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Manuel Antonio Garretón: «El relato pierde consistencia si la gente no ve medidas»

Por: Rubén Escobar Salinas | Publicado: 18.06.2022
Manuel Antonio Garretón: «El relato pierde consistencia si la gente no ve medidas» Manuel Antonio Garretón | Agencia Uno (archivo)
En conversación con El Desconcierto, el destacado sociólogo desmenuza el momento social que permite la llegada de Boric a La Moneda y sus primeros 100 días de Gobierno. Además, analiza el rol de la derecha, los “amarillos” y el mundo del “statu quo”, el que para el académico “no va a aceptar, si llegara a ganar el Rechazo, ningún cambio a la situación actual”.

Para Manuel Antonio Garretón, sociólogo y Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales, el gobierno del Presidente Gabriel Boric cerró una primera etapa en la pasada Cuenta Pública. La siguiente terminará el 4 de septiembre con el plebiscito histórico. Entre medio, deberán gobernar con la campaña del Rechazo y el Apruebo como música de fondo.

El académico del Laboratorio de Análisis de Coyuntura Social de la Universidad de Chile cree que se cometieron errores estos primeros 100 días de gobierno, pero que lo importante es ser “capaz de reconocerlos, aceptarlos y rectificarlos”.

Garretón asegura que el gobierno va a tener que “convivir” con el choque entre las expectativas de transformaciones profundas y un escenario donde el problema de seguridad se ha tomado la agenda y la inflación eleva el costo de la vida.

El académico explica que hay una íntima relación entre los procesos paralelos que está llevando la Convención Constitucional y el proyecto del gobierno. Carriles que permitirían el comienzo para recomponer la “brecha” entre política y sociedad.

Al frente, tendrían el mundo del “statu quo”, algo así como los “ganadores de siempre”, que buscan mantener el modelo. Mientras la derecha no está conforme con el resultado del borrador del texto y piden cambios más moderados, para Garretón es “obvio que estamos en un proceso refundacional”.

-Pero, ¿había un ánimo refundacional? Es algo que la derecha ha criticado bastante, afirman que la gente quería cambios pero no una refundación del país.

Aquí no hay que usar los conceptos para caricaturizar. Hay intelectuales que han hablado de «delirios refundacionales». Bueno, ¿y el delirio anti identitario que tienen las voces del orden de hoy? A mi juicio, el tema refundacional se plantea de la siguiente manera, si uno piensa en reconocimiento de los pueblos originarios -ni siquiera hablo de lo plurinacional- durante 200 años, no ha habido. Díganme si reconocerlo no es refundacional. Si uno piensa en un Estado social democrático de derechos, versus el Estado subsidiario, es un cambio radical. Un Estado ecológico que se hace cargo de la crisis climática, hay que refundar un orden para resolver los problemas que ese cambio le trae. En ese sentido es obvio que estamos en un proceso refundacional, más que en un gobierno refundacional. Es un proceso gradual y que tiene una particularidad, es un proceso refundacional democrático. Eso cambia todo. Las refundaciones que no son democráticas son las revoluciones, o las hechas desde arriba. Por ejemplo, la dictadura militar fue refundacional enteramente, inventó un nuevo país que no tenía nada que ver con el país anterior. ¿Se puede pedir que la superación del orden creado por la dictadura no se refunde en términos democráticos? Es tan elemental como eso.

-¿Cómo caracteriza el escenario social en Chile a la llegada de Gabriel Boric a La Moneda?

Partiría por una metáfora, más que metáfora es un principio analítico: el plebiscito de 1988, 55.9% y 44.1%, la elección de Boric 55.9% y 44.1%. No se le ha sacado todo el partido a lo que eso significa, quiere decir que el gran clivaje de la sociedad chilena, que a mi juicio se instala con el bombardeo a La Moneda, pero que se expresa en el plebiscito del ’88, sigue existiendo hasta hoy, sólo que la naturaleza ha cambiado. Ya no es dictadura versus democracia, sino que es la expresión de la dictadura, la expresión política, que es lo más cercano que hay a Pinochet en la derecha chilena, y lo que más expresa lo que es la lucha contra la dictadura. El núcleo duro de la lucha contra la dictadura, por supuesto hubo muchos otros, fue la izquierda, y eso lo expresa Boric: el primer gobierno de izquierda desde que se abrió el gran clivaje de la sociedad chilena desde Allende. Se han ido acumulando a lo largo de los 30 años, se fueron generando otros clivajes, se fueron autonomizando y expresando por sí mismo en sus dinámicas, con autores distintos y nuevos que rompían  el encapsulamiento de la representación política. Clivaje que tiene que ver con las deudas históricas.

