Opinión

Despidos masivos en Chile: ¿Pueden las cooperativas ser una opción en tiempos de crisis empresarial?

Por: Pedro Hepp Castillo / Publicado: 26.06.2018
Empresa Maersk en San Antonio dejó a 1.200 personas sin trabajo
En Argentina, ante la crisis de 2001, los trabajadores decidieron tomar las empresas en sus manos, transformándolas en cooperativas que devolvieron el trabajo a miles de personas, distribuyendo además, pasado un tiempo, la rentabilidad generada.

Las noticias del cierre de empresas que dejaron a varios cientos de personas sin empleo en menos de una semana, abrió un amplio debate sobre el poder sindical, la competitividad ante una política de mercado abierta, la responsabilidad del Estado como ente pagador y varios derivados de éstos. Sin embargo, solo se ha analizado el tema desde la perspectiva donde los dueños han decidido, con justa razón, la estrategia más conveniente para sus intereses. Este es, precisamente, un punto clave: La toma de decisiones en tiempo de crisis.

La crisis del 2008 azotó fuertemente a muchos países, cerrando muchas empresas que a la vez dejaron a muchas personas sin trabajo. En esta crisis, las cooperativas europeas, especialmente las de España y Francia, demostraron ser más resilientes y resistieron mejor los embates económicos. Una de las hipótesis que se barajan tras este fenómeno es que al asumir en conjunto (todos los trabajadores) la responsabilidad de la administración, se pueden ajustar costos sin necesidad de llegar a un quiebre organizacional, como el que se produjo en la sucursal de la empresa MAERSK en Chile donde, en un contexto altamente competitivo, la organización no supo encontrar acuerdos para hacerle frente a la crisis y finalmente los dueños decidieron finalizar su negocio en el país dejando a más de 1.200 personas sin trabajo.

Entonces, ¿pueden las cooperativas ser una opción ante posibles crisis?

Las empresas cooperativas, a diferencia de empresas tradicionales (como las sociedades por acciones o SPA), tienen un modelo de toma de decisiones basado en las personas y no en el capital. Esto quiere decir que no importa quién tenga el mayor porcentaje de la empresa/cooperativa, sino que cada persona equivale a un voto. Así, su órgano con mayor poder es la “asamblea general de socios” que está por sobre el consejo de administración (similar a un directorio) que a su vez está por sobre el gerente general. ¿Por qué es importante esto? Porque las decisiones las toman todos los cooperados/dueños (que podrían ser todos los trabajadores) de manera democrática y no solo los que tengan mayor porcentaje de la empresa.

Otra diferencia importante es la distribución del capital y de su rentabilidad: en las cooperativas, según la Ley General de Cooperativas, ningún socio puede ser dueño de más del 20% de ésta, lo que implica que exista una mayor distribución de las ganancias, a diferencia de las empresas tradicionales donde puede existir un solo dueño que acumule toda su rentabilidad.

Ante estos claros beneficios sociales, las cooperativas han alcanzado una gran presencia a nivel mundial: En Uruguay son responsables de cerca del 90% del mercado de la leche; en Estados Unidos las cooperativas eléctricas rurales atienden a más de 42 millones de usuarios residentes en 47 Estados, lo que representa el 42% de las líneas eléctricas del país; las cooperativas de ahorro y crédito de Paraguay poseen activos por más de 2.100 millones de dólares, lo que representa casi un 17% del total del sistema financiero nacional; y así un sin número de ejemplos.

Si bien en Chile existen grandes cooperativas como Colún, Capel, Coopeuch, y otras, no es un modelo muy conocido. ¿Por qué? Históricamente no han sido muy populares en distintos sectores del espectro político: por ejemplo, en la época de Allende, eran consideradas como empresas capitalistas encubiertas, mientras que en la dictadura, fueron perseguidas por ser asociadas a movimientos populares. Durante los años de la vuelta a la democracia, las cooperativas no fueron prioridad hasta el primer mandato de la presidenta Bachelet donde junto a Mario Radrigán, se buscó dar un nuevo impulso a este sector.

Otro caso muy interesante, no libre de controversias, es el de las “empresas recuperadas argentinas”. En la crisis del 2001, muchos dueños de empresas tradicionales decidieron cerrar sus negocios, llegando a una tasa cercana al 24% de desocupación en el país. Ante este escenario, los trabajadores decidieron tomar las empresas en sus manos, transformándolas en cooperativas que devolvieron el trabajo a miles de personas, distribuyendo además, pasado un tiempo, la rentabilidad generada. Esto podría producirse en escenarios como el reciente cierre de la empresa Suazo, que dejaría a cerca de 200 personas sin trabajo.

Y no solo ante las crisis son las cooperativas una solución: en el sector bancario, las cooperativas de ahorro y crédito atienden, con créditos competitivos, a segmentos que no son de interés de los grandes bancos debido a los riesgos que se les asocian, donde además en los últimos años la banca del retail ha incursionado con altas tasas de interés.

Una última solución interesante de presentar respecto a las cooperativas, es el poder de mercado que pueden generar para pequeños productores ante una economía extremadamente abierta. Como se mencionó en una columna anterior, Chile es uno de los países con más TLC en el mundo, dando ventajas importantes a grandes productores/comercializadores, pero dejando sin muchas posibilidades a los pequeños. Las cooperativas permiten hacerle frente a este escenario económico, donde hoy vemos el surgimiento de cooperativas apícolas, de berries, nueces y otras para poder generar volúmenes de exportación y poder competir de igual a igual con grandes empresas.

Las cooperativas nos abren un sinfín de posibilidades ante un mundo que cambia rápidamente, sobre todo en un país donde su economía está muy concentrada en capital y altamente abierta al mundo. Es así como estamos ante un escenario donde la participación de las personas se ha transformado en un elemento esencial para la toma de decisiones ¿Estaremos a la altura del desafío?

¡Sin duda!

Pedro Hepp Castillo
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