Gran repudio y manifestaciones de rechazo son las que se han generado luego de que se conociera el caso de un joven que cazó un pudú que llegó hasta su hogar, en la comuna de Paillaco (región de Los Ríos), lo cocinó asado junto a sus amigos e incluso exhibió al animal muerto a través de su cuenta de Instagram.

Debido a lo anterior, el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) inició un operativo junto a la Policía de Investigaciones (PDI) para recolectar más antecedentes sobre el caso, debido a que la caza y/o captura de esta especie es un delito, de acuerdo a la Ley 19.473, ya que se trata de una especie protegida que se encuentra en peligro de extinción.

El pudú es el más pequeño de los ciervos de América, con un tamaño de 40 cms de altura y 90 de largo, y un peso de cerca de 10 kilos. Su color varía de café rojizo a grisáceo amarillento, habita solo en Chile y Argentina, y de las dos especies que existen, sólo una de ellas está presente en el país, principalmente entre las regiones VIII y X, incluyendo la Isla Grande de Chiloé.

Este animal se caracteriza por ser muy tímido, forma grupos pequeños de no más de tres ejemplares, acostumbra pasar el día echado en su nido –en algún lugar bien escogido y rodeado por matorrales– y de hecho, sólo sale de noche en busca de su alimento, que se trata principalmente de vegetación como cortezas, ramas, brotes, flores, frutas, y bayas.

Pero pese a que su mayor enemigo natural es el puma, actualmente la mayor amenaza para los pudúes es la actividad humana: las causas que lo han llevado a estar en serio peligro de extinción son tanto la caza indiscriminada –por alimento o caza deportiva– como la transformación de su hábitat para el desarrollo de actividades productivas como la agricultura, tala de bosques, ganadería, industria y vivienda, y el contacto con parásitos de animales domésticos.

Según estudios realizados, hace unos años, más del 50% de la distribución histórica del pudú ha sido afectada por actividades humanas. El 27% de la distribución potencial está protegida aunque este porcentaje varía entre Argentina (donde el pudú está mejor protegido) respecto a Chile (cuya protección no llega al 16%)

De hecho, en agosto del año pasado se advirtió de un nuevo factor que contribuyó a las amenazas: los incendios que afectaron a las zona centro sur del país durante el verano destruyó la poca vegetación nativa restante en la Cordillera de la Costa, en la región de El Maule, que le sirve de alimento y refugio.