-¿Cuáles de ellos encontramos en el estallido social?

Hay un clivaje fundamental que se expresa en el estallido, hay muchos, pero si quiere usar uno, diría el de la palabra dignidad, es decir, aquel que de alguna manera dice rechazo a los abusos. De alguna manera, en la segunda vuelta, esos múltiples clivajes de la sociedad chilena, que están muy presentes en el estallido, se expresan en el marco institucional en la elección presidencial. Es muy importante, porque le da una enorme legitimidad institucional, pero también de expresión de la gran mayoría de la población. Aunque una vez pasado el momento, vuelven a tener sus propias dinámicas. Estamos en un momento en el cual lo que ocurrió en la elección de Boric y lo que se expresa el 11 de marzo es precisamente esa gran voluntad mayoritaria de transformaciones de término de una cierta época y el probable inicio de otra, pero donde todos los otros clivajes y todas las otras expresiones políticas se subsumieron en la elección. Pero no hay que confundir, no toda la gente que votó por Boric esa vez volvería a votar necesariamente en las próximas elecciones por el candidato oficialista.

-¿Cuál ha sido su impresión sobre los primeros 100 días de gobierno?

El momento de la inauguración y el discurso de la Cuenta Pública son hitos fundamentales. Entre medio de eso está el proceso de instalación de un gobierno con gente muy joven, con una generación que no tenía experiencia de gobierno. Una coalición nueva, formada por un partido clásico, pero por otro sector muy reciente ingresado a la expresión partidaria, que era el Frente Amplio, que además para ser mayoría entra otra coalición al gobierno que sí aporta la experiencia que no tenían las nuevas generaciones. Hay una enorme sabiduría en ese punto. Todo esto, con una situación de inflación muy grande, con un momento en que todavía los temas de la pandemia están presentes y con los problemas que existían desde antes de la seguridad pública y los problemas específicos de La Araucanía, hace enormemente difícil la instalación de un gobierno. Sin duda se cometen errores.

-¿Como qué errores?

Se ha dicho mucho de los errores del comienzo, la visita a La Araucanía de la ministra del Interior (Izkia Siches) y se pueden señalar muchos de este tipo de errores. Era imposible que no se cometieran errores, dadas las circunstancias, pero lo importante es si se es capaz de reconocerlos, aceptarlos y rectificarlos. Por ejemplo, uno puede decir que fue un error -no estoy diciendo que sea mi posición necesariamente- no haber mantenido el Estado de Excepción. No se continúa con el Estado de Excepción inmediatamente, sin embargo, pasado un tiempo, se entiende. Tengo la impresión de que es un gobierno que ha hecho enormes procesos de aprendizajes. Es una generación que llega al gobierno producto de movilizaciones, que tiene una tendencia natural a una crítica muy radical de toda la institucionalidad. Ha tenido la capacidad enorme de empezar a hacer cosas que quizás no hubiera querido hacer, sin perder el rumbo. Esa etapa de aprendizaje nunca termina, pero cede paso a una siguiente que es la que se inaugura con el discurso del 1 de junio.

-¿Considera que ese es el hito que pone fin a la instalación del gobierno?

Hay ciertos aspectos de la instalación que continúan, lo importante es que sigan habiendo aprendizajes, porque se van a seguir cometiendo errores. Pero ahí hay una etapa y yo creo que estamos en presencia de otra etapa que va a culminar con el plebiscito del 4 de septiembre. Entre medio va a estar la campaña por el plebiscito. Ahí se va a poder plantear sin falsificaciones la realidad del dilema. Va a haber un solo texto y no se van a estar juzgando las actitudes de lo que tal dijo, de lo que el otro no dijo. Usted quiere o no una Constitución que consagre un Estado social democrático de Derecho, con los principios ecológicos, de democracia paritaria, reconocimiento de Estado Plurinacional, con un sistema político distinto, etc. ¿Quiere eso o quiere mantener lo que hay?

