SalmonerasA los conflictos en la Araucanía debido a los predios de personas naturales y empresas forestales, se suma otro conflicto en territorios mapuches, específicamente asociado a la industria salmonera. Así quedó de manifiesto en el estudio CRAMM VSN 2014, elaborado por la consultora Pullen & Dockendorff y patrocinado por la Sofofa (Sociedad de Fomento Fabril).

De acuerdo al citado documento y según Ecoceanos, “las comunas con procesos de establecimiento de centros de monocultivo industrial intensivo de salmones y truchas, son una de las tres zonas con mayores riesgos de conflictividad social”.

Lo anterior ha quedado en evidencia en diversas oportunidades, siendo quizás una de las más importantes la acontecida en 2009 y que tuvo como protagonista a la gigante salmonera Marine Harvest. En esa fecha, la transnacional de origen noruego retiró sus balsas jaula de la bahía de Coñimó, en Ancud, luego de que comunidades mapuches aledañas alegaran contaminación por parte de la empresa y daño a su patrimonio cultural.

El episodio acontecido el 2009 no constituyó un hecho aislado, y Marine Harvest vivió un nuevo revés en el año 2013, cuando luego de una denuncia de la comunidad mapuche huilliche Pepiukelén, la empresa se vio obligada a retirar balsas jaula en la bahía de Pargua, cerca de Puerto Montt. De acuerdo a la información de ese momento, la infraestructura de la empresa se habría emplazado en un área fuera de los límites de la concesión de acuicultura.

MapuchesAparte de la información ya señalada, la convicción del pueblo Mapuche contra proyectos industriales quedó en evidencia en un encuentro ocurrido en octubre, cuando diversas organizaciones indígenas manifestaron públicamente su descontento contra las incursiones privadas en territorios que ellos califican como “ancestrales”.

“Reafirmamos nuestro más rotundo rechazo y oposición a los nefastos proyectos de inversión que invaden todo el Wallmapu, particularmente en la llamada “Región de los Ríos”, sean estos hidroeléctricas, pisciculturas, minería, forestales, etc., y para lo cual hemos acordado continuar con la defensa de las aguas y la reivindicación territorial”, según se afirma en un comunicado emitido por 11 representantes de comunidades mapuches.

 

El rechazo a la piscicultura en Llaquito y la hidroeléctrica en Río Cherquen 

La historia del rechazo de comunidades indígenas ha continuado durante éste año, cuando a principios de noviembre diversas organizaciones sociales, comunidades indígenas y autoridades públicas de la comuna de la Unión, se reunieron en una mesa de trabajo para tratar la instalación de industrias en el sector. Entre ellas, una piscicultura en Llaquito.

melipeucoAnte esta situación, representantes mapuches reaccionaron y manifestaron su total oposición ante la posible instalación de la piscicultura,así como de cualquier otro proyecto salmonero que se desarrolle en su territorio.

La realidad de las salmoneras se repite contra una hidroeléctrica en Melipeuco, Región de la Araucanía. Allí, diversas comunidades se han manifestado en contra de una central de pasada, que se ubicaría próxima a sitios ancestrales como cementerios indígenas y lugares de rituales.

Estos hechos se suman a una serie de otros conflictos socio-ambientales en áreas indígenas, donde cabe recordar lo acontecido con las centrales hidroeléctricas de Pangue y Ralco. Quizás esta última la más recordada por la férrea oposición de las hermanas Quintremán, quienes se negaron a vender sus terrenos a Endesa.

 

Empresas y comunidades locales

Sin embargo, el estudio de Pullen & Dockendorff realiza una investigación mucho más amplia de las comunidades locales, y evaluó la percepción de éstas con proyectos industriales en general, lo que evidenció una cruda realidad para el sector privado.

Las empresas peor evaluadas por sus vecinos son, en orden decreciente, Codelco división Ventanas; Promel, en Arica y Parinacota; Hidroaysén, la central Santa Marta de Colbún y Porkland en la Región Metropolitana. Y este rechazo se expresa también en la valoración que poseen las comunidades locales de las empresas, el que es de tan sólo de 1,6.

“La Responsabilidad Social Empresarial no es solo entregar regalos. Las empresas tienen que cumplir con las comunidades donde se asientan más allá de obsequios. Se necesitan empresas mejor gobernadas”, señaló Marta Dockendorff, una de las consultoras que elaboró el estudio, al Mercurio de Valparaíso.