El economista ítalo-belga Riccardo Petrella (profesor emérito de la Universidad de Lovaina) ha dedicado toda su carrera académica a luchar contra las narrativas que han establecido los sectores dominantes para imponer su modelo de desarrollo. El doctorado en Ciencias Políticas y Sociales en la Universidad de Florencia se ha expresado abiertamente en contra de la mercantilización de los derechos humanos y sociales, tema sensible en nuestro país que durante este año ha sufrido el impacto de la privatización y concesión de las aguas en ciudades como Osorno.

Su lucha fue la que lo trajo a Chile el pasado 28 de agosto a exponer la “Carta de los habitantes de la tierra”, documento elaborado por un grupo de 200 personas de África, América Latina, Asia y Europa, con el fin de generar un instrumento de reflexión y acción para mejorar las condiciones de vida simbólicas y materiales de la población mundial, resguardando el medioambiente y sus recursos actualmente sobreexplotados, depredados y devastados.

En la actividad realizada en el Colegio Academia de Humanidades de Recoleta, participó el alcalde de la comuna, Daniel Jadue, y el obispo de Aysén, Luis Infanti De la Mora, quienes han sido impulsores del documento en nuestro país.

Para Petrella, es importante el rol que puedan jugar los poderes locales en las transformaciones profundas que requiere el planeta. Entre los cambios más urgentes estaría la creación de una entidad pública a nivel mundial que realice regulaciones a todos los Estados y que administre una moneda pública a nivel internacional.

“El problema para los ciudadanos de base es comprender cuáles son los espacios de maniobra que tenemos porque los grupos dominantes lo son más que en el pasado. Los grupos dominantes tienen el control de definir la narración de la vida y el mundo”, advierte el académico.

¿Cuál es la narrativa en la que estamos ahora?

La narrativa establece que la condición humana depende de tres de procesos la globalización de modos de vivir; la globalización de consumo y la globalización de todos los bienes esenciales de la vida, y ésta señala que no hay futuro fuera de estos procesos de globalización. Este es un proceso de globalización, sobre todo, de la economía, no de la regulación política. Es una globalización de los grupos dominantes. La globalización no se puede ocupar de la gente que no tiene “mérito”. En la narración de la globalización debes ser fuerte, sino arrivederci, porque tú no eres eficiente, no eres rentable.

En este sentido, solo las cosas que son comerciables y que tengan un valor de comercio son las importantes, porque hay una demanda. Una cosa que no es demandada, no vale. La mesura del valor no es la vida, el amor, la solidaridad, la paz; solo es la utilidad de las cosas, que es una utilidad netamente monetaria. En este sentido, la narrativa dominante dice que solo los portadores de interés tienen valor, los stakeholders. El mensaje final es: “solo los fuertes van a sobrevivir”.

Esta narrativa también plantea que tanto el presente como el futuro del mundo tienen una sola palabra: tecnología. Esta es el motor del progreso. 

-¿Si quisiéramos pensar otra concepción de la humanidad tendríamos que pensar en estos conceptos?

El futuro del mundo en estos planteamientos depende de la tecnología y de la ciencia. Por ejemplo, una consecuencia fundamental es que los seres humanos son recursos al servicio de la tecnología. La competencia, el conocimiento, todas estas cosas, buscan transformar al ser humano en un recurso de producción. Si tú no eres adaptable, si no has recibido todas las competencias y las capacidades para hacerte cargo de la tecnología, no vales nada. Muchos empleos están siendo eliminados porque no son adaptables a la tecnología. En nuestro mundo actual la innovación no es creación, es sustitución. Es un futuro que solo es para los más fuertes y es necesariamente inequitativo porque no todos pueden ser fuertes.

-¿Cuál es la narración que proponen ustedes?

Nosotros somos partidarios de un pensamiento crítico y real para proponer todo lo contrario de esta narración. Uno de los principios fundamentales de la “Carta de los habitantes de la tierra” es que la vida no es una mercancía. Y no es fácil decirlo, porque el arte, el trabajo y la educación, son mercancía. Entonces, la gente dice: “¿cómo puedes decir que la vida no es mercancía?”. Ese es el problema; del lenguaje y de definición de las cosas.

Antes de ser profesores, de ser artistas, y economistas, somos habitantes de la tierra. Somos parte de la vida; somos parte integrante de un sistema de vida y no los únicos habitantes de la tierra. Están también las plantas, los animales, los microbios, que son habitantes de la tierra. Ellos también tienen derecho a vivir de una manera ecológica y sana. Y aquí también hay otro nivel de desigualdad, por eso es importante dejar atrás una visión antropocéntrica del mundo.