-¿Cómo se manejan las expectativas respecto a deudas históricas versus lo que el gobierno puede lograr en estos cuatro años?

Hay un componente que tiene que ver con el horizonte y con la credibilidad que hay sobre el mismo, eso es lo que se llama el relato. Pero ese relato pierde toda consistencia si es que la gente no ve medidas. En el salario mínimo hay una medida concreta, pero como medida sola no satisface si no va acompañada de la idea de que esto va a ir con otras transformaciones. El discurso del 1 de junio fue capaz de conciliar un relato y un horizonte de salida de la crisis de un proyecto de sociedad, con un conjunto de medidas que tocan prácticamente todos los puntos en que hay problemas. En otra época se resolvía el problema de las expectativas sobre la base de los partidos. Hoy es mucho más complejo, sobre todo en un escenario en seguridad, la violencia en las ciudades, la presencia del narcotráfico, etc. Por otro lado está la inflación, la gente siente que no se están cumpliendo las expectativas. Va a tener que convivir con eso, lo importante es que mantenga firmeza en las medidas que resuelvan los problemas que afligen hoy día a la gente y al mismo tiempo en el horizonte de mediano y largo plazo. Eso significa un permanente despliegue de las autoridades de gobierno, de manera que la gente los sienta cerca. Eso a su vez plantea problemas enormes para gobernar.

-¿Qué expectativas tiene respecto al resultado del plebiscito de septiembre?

Creo que es muy posible que gane el Apruebo. Yo espero que no gane el Rechazo, ya que se va a agudizar la crisis de la sociedad chilena. Aquí estamos en presencia de una situación que se ha logrado encauzar, pero que no se han eliminado sus causas, es una situación latente extremadamente compleja que puede volver a estallar y que afortunadamente existe un proceso constituyente y un gobierno que va en sintonía con eso. Eso es lo que a mi juicio está conteniendo esa explosión latente. Esto no es hacer campaña del terror, es simplemente ser un buen analista y un buen analista se da cuenta que si las esperanzas tenidas por la mayoría movilizada del país no se concretan vamos a tener nuevos procesos de descomposición, nuevos estallidos, eso es inevitable. Las soluciones que se están planteando, en el fondo para lograr la derrota del proceso convencional a través del Rechazo son posiciones que van a llevar al país a nuevas crisis. Es una trampa decir que si la nueva Constitución obtiene una mayoría solo arriba del 50% sería ilegítima y habría fracasado. Eso parece un chantaje. Es imposible en una sociedad como esta, tan profundamente dividida, tener unanimidades o mayorías a nivel nacional de dos tercios.

Foto: M. A. Garretón / CSD Colo Colo.

El mundo del “statu quo” y los ganadores de siempre

-¿El destino de la Convención Constitucional y el del gobierno están necesariamente unidos? ¿Está ligado al éxito o fracaso del Apruebo?

El triunfo del Apruebo es muy importante para la realización de las transformaciones estructurales que el gobierno debe implementar. Es muy importante para ratificar a la ciudadanía que aquellos principios, valores, cuestiones por las cuales se luchó en el último tiempo y con las cuales se deja atrás el orden del pasado, se van a realizar. Ahora, si eso no ocurre, la labor del gobierno se dificulta, pero no significa para nada que el gobierno vaya a fracasar. Sí, se hace mucho más complicado.

-¿Tendría que replantear su programa?

No creo, tendría que ver cómo realizar el programa en esas condiciones.

-Pero habría un escenario político distinto…

El escenario político institucional va a ser el mismo, lo que va a haber es que van a haber principios y normas que se alejan más a lo que el proyecto del gobierno quiera realizar. Va a ser más difícil la tarea, pero el gobierno no puede abandonar su proyecto. Tendrá que ver cómo lo implementa. El triunfo del Rechazo sería una derrota histórica para el país, sería muy grave, y la responsabilidad de quienes hoy día están organizando esa derrota va a ser enorme, es más, es la de los ganadores de siempre. Los grandes poderes que habrían logrado, esperamos que no, hegemonizar a los amarillos, los sectores de centro, etc. Hoy día esos sectores están cooptados por los grandes intereses y los grandes poderes que han existido en este país que sienten amenazada su situación si triunfa la idea de una nueva constitución.

-Ese es el sector que en un artículo llama el mundo del statu quo. Hay intelectuales que comenzaron una campaña mediática a favor del Rechazo. Cristián Warnken, sin ir más lejos, ha sido el rostro. ¿Qué opina de ese fenómeno?

No quiero entrar en lo personal, pero es evidente que son intelectuales ligados a El Mercurio. El Mercurio ha tenido siempre esa capacidad en Chile de hegemonizar a un mundo intelectual y cultural. Creo que tiene una enorme capacidad para haber hecho que distintos sectores -no solo intelectuales, también políticos, etc.- vayan poco a poco amparándose en la idea de que es posible una salida distinta al Apruebo y al Rechazo, para una tercera vía. En el fondo lo que hace es fortalecer la vía del no a una nueva Constitución y más bien volver a la situación actual. No hay alternativa de cambio para esos sectores. Ellos lo que quisieran es mantener las cosas tal como están.

-¿Qué opina de que dentro de estos sectores que proponen una tercera vía encontramos también a miembros de la exConcertación, como la DC?

Hay un punto importante: a la DC como partido le cuesta mucho estar en situaciones en que no es hegemónica. Mientras fue hegemónica en la Concertación no hubo problemas, cuando perdió esa hegemonía le generó enormes problemas a la Concertación o a la Nueva Mayoría. Cuando perdió las elecciones en 1970 pasó a la oposición. La derecha le entregó un cierto liderazgo y terminó apoyando el lado del golpe militar, no enteramente, algunos sí, pero aprobando, no rechazando. Hay un problema con ese partido respecto a su capacidad de aceptar estar en coaliciones donde no es mayoría. Ahora está dividido, perdió mucha capacidad electoral como para ser el liderazgo de la oposición, habiéndose declarado partido de oposición. Al menos un sector de ellos, va a terminar apoyando a la derecha. Cuando la DC fue hegemónica pudo hacer la reforma agraria, contra los sectores de derecha, a los cuales terminó después apoyando en la oposición a Allende.

-En el mundo del statu quo, ¿están también los empresarios?

También los empresarios, sin duda, pero estamos hablando del mundo del 44%. Hay una expresión partidaria que es clara, está el mundo social, de clases altas, pero sobre todo que está expresado en el mundo empresarial, el mundo de los grandes empresarios. Eso es lo que llamamos la derecha, eso es el núcleo fuerte en la cual tiene componentes intelectuales o de medios de comunicación, como es El Mercurio, ese es el núcleo duro que está liderando la campaña por el Rechazo. Es el mismo que dice que «hay alternativas», ofrecen ellos la tercera alternativa. Ese mundo es el que se expresó en la candidatura de (José Antonio) Kast y el que no va a aceptar, si llegara a ganar el Rechazo, ningún cambio a la situación actual.

-¿No le cree a los partidos de derecha cuando dicen “rechazar para reformar”?

No. Es imposible creerles. ¿Por qué van a reformar, si nunca estuvieron por reformar?

-¿Cuál cree que será el rol de los empresarios durante la campaña?

No hay que prejuzgar. Me imagino que van a llamar a votar por el Rechazo. Espero que no hagan una campaña del terror. Van a usar todos los recursos en una campaña por el Rechazo, que puede estar suavizada diciendo que es para realizar reformas después, pero yo creo que no está en el interés de ellos hacer ninguna reforma. Estoy convencido, sin embargo, que si gana el Apruebo, van a someterse a las reglas del juego que la Constitución haya aprobado. Sin duda van a defender sus intereses, pero no van a hacer juegos extrainstitucionales.

-¿Qué opina de la figuración mediática que tienen representantes de empresarios en los medios? Como Bernardo Larraín Matte cuando estaba en la Sofofa, Juan Sutil o, desde el mundo financiero, el convencional Bernardo Fontaine

Que hayan participado en el proceso constituyente, independientemente de lo que uno piense sobre sus posiciones, me parece extremadamente positivo que hayan participado. El tema es si van a ser capaces de aceptar lo que la Constitución diga y no simplemente invalidarla en el caso que pierdan. Ese es el problema. Que estén utilizando los medios de comunicación es una política bien interesante. Estos dirigentes tienen mucha presencia en medios y tienen una expresión dialogante. En la medida en que eso se mantenga en ese campo, no hay problema, en la medida que empiecen a hacer campaña del terror, yo creo que van a enfrentar ellos un problema muy grande y van a hacerle un daño enorme al país.

