Al despertar este domingo me encontré con una recomendación para leer la columna de Daniel Matamala en La Tercera sobre la acusación de Léo Pinheiro a Michelle Bachelet, a quien encuentro cierta razón en algunos puntos, pero otros creo que necesitan algunas aclaraciones.

Voy a prescindir de la alegoría de las máscaras carnavalescas, usada por el autor en su artículo, porque mi idea no es cuestionarlo ni burlarme de la legítima opinión de quien sea, sino que aportar hechos al debate, para que estemos mejor informados sobre algunas cosas que pasan en Brasil que son más complejas que de lo que pueden parecer a simple vista.

Lo primero fue usar las diferencias públicas entre Jair Bolsonaro y Folha de São Paulo (medio que filtró la noticia) para dar a entender que eso comprueba la veracidad de la declaración de Pinheiro. Es cierto que Folha es uno de los medios elegidos por el mandatario brasileño como su enemigo, desde que un reportaje de ese medio denunció que su campaña electoral fue apoyada en una poderosa red de fake news financiada por grandes empresarios – información que, además, tuvo poquísima repercusión en Chile, pero las razones de esa omisión y quienes lo hicieron son tema para otro debate. Pero ¿significa eso que Folha siempre ha sido un enemigo de Bolsonaro, y sobre todo de Lava Jato?

La verdad es que el disgusto de Bolsonaro con Folha no existía hasta ese reportaje, e incluso después, tampoco ha pasado a otros temas que no sean las denuncias que el diario le hace a temas puntuales. Tanto es así que el diario ha apoyado en editoriales casi todas las políticas económicas del gobierno actual, incluyendo una reforma previsional que emula el modelo chileno, incluso en elementos que son cuestionados por una gran parte de la ciudadanía en este país – no voy a recordar cifras para ser más específico, porque también es tema para otro debate.

Además de no ser una opositora ideológica de Bolsonaro, Folha tampoco ha sido una opositora de Lava Jato, y de hecho, nunca la había cuestionado hasta empezar a publicar las revelaciones de la serie “Vaza Jato” junto a The Intercept. Tras empezar a publicar notas de las filtraciones junto con el medio estadounidense, el diario brasileño publicó un editorial en que hace un mea culpa por su conocido apoyo a la operación contra la corrupción, en el que afirma que no se ha vuelto antilavajatista, sino que trata de revelar lo que considera sus errores, para que la llamada “lucha contra la corrupción” tampoco sea excusa para manipulaciones como las que se ven en el material que ha publicado.

De hecho, si uno lee bien la nota original de Folha en que revela las declaraciones de Pinheiro, verá que hay una periodista de The Intercept que participa de ella, y Matamala recuerda eso, lo que no está mal. Sin embargo, omite que la misma nota recuerda todo el historial de manipulaciones de esa declaración de Léo Pinheiro, organizada por los fiscales de Lava Jato, que han sido noticia en las colaboraciones entre Folha de São Paulo y The Intercept desde junio, y que muestran como Pinheiro no solo ha cambiado sus versiones dos veces, sino que ha sido forzado a hacerlo.

Es cierto que el cambio de versiones tiene que ver más con el caso de Lula da Silva y que no hay evidencia en las filtraciones ya publicadas por The Intercept (que todavía no ha revelado todo su material) sobre algo que tenga que ver con Bachelet, pero vuelvo al contenido de la nota original de Folha y al tono que trató de imprimir a su relato, justamente porque este medio también tuvo el cuidado de contextualizar los descubrimientos de este nuevo pedazo de la declaración de Pinheiro, que pese a que no se hizo ahora, sí fue parte de un testimonio que ha cambiado por presión de fiscales que rechazaron darle beneficios carcelarios a sus versiones anteriores.

El otro problema que veo en el artículo de Matamala es ese intento de poner un rótulo descalificador a cualquier cuestionamiento que se haga incluso a la veracidad de lo dicho por Pinheiro. Creo que eso aporta muy poco al debate, porque en muchos casos son cuestionamientos legítimos. Si uno acompaña la serie de filtraciones de The Intercept se dará cuenta que el timing político y la preocupación con los efectos de las filtraciones de testimonios en la opinión pública está claramente presente en casi todas las conversaciones reveladas del fiscal jefe de Lava Jato, Deltan Dallagnol, especialmente en contra de Lula da Silva. Como dije arriba, no hay una evidencia clara de que se trató de afectar a Bachelet, pero el modus operandi de Lava Jato sí permite la duda.

Pero esa duda no necesita existir, y Matamala tampoco necesita creerme a mí, que soy un pobre periodista que vive de arriendo en Valparaíso y escribe en El Desconcierto y en medios independientes de Brasil, por lo que es muy fácil responderme imponiéndome una máscara y tratando de descalificarme (por ideológico, comunista o lo que sea). Aunque no me refiero así a mi colega de CNN (y me atrevo a llamarle colega, pese a que suena un disparate para muchos que lo ven con nuestra inmensa diferencia social de por medio) con ánimo de atacarlo. Todo lo contrario, le tengo el suficiente respeto como para creer que él es mucho mejor que eso, y por eso le hago algunas recomendaciones de corazón abierto, sin ironías, y porque él realmente puede creer a gente mejor que yo.

Por ejemplo, Matamala podría invitar a Chile o visitar en Río de Janeiro al periodista estadounidense Glenn Greenwald, director de The Intercept y ganador del Pulitzer de 2014 con las revelaciones de Edward Snowden (que su medio hizo en colaboración con diferentes medios, como The Guardian y The Washington Post) y entrevistarle sobre las informaciones que él posee sobre cómo funcionaba Lava Jato y si es una operación anticorrupción exenta de sesgo político ideológico, y a lo mejor él me contradice, y por supuesto que su opinión será más valiosa que la mía.

Si acepta mis sugerencias, le agrego otras dos: podría entrevistar a los abogados defensores de Lula da Silva por un lado, y también a los fiscales de Lava Jato (en ese caso, lograría una hazaña, porque incluso los grandes medios brasileños han tenido pocas entrevistas con ellos desde que empezaron las revelaciones de The Intercept), para no quedar solo con la versión de Greenwald y hacer un retrato lo más amplio posible de ese tema.

En fin, espero haber colaborado al debate y ojalá acepte mis propuestas. De hecho, son entrevistas que a mí me gustarían realizar, si tuviera las condiciones económicas para hacerlo, pero igual me interesa no por ganancia personal (ni en términos de plata ni de prestigio) sino que por el principio de que, como periodista, me gustaría que el público chileno pudiera ver lo que Greenwald tiene que decir, y también los otros lados involucrados en ese contexto. Y estoy seguro que la búsqueda de esas versiones traería más luces también sobre las cuestiones que involucran a Chile en Lava Jato.