-Estos cambios que proponen en la carta son a nivel global. Ahora mismo hay un incendio en la Amazonía y distintos países del mundo han ofrecido su ayuda para combatir esta catástrofe, sin embargo, el gobierno de Bolsonaro ha afirmado que amenazan su soberanía. ¿Cómo se pueden implementar estos tratados internacionales sin pasar por encima de la soberanía de los países? ¿Cómo se puede construir otro concepto de soberanía?

En la “Carta de los habitantes de la tierra” decimos que una condición esencial para progresar en una visión de un habitar conjunto es poner el fin a la práctica de soberanía nacional absoluta, que implica terminar con la idea de que todos los bienes y los servicios esenciales de la vida son propiedad primaria de la soberanía nacional. Si mantenemos esto, los árboles de la Amazonía seguirán siendo de Bolivia y el agua de China, y no va a haber solución porque normalmente la idea es comerciar estas materias primas. Y cuando eso pasa, el más fuerte vence en términos de precio y de mercado.

-¿Qué opina del conflicto que se ha dado entre Macron y Bolsonaro?

En el caso del incendio es una mistificación cuando Bolsonaro señala que la Amazonía es brasileña y le dice a Macron que no se meta. Macron también es un mistificador. Él dice que la Amazonía es el pulmón del mundo para promover los intereses de Francia. A Macron no le interesa nada, es un problema de imagen, de comunicación, que tiene un resultado demagógico. 

-¿Se ha producido un debilitamiento de la soberanía nacional?

El concepto de soberanía nacional no es una condición necesaria para la regulación mundial. Ahora viene la COP 25. Han hecho 24 de estos encuentros con 30 mil personas de todo el mundo, y qué han producido. Un simple tratado de París, que no tiene obligación vinculante. Es una vinculación política voluntaria porque la COP no puede modificar el principio de soberanía nacional.

Es grave que la COP no regule la soberanía económica del capital, que incluso puede ser propietaria de los seres vivos. Las patentes sobre las moléculas, la células, las semillas, todo es propiedad privada.  Y eso es más importante que la soberanía nacional. El capital puede ser propietario de todo. Las empresas químicas son propietarias de la naturaleza. Todos los tratados internacionales hacen dos centímetros de movimiento cuando deben hacer dos kilómetros de movimiento. No entiendo por qué no han abolido este principio. En este momento hay 51.000 patentes privadas sobre la naturaleza.

-¿Cómo pueden luchar los ciudadanos por un cambio global si ni siquiera los países están dispuestos a cambiar estas regulaciones?

Nosotros estamos acá en conjunto con el alcalde de Recoleta porque pensamos que muchas de las cosas que hay que hacer pasan por el papel que puedan jugar las comunidades locales y los municipios. Es evidente que los cambios que proponemos no se hacen en uno, dos, o cinco años. Yo creo que no veré estos cambios. Son soluciones que el sistema va a bloquear. El cambio se debe hacer y se debe imaginar, pero si la pregunta se puede formular, es porque debe existir una respuesta. 

Hay planos de acción donde se puede comenzar a luchar de manera local, como es el caso del agua. El problema hídrico es local. La contaminación de los ríos no es necesariamente igual para todo el mundo. Hay cuencas hidrográficas que están muy destruidas, y otras que no. La regeneración de cuencas es local, pero no puedes regenerar de manera local la cuenca si se siguen aplicando los principios de la narración dominante. Si no cambia la idea de que el agua no es una mercancía, se ve difícil que puedan cambiar las cosas a nivel local.

-¿Existen bienes que deberían ser patrimonio de toda la humanidad?

Una nueva narración debería proponer que hay bienes comunes que son esenciales para la vida. Y estos bienes no pueden ser privatizados. Esa es una primera solución. En Chile hay una discusión sobre la renacionalización del agua. Eso es importante, pero más importante que eso es el principio de la remuncipalización del agua.

A nivel global se debe reconocer que el agua es un bien común público mundial y bajo esta figura ni siquiera el Estado sería propietario. Los estados serían delegados de una gestión responsable de un bien público mundial. Esto implica que el agua sea un derecho universal no sólo para las personas, sino que también para las plantas y para los ríos. No se puede contaminar el agua de un río porque el río tiene derecho a regenerarse. Si tú lo contaminas, intervienes el proceso de regeneración natural del río. Eso es un crimen. Un río es una arteria de la tierra, es como si contaminaras las arterias de tu propio cuerpo.

Lo primero que hay que hacer es inventar el concepto de bienes públicos mundiales. El agua, el aire, los bosques, el Sol, las semillas y el conocimiento, no pueden depender de privados.