Recomponer la brecha entre política y sociedad

-En un artículo reciente mencionó que en Chile hay una brecha entre política y sociedad. ¿Cómo es esa brecha? ¿Qué rol puede tener el gobierno al respecto? 

En Chile las instituciones políticas de representación, fundamentalmente los partidos, expresaron y representaron a la sociedad. Nadie puede decir que los partidos eran solo cáscaras, desde los ‘30 para adelante. Los partidos eran expresión de las distintas clases sociales. Los partidos de derecha representaban a sectores dominantes, de hecho es el caso donde los partidos eran menos fuertes, porque tenían sociedad civil. La derecha tenía empresas, diarios, universidades, colegios. En cambio, el mundo de clases medias y de sectores populares tenían expresión básicamente partidarias, que era el Partido Radical en algún momento, la DC en otro, el PC, el PS y otros partidos menores, en el caso de la izquierda. Esos partidos realmente representaban a la sociedad, no había manipulación de uno por otro ni de las clases hacia los partidos, había una relación que yo he llamado de “imbricación”. Esta relación se mantuvo incluso durante la dictadura pese a la represión. En el plebiscito son los partidos políticos los que llaman a la gente, que no tenían confianza. Ellos confían en los partidos políticos por el No. Eso se rompió.

-¿Cómo se dio esa separación?

Los partidos políticos que representaban fundamentalmente a los sectores populares y de clase media se centraron en la administración de gobierno. Se produjo una creciente elitización de la política producto, entre otras cosas, de la naturaleza de la institucionalidad heredada de la dictadura, lo que se llamó los “consensos”, los “acuerdos”, etc. Era así porque no había posibilidad de expresión de la mayoría. Después, los problemas de corrupción fueron desprestigiando a la clase política. Todo eso distanció al mundo político institucional del mundo de los sectores y actores sociales. Eso tuvo ya una expresión en el 2011, con la movilización de los estudiantes, pero donde había organizaciones estudiantiles. Cuando Piñera intenta retrotraer el proyecto refundacional de Bachelet, que sí lo hubo en varios aspectos, se produce esta explosión o estallido de los múltiples clivajes y ya no hay interlocutor político. De ahí para adelante el problema es cómo se construye un orden social que supere el orden social económico heredado de la dictadura, corregido por los gobiernos de la Concertación, pero no superado.

-¿Cómo se inserta la Convención Constitucional en este proceso?

El proceso constitucional, lo que hace es fundamentalmente crear un espacio para definir un nuevo orden social y económico de acuerdo a las demandas de la sociedad; y generar nuevas relaciones entre política y sociedad. Claramente hay una nueva relación cuando se eligen convencionales que tienen poco que ver con la tradición anterior. Ya se está en un proceso complejo de recreación de esas relaciones. Lo más probable es que en el futuro una vez terminado el proceso constituyente se va a recomponer el espectro político, o más importante que eso incluso, la relación con la sociedad, donde yo creo que los partidos no van a volver a ser lo mismo. Ni van a ser el único vehículo de relación con la política.

-¿Cómo Boric puede estrechar la brecha? ¿Puede hacerlo?

En otros países estas rupturas que se producen entre el mundo social y la política, los tienden a resolver o golpes autoritarios o líderes carismáticos personalizados. Lo importante en el caso de Boric es que él tiene un componente del mejor aspecto de la política clásica, él forma parte de una generación que genera una nueva forma de relación política. Que no tienen experiencia de gobierno y tienen entonces que relacionarse con otros actores políticos para construir mayoría, pero donde el componente partidario colectivo, con todos los problemas que tenga, es una expresión que impide la personalización del liderazgo. Están todas las posibilidades dadas para que se generen nuevas relaciones entre lo político y lo social, que no signifique pasar ni por el total caos, es decir, de estallidos en estallidos, ni por liderazgos personalizados carismáticos que no resuelven la relación entre la sociedad y la política.

 

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