas y todos aquí, para saber cuántos metales pesados tenemos en el cuerpo. Gracias a la toma de la plaza, al Cabildo Abierto Quintero Puchuncaví, se empezó a visibilizar todo esto. Gracias al cabildo comenzamos a organizarnos. Hicimos un catastro para saber cuántos niños afectados hay, y son más de 700 niños y niñas, diagnosticados. Y el hospital está cambiando los diagnósticos, porque mi hija ha ido 4 veces al hospital con los mismos síntomas, y sólo una vez le diagnosticaron intoxicación.

Yo no lucho por mí, lucho por mis hijos y mis nietos…. Somos una comunidad entera sacrificada por los intereses de las industrias”.

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En el Cabildo también han llegado personas de Santiago a ayudar. Algo que nunca falta es el humor, porque según la tía Luz “no nos quitarán la alegría”. Cuando terminábamos de conversar con Yenifer se levantó la alerta amarilla en Quintero, lo que significa que no hay peligro de intoxicación y que los colegios pueden retomar sus actividades con normalidad. Inmediatamente se llamó a un Cabildo extraordinario para discutir las nuevas estrategias a seguir, porque el Colegio Médico recomendó declarar alerta roja en la zona y aún no se ha hecho nada.

El viernes 21 de agosto, cuando ya habían levantado la alerta amarilla, en la toma se desmayó una joven y tuvieron que llevársela al hospital. Al rato cayó intoxicada Millaray. Inmediatamente la gente del Cabildo fue a protestar fuera del hospital. Durante los últimos días han caído 176 personas con síntomas de intoxicación y el Hospital de Quintero tuvo que cerrar para poder atenderlos, porque no da abasto. El Cabildo Abierto Quintero Puchuncaví exige en su petitorio las siguientes medidas:

  1. Decretar emergencia sanitaria inmediata
  2. Igualar la normativa medioambiental nacional con los estándares internacional de la Organización Mundial de la Salud (OMS)
  3. Paralización inmediata del parque industrial hasta tener certezas sobre la culpabilidad de las empresas en las intoxicaciones
  4. Elaboración de la Ley Especial para Quintero – Puchuncaví, con participación de la comunidad y reconociendo las demandas trabajadas desde hace 3 años.
  5. Modificar la complejidad del hospital de baja a mediana, para que cuente con especialistas, mayor implementación y un programa de Bioestadística y toxicología clínica
  6. Crear zona energética que reduzca costo en gas, electricidad, bencina, diesel y parafina
  7. Detener las 574 hectáreas destinadas a la industrialización de la zona, modificando mediante el PREMVAL el uso del suelo, para transformarlas en bosque nativo y áreas verdes recreacionales.
  8. Cierre inmediato de las 2 termoeléctricas a carbón y de la fundición de cobre por estar obsoletas.

El Gobierno decretó alerta sanitaria en la zona, lo que permite al Seremi de Salud detener o reducir las actividades de las empresas aledañas. El pueblo de Quintero sigue resistiendo mientras día a día niñas y niños sufren síntomas de intoxicación, llegando a cerca de 1000 los casos de intoxicados desde que apareció la nube tóxica el 22 de agosto pasado.