Alejandra González es la primera concejala transexual en Chile y América Latina. Hace doce exactos años, animada por su comunidad, trabajando desde la pobreza y desafiando las reglas masculinas del poder, logró transformarse en la primera persona transexual en ganar una elección popular, un hecho político e histórico, más aún si se considera el carácter machista y conservador de una comuna vulnerable como Lampa. Desde su Batuco querido, Felipe González Pino se transformó en la inquieta Alejandra y en la primera autoridad comunal que lucha incansablemente por los derechos de los vecinos y vecinas mucho más allá de las diferencias políticas, religiosas y sexuales. Hoy, Alejandra postula al Consejo Municipal por cuarta vez porque sus “compañeros” de la Nueva Mayoría no se atrevieron a llevarla de candidata a alcaldesa por Lampa, podría haber sido la primera alcaldesa transexual de Chile.

En su pequeña oficina adornada de reconocimientos, recuerdos de electores y luego de esperar más de una hora porque debía atender a muchos vecinos y vecinas, nos sentamos a conversar con la requerida concejala Alejandra González Pino. Aquí nuestro diálogo siempre directo, siempre cómplice.

-Después de tantos años de amistad y caminar político. Después de tantas rutas que hemos recorrido juntas, nos encontramos aquí, en tu Oficina Municipal de Lampa, observándote trabajar arduamente, recibiendo a vecinos y vecinas que solicitan tu ayuda como concejala, personas que tienen necesidades urgentes. Un trabajo sin parar en medio de una ardua campaña electoral particularmente compleja producto del descontento ciudadano. ¿Cómo te presento?
Muchas gracias, Víctor Hugo. Sí, es verdad, hemos recorrido muchos caminos juntos y ahora estamos en esta campaña municipal 2016. Tengo dos maneras de presentarme. Mi nombre legal es Felipe González Pino, así aparezco en la papeleta para ser elegida nuevamente como concejal. Sin embargo, mi nombre social es Alejandra González, me defino mitad y mitad.

-¿Cuál es la historia de Felipe, cuál es la historia de Alejandra?
Felipe y Alejandra son una sola persona con miradas diferentes, pero en el fondo, lo que le ha sucedido a Felipe también le sucede a Alejandra. Mi historia parte desde el nacimiento de Felipe.

-Primero fue Felipe…
Sí, ante la familia y la sociedad fue Felipe. Recuerdo algunas conversaciones que tuve con mi madre. Ella, al momento de saber que estaba embarazada, decía que quería tener un hombre y mi papá una mujer. Entonces, el desenlace fue castigador para mi madre porque mi papá cada vez que estaban en su intimidad o en conversaciones de matrimonio, afloraba el tema. “Ojalá que sea niñita”, decía él, mientras mi mama decía “ojalá sea niñito”. Yo creo que desde el momento en que mi madre quedó embarazada entré en un conflicto y ese conflicto era si yo era niñita o niñito, luego, al momento de nacer vienen dos estereotipos, una que era la satisfacción de esta mujer que había parido a este niñito y la insatisfacción del padre porque había nacido un hombre. Dentro de esta complejidad vinieron situaciones dramáticas en el entorno de nuestra familia, automáticamente se dividió el matrimonio. Ya no era todo amor y azúcar como era al comienzo, entonces mi madre empezó a sufrir un autocastigo muy inmenso por entrar en un conflicto matrimonial e incluso violencia intrafamiliar a raíz de mi nacimiento. Recuerdo que cada pelea que existía dentro del matrimonio afloraban los reclamos. “Claro, si tú no sirves para nada, no me diste lo que yo quería, mira la hueá que tuviste, otro hombre más y capaz que salga maricón”, decía mi padre. Mi madre comenzó a sufrir mucho, ya no era el buen marido que mi madre conoció, ya no era el hombre cariñoso, preocupado por la familia. Miles de cosas cambiaron y mi madre que era una mujer que no sabía afrontar una situación de diferentes adversidades del entorno social y familiar. Después de tres años mi madre tuvo que salir a la calle para poder alimentarnos.

-¿Se separaron?
No, mi madre nunca se separó. Ese fue el primer cuestionamiento que le hice a mi madre, que cómo ella pudo aguantar 20 años a un hombre así, haber soportado tantas injusticias, tantas agresiones, tanto daño psicológico y físico. Ella siempre me decía que no quería sentirse culpable de que nosotros la responsabilizáramos a ella de no tener un padre. La verdad que fueron años de martirio porque mi madre tuvo que salir a trabajar, pasar de ser una dueña de casa, de tener una seguridad a llegar a la pobreza extrema.

-¿Tú eres de Batuco, nacida y criada en la zona?
Hecha, nacida y criada en Batuco. Mi familia estaba conformada por cuatro personas: mis padres, mi hermano y yo. Nací el 10 de marzo de 1968.

-¿Qué recuerdos tienes de tu niñez?
Los recuerdos más felices de mi niñez los tengo asociados a la imagen de mi madre, por la protección, el cariño y la preocupación. Pese a las peleas con mi padre, recuerdo la sobreprotección de ella. Después hasta ahí llegan los recuerdos bonitos, no recuerdo otras cosas lindas. También recuerdo que en mi cuerpo y mi mente están marcados por momentos agresivos.

-¿Pudiste completar tu enseñanza básica? ¿Cómo fue ese proceso de asumir ciertos ordenamientos disfrazados de educación? Los colegios son más disciplina que educación o liberación.
Fueron de bastante disciplina y poca educación. Es parte de los recuerdos del colegio, recuerdos relativos a cómo uno podía enfrentarse en el tiempo más adelante. El futuro eran sueños y metas que tenías que cumplir, ser profesional, tener un título el día de mañana.

-¿Qué sueños tenías?
Mi sueño era ser profesor. No sé exactamente por qué, pero recuerdo que en el colegio había profesores que me sobreprotegían y otros que me exigían disciplina. Había profesores que me decían que yo era una adversidad a la vida. Entonces, mi vida fue una construcción desde el colegio, de cómo enfrentarme a la parte social o cómo tenía que enfrentarme, que también era un proceso, un proceso nuevo para ellos. Lo primero fue la sorpresa porque no sabían cómo tratarme, no sabían cómo educarme, tampoco sabían cómo entrarme a una disciplina normativa. Entonces todo esto fue un aprendizaje para mis profesores.

-¿Ya había en ti ciertas características que implicaba diferencias con otros niños?
Sí. Recuerdo al profesor Ginestar y a la señorita Malvina Carvajal, también a la profesora Emilia Villa, Jaime Opazo, por nombrar algunos, ellos fueron mis pilares fundamentales en la educación. Pero el profesor Ginestar fue el primero en darse cuenta de que yo era de una condición diferente a los otros niños. En la manera de sentarse, en la manera de cómo yo hablaba, en la manera de cómo me aislaba. Yo no tenía problemas conductuales, problemas de integración sí, problemas que tiene la sociedad de promover la integración de niños distintos.

-¿En qué minuto comienzas a darte cuenta que eras distinta? Muchas veces uno se da cuenta mucho después, luego de muchos gritos, después de muchas discriminaciones.
Yo empecé a descubrirme diferente a los siete años, era por mi actitud, mis modales. Recuerdo que compartía más con las niñas, me gustaba estar con ellas. En ese proceso, cuando estaba en octavo básico, descubrí que tenía una diferencia de conducta con mis compañeros, yo era más femenina, tanto así que los profesores en ese tiempo determinaron que no podía bañarme con los varones. Hablaron con las niñas, hicieron como un aprendizaje para comprender y aceptar que yo me bañarme con ellas. La profesora Silvia Aliste les preguntó a mis compañeras de cómo ellas me veían a mí. Ellas dijeron que yo era una niña, igual como ellas. El tema complejo eran las duchas, después fueron las clases de gimnasia.

-¿Cuándo comienza a construir la identidad de género, a pensar, a sentir que no era solo un modo femenino, que no era solo bañarse con las niñitas, sino construir una identidad de género distinta a tu sexo biológico masculino?
Yo creo que a los once años. Esa construcción fue cuando compartía con las niñas. Yo me duchaba, me ponía la toalla en el pelo, en vez de secarme brusco, me secaba por parte, los mismo gestos que las chicas, usaba perfume, desodorante, cremas, era una niña más pero con nombre legal de hombre.

-¿Creaste un nombre a tu nueva identidad?
Sí, Alejandra, siempre me gustó ese nombre. Me decían Ale. “Ale vamos a bañarnos, Ale vamos a comprar”. Las niñas me decían Ale pero los chicos me decían: “Ya poh Felipe vamos. Felipe vamos a jugar a la pelota”. Ellos no asumían su nueva identidad.

-Hablemos del amor, los afectos, las cosas del querer. ¿Cómo fuiste conociendo el amor, construyendo tu afectividad, tu sexualidad?
Poco a poco. En el colegio había tres compañeros de curso. Las chiquillas vueltas locas por ellos. Yo entré en el mismo juego. Entonces, todas las niñas enamoradizas pero yo era más astuta. Terminé pololeando con uno de ellos. Mi primer amor de niña, ahí había una cosa especial, era un hombre maravilloso, recuerdo que mi primera amor tenía unos ojos preciosos, un físico estupendo, una situación socioeconómica bien ponderada dentro de la comuna. Este chico siempre me llevaba pancitos o me compraba galletas. Pero él no me las daba públicamente sino que me dejaba en mi bolso o debajo del pupitre.

-Era como un amor secreto.
Sí, un amor secreto. Yo era pobre y muchas veces no podía llevar colación al colegio y este niño me salvaba. Yo siempre veía que todos mis compañeros y compañeras sacaban su colación, yo siempre me quedaba al último y luego salía a recreo, simulando porque no tenía. Entonces, de repente veía mi bolso y había un sándwich. Yo pensaba que mi mamá me lo había puesto ahí, pero no. Nunca descubrí quién era, luego supe que era él. Al mes después, empezaron a molestarlo las chiquillas.

-Se dieron cuenta.
Sí. Entonces yo dije “si no, si no”, buscando protegerlo. Un día lo descubrí y él mismo después me daba delante de todos.

-¡Se liberó!
Se liberó, tanto así que me espera a la salida del colegio, no me tomaba de la mano ni nada, pero conversábamos, el primer beso que me dio en la cara fue para el día del mejor compañero, me dio la mano y un beso en la cara. Yo quedé en las nubes. Recuerdo que era muy apático con las chiquillas, él siempre se sentía deseado por todas, todo el mundo le decía que era lindo, que tenía plata y las chiquillas le mandaban cartas. Él siempre me miraba cuando me pasaba algo, el corría a pararme, yo me caía jugando y él muy preocupado, “te duele”, me decía.

-¿Lo has visto ahora ya adulto?
La última vez que lo vi fue de más adulto, en 2008, cuando salí electa por segunda vez de concejala. Fue maravilloso, él tiene sus hijos, su familia, fue un encuentro muy bonito.

-Oye, pero este niño sabía que tú eras una niña distinta o nunca le quedó claro que tú eras una niña diversa. ¿Se hablaba del tema?
No. La verdad que nunca hablamos el tema, él me decía Ale, no me decía Felipe. “Mis ojitos de almendra”, me llamaba.

-Era bien dulce el niño.
Súper, conmigo era dulce. Recuerdo que en octavo básico él tenía otras preocupaciones. Su familia tenía parcelas de agrado y él siempre me decía que en la parcela iban a cortar melones. Entonces, me decía: “Mi papá te mandó esto porque te quedó debiendo”, me daba cuenta que él inventaba todo. Por ejemplo, nos pagaban 300 pesos y él me daba 200 más. Siempre me compraba cosas, regalos lindos. Estuvimos juntos hasta primero medio.

-Te llamabas Alejandra, te vestías de Alejandra. ¿Cómo fue esa construcción?
En tiempos de verano vestía mucho short, me encantan, muchas cosas de verano, mi pelo más larguito, de melena, muy sensual. Siempre me vestuario ha sido muy ambiguo pero asumiendo la personalidad femenina.

-¿Nunca te gustó usar vestido?
No. Recuerdo que cuando chica estaban dando en la TV “La Esclava Isaura”, también daban una serie que se llamaba “La Mujer Biónica” y “La Mujer Maravilla”. Las chiquillas jugábamos a todo eso. Yo decía “Mujer Biónica” y salía la otra niña vestida. Lo mismo hacíamos con “La Mujer Maravilla”, vueltas y más vueltas. No usaba vestidos pero me gustaba jugar a ser esas mujeres maravillas.

-¿Cuándo conociste otras personas distintas, igual que tú, amigos, amigas, cuándo empezaste a relacionar con otra gente distinta, a sentir que no eras la excepción dentro de la regla, que no eras un bicho raro?
La primera vez que me relacioné con la diversidad sexual fue alrededor de los 20 años. Fue en un circo de transformistas que llegó al barrio. Estamos hablando del año 95 ó 96. Primera vez que llegaba un circo de transformistas a Batuco y yo era presidente de una junta de vecinos, así que tuve que analizar la autorización. Recuerdo que llegó la dueña del circo, la Mandi, una transgénera, una señora, ella me pide la autorización para instalar el circo y explica que no era un circo con payasos, sino un circo para “personas con criterio formado”. Le pregunté en qué consistía el show. Me explico que eran hombres que se vestían de mujer y realizaban un espectáculo. Estuvieron tres meses en Batuco. Lleno total, la gente estaba revolucionada porque iban a ver al Felipe, o sea, a mí, que estaba trabajando en el circo.

-¡No te puedo creer!
Me integré al circo, empecé a ser show y a trabajar. El primer tema que hice fue “La Trampa”, que dice: “Tu amor es una trampa, una trampa maldita”. Después la dueña del circo me dice: “Oye, tú te parecí a la Magali Acevedo”, así que ahí comencé a doblar a la Magali Acevedo. “A ver, a ver, a mover la colita”, cantaba yo. Poco a poco empecé a hacer temas españolísimo. Todo el mundo me conocía como Felipe, así que me pusieron Domique Ferrer pero a mí nunca me ha gustado. Fue como un enganche, la gente decía “vamos a ver al Felipe”. En la comuna ha costado mucho que me traten de Alejandra. En la intimidad me pueden decir Ale, me dicen “mi niña”, pero saliendo de la puerta para afuera me dicen Felipe.

-Es una complicidad y una ambigüedad. Es una doble juego de roles, donde tú aprendiste a convivir…
Yo trabajaba en la peluquería y en el circo, eso implicaba que iba a tener más platita, que iba a lograr otras cosas. Mi sueño siempre fue tener una casa bonita para mi mamá y mi peluquería. En ese tiempo a mi mamita le salió una pensión así que juntamos la plata y nos alcanzó para remodelar nuestra casa pero solamente el entorno y el techo. Después yo armé mi peluquería en la misma casa. Lo primero que compré fue una cocina a gas porque nosotros teníamos una cocina a parafina, ese fue el primer regalo que le dediqué a mi madre, después el refrigerador porque se nos avinagraba la comida, tiempo después el tercer regalo, un living comedor, al tiempo compré una lavadora.

-Todas esas pequeñas y grandes conquistas, como un acto de justicia social contigo y tu madre. ¿Nunca quisiste armar tu propia familia, tener una pareja fuera?
Yo tuve pareja, hubo un año que estuve fuera, cuando vivía con Juan Carlos en la sede de la Agrupación Vida Óptima de Personas Viviendo con VIH/SIDA del Hospital San José. Ahí nos conocimos contigo, cuando llegué a hacer clases de peluquería en un taller de Vida Óptima.

-Sí, recuerdo, ahí se abrió todo un mundo para ti, relacionándote con temas tan importantes para nuestra comunidad como es el VIH/SIDA, conociendo a personas que terminaron muriendo producto de ese enfermedad. ¿Cómo recuerdas esa época?
Fue una época muy activa. Yo llegué a la organización porque había un letrero donde se pedía voluntariados, leí un cartelito que decía que se necesitaba una persona para hacer talleres de peluquería. Yo dije será una platita extra. Llegué y me recibió el Néstor, finalmente hablé con Cesar Herrera. Todos me miraban, “llegó una señorita”, decían.

-En ese tiempo en Vida Óptima no habían señoritas como tú, habíamos puras “locas”, homosexuales, mujeres y mamás que buscaban remedios para sus hijos, personas que tenían miedo o trabajaban y no podían ir a esas reuniones, no habían personas trans, tal vez tú fuiste como la primera transexual…
Sí, fui una de las primeras trans, después llegó La Macarena, La Heidi, así fueron llegando otras más, llegaron por el asunto de la peluquería, por el interés del taller. Yo empecé hacer mi taller y llegaron varios alumnos, después hicimos el próximo taller, porque hicieron dos talleres, los mismos alumnos pasaban al segundo nivel. Los chicos empezaron a reconocerme pero a mí después se me complicó viajar tanto. Justo en ese momento necesitaban cuidadores para la casa y ahí conocí a Juan Carlos. Me fui a vivir a Vida Óptima con Juan Carlos como cuidador y yo mientras hacía los talleres.

-Tú eras la cuidadora del cuidador. Ahí tú comenzaste a conocer la realidad de Chile, a conocer gente que se moría producto del SIDA, en una época donde no había medicación y lo único que había era la muerte. Imagino que tuviste que despedir a muchas amigas.
Sí, muchas, estaba La Doctora, La Macarena, Ernesto, Mario Herrera, fueron varios, muchos y muchas.

-¿Y cuáles eran tus propias preocupaciones en torno al VIH/SIDA, te sentían expuesta, te preocupabas de tu propio cuerpo?
Sí, me preocupaba, soy muy agradecida de todos, del actor que falleció, Andrés Pavéz. El Andrés fue uno de mis mejores aliados porque él siempre me decía: “Mira galla, yo no quiero que el día de mañana estés así como nosotras las sidosas”. Lo mismo me decía César Herrