El North Carolina Courage acaba de anotar el tercer gol, pero eso no importa, lo que importa es volver. El técnico Jim Gabarra la había enviado a calentar y está lista para entrar: 84′, la delantera Ashley Hatch le choca las manos y por fin, tras medio año, vuelve a jugar en su club.

El duelo del pasado sábado 17 en que el Washington Spirit FC cayó por 0-3 en el City Stadium de Richmond fue el último amistoso antes del inicio de la National Women Soccer League, pero también fue la instancia en que Yanara Katherine Nicole Aedo Muñoz (24) volvió a sumar minutos en su equipo tras la lesión que afectó a su rodilla a principios de agosto

—Son los peores y más largos 6 meses que me han tocado pasar —dice la chilena a El Desconcierto desde Washington DC.

Aunque esa fue su primera convocatoria al plantel de honor del Spirit, el gran retorno ocurrió el martes 6, en el Estadio San Carlos de Apoquindo de Santiago de Chile. Ese día, la selección jugó contra Colombia su último apronte de cara a la Copa América y Yanara alineó en el equipo titular por primera vez desde el 12-0 a Perú del 28 de junio del año pasado.

—Para ser el primer partido después de tanto tiempo sin jugar me sentí bastante bien. Nos fue a apoyar harta gente, el ánimo del plantel es bueno y hay un grupo lindo —recuerda respecto al duelo que terminó 0-0, pero que dejó un buen sabor de boca de cara al debut contra Paraguay el próximo 4 de abril en La Serena.

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El once titular de Chile ante Colombia en San Carlos de Apoquindo / ANFP

—Te perdiste gran parte del proceso del año pasado en la selección, como la goleada 5-0 a Argentina o el apretado partido contra Francia. ¿Cómo viste a tus compañeras desde afuera?
—Bien, las vi muy bien. Chile es un muy buen equipo, tenemos jugadoras de nivel y es bueno tener el roce de jugar con grandes selecciones. Creo que esos partidos se jugaron bien y ayudan mucho a la preparación.

—Además del nivel que tienen muchas jugadoras que juegan en el exterior, en eso ha sido clave el trabajo del técnico José Letelier, ¿no?
—Sí, al profe “Lete” lo conozco desde los 18 años. Él aporta mucho tanto en lo táctico como en lo emocional. Es muy trabajador y te hace jugar de diferentes maneras, sacando lo mejor de cada una.

De Washington a Valencia (y vuelta)

Yanara es parte de la llamada generación dorada del fútbol femenino chileno, lo cual tiene a la Roja en un inédito lugar 40° en el Ránking FIFA y con varias de sus integrantes jugando en las mejores ligas del mundo: Christiane Endler (PSG, Francia), Carla Guerrero (Independiente de Santa Fe, Colombia), Francisca Lara (Sporting de Huelva, España) o Karen Araya (Gremio Audax, Brasil), por nombrar algunas.

Justamente todas las mencionadas comparten un pasado en común: formaron parte del ya mítico Colo Colo 2012 que ganó la primera Copa Libertadores para el fútbol femenino chileno. Ese equipo tenía en Yanara Aedo a una de sus piezas claves, una adolescente que con sólo 18 años ya había disputado el Mundial Sub-17 de Trinidad y Tobago 2010 y la Copa América 2010 (donde la Roja obtuvo el tercer lugar). En dos años más, jugaría la Copa América 2014 y los Juegos Odesur 2014 (donde Chile cayó ante Argentina en la final).

Ese mismo 2014 entró a estudiar Educación Física en la Universidad de las Américas. Sin embargo, en 2015 congelaría la carrera para dar el salto internacional fichando por el Washington Spirit. En 2016 migró a España para jugar en el Valencia Féminas FC, donde se reencontró con las ex colocolinas Christiane Endler y Estefania Banini y tuvo buenas actuaciones, como el gol que abrió la cuenta en el 6-0 al Levante ante 17 mil personas.


En mayo de 2017 la Roja vuelve a jugar luego de tres años de inactividad y lo hace en la goleada a Perú en el Nacional, duelo en el que Aedo fue una de las figuras marcando tres goles y dando tres asistencias. A fines de junio, regresa al Washington Spirit, pero se vuelve a lesionar a las pocas semanas. Hoy, sin embargo, esta de vuelta en su 100%.

—¿Cómo te sientes jugando en un fútbol tan competitivo como el de Estados Unidos?
—Me he sentido bien. La adaptación me costó bastante eso sí, sobre todo lo que te hace sentir estar en una cultura tan diferente a la tuya. Es un equipo con muy buenas jugadoras y con muchas seleccionadas de varios países, incluyendo tres de Estados Unidos, un país que está siempre metido entre las tres mejores selecciones del mundo en el fútbol femenino.

—¿Qué diferencias viste entre el fútbol español y el estadounidense?
—La española es una liga aún en desarrollo, en cambio la de Estados Unidos es considerada la mejor del mundo en fútbol femenino. Es la más competitiva y exigente que me ha tocado estar, es más rápida y de un nivel muy superior a la española, la cual es más lenta y hay mucha diferencia entre los primeros cuatro de arriba con el resto de los equipos.

—¿Te defines más como delantera o como volante? Te lo pregunto porque tienes la 10 en la espalda, pero has jugado en distintas posiciones en el frente de ataque.
—Sí, es raro para mí ser delantera por alguno de los extremos, pero si me toca jugar ahí igual lo intento.

—¿En qué posición te sientes más cómoda?
—Siempre jugué enganchada, aunque hartas veces más como una falsa 9. Ahí es donde más cómoda me siento y donde creo que mejor lo hago.

—La selección no tiene una centrodelantera clásica. Entiendo que el volumen ofensivo lo hacen junto a Karen Araya desde un poco más atrás. ¿Cómo se entienden con arietes como la Cote Rojas o la Yessenia Huenteo?
—Con Karen me tocó jugar en Colo Colo bastantes años y siempre me entendí bastante bien con ella porque nos gusta el mismo estilo. Con Cote mucho no jugué, pero cuando me ha tocado por la misma banda logramos entendernos bastante porque yo sé qué es lo que a ella más le acomoda y ella sabe lo mismo de mí. Con Huenteo no nos toca por el mismo lado, pero las pocas veces que hemos coincidido nos hemos entendido bastante bien.

Cuenta regresiva

El primer club en el que jugó Yanara fue El Salitre, un club de barrio amateur de Temuco donde debutó con 12 años. En ese tiempo iba al colegio y también era seleccionada nacional de judo, por lo que tenía que repartir sus tiempos entre el fútbol y el arte marcial. Finalmente, y aunque era de las mejores judokas de su generación, se decantó por el balompié. A los 15 pasó al Araucanía Temuco, otro equipo de la zona, y ahí finalmente se dio cuenta que esto era definitivamente lo suyo.

—Leí en una entrevista que comenzaste a jugar desde muy chica y lo hacías contra niños que eran más grandes que tú.
—¡Sí! Desde que tenia 3 años me gustaba el fútbol, me la pasaba con balones y siempre quería jugar con mi hermano mayor y sus amigos. ¡Ellos eran 6 años mayor que yo! Cuando cumplí 5 jugaba con niños de 11 años y así crecí jugando fútbol solo con hombres.

—¿Cómo recuerdas esa infancia?
—Tuve una infancia muy linda. Lo que más recuerdo es que me pasaba todo el día jugando a la pelota con mis amiguitos. Cuando la cancha que estaba cerca de la casa estaba ocupada, nos íbamos a una plaza chiquitita que estaba al frente y colocábamos polerones o piedras para hacer los arcos. ¡Ahí pasábamos toda la tarde después del colegio! Recuerdo que mis amigos, mientras mas tarde se hacía, se iban yendo a las casas a ducharse o tomar once y siempre era yo la última que quedaba, hasta que tenía que salir a buscarme mi hermano mayor porque no me quería entrar, me quedaba jugando sola hasta que me entraban después de la décima vez que me llamaban.

—¿Tu familia te apoyó desde el principio o tuviste dificultades para dedicarte al fútbol?
—Mi familia siempre me apoyó, pero sobretodo mi mamá. Ella me acompañaba, pasaba frío, hambre y se embarraba toda porque eran canchas de tierra y piedra. ¡Todo por llevarme a jugar! La verdad que siento que gracias a ella hoy soy lo que soy y es a quien le debo todo. Siempre me sentí muy apoyada en mi decisión de jugar fútbol.

La 10 de la Roja en la goleada 12-0 a Perú donde se matriculó con tres tantos / ANFP

Otro de los grandes apoyos que ha tenido en su carrera es Estefania Banini, la delantera y seleccionada argentina que ha compartido no sólo camarín con Aedo en Colo Colo, Valencia Féminas y Washington Spirit, sino también viven juntas, apoyándose mutuamente en sus carreras.

—Banini ha sido sindicada por la prensa argentina como “la Messi” por jugar con la 10 y ser muy habilidosa. ¿Cómo es convivir con una de las posibles rivales que enfrentarás en la Copa América?
—La verdad es que no es primera vez que me tocará jugar contra ella. Ya nos tocó en la final de los Odesur y en dos Copa América. A lo largo de estos años he visto su juego tanto en el Valencia como acá en Washington y creo que es una de las mejores jugadoras del continente (¡en un torneo tan competitivo como éste ella está catalogada como una de las mejores de la liga!). He aprendido mucho jugando a su lado y viendo lo trabajadora y humilde que es, jugar en contra gente así te motiva: primero a querer jugar así y segundo a querer ganarles.

—Argentina no está en el mismo grupo de Chile, pero podrían enfrentarse eventualmente en la fase final. En primera ronda, eso sí, toca contra Colombia. ¿Qué opinas de los rivales que enfrentarán?
—Colombia siempre ha sido un rival directo, igual que Paraguay que también está en el grupo A. Ambas son dos selecciones muy fuertes, pero para nosotras todos son rivales a derrotar.

—Al partido contra Colombia en San Carlos igual llegó un buen marco de público y la Copa América finalmente será transmitida por TV abierta. ¿Crees que ahora hay más respeto a las jugadoras o todavía falta para que sean vistas como profesionales?
—En Estados Unidos el fútbol femenino es uno de los deportes más populares del país y las jugadoras tienen igual o más importancia que lo hombres. Creo que en Chile se está dando un paso muy importante y por fin se está respetando el trabajo de las jugadoras que por tantos años ha estado a la sombra, pero falta para que a las jugadoras se les respete como profesionales y creo que la Copa América es un reconocimiento y el inicio de que cambie.

—Ya queda muy poco para que comience el torneo. ¿Cómo se siente el ambiente en el plantel?
—Mientras más cerca está la Copa, más ansiosas estamos. Seguimos trabajando duro para lo que viene porque cada vez falta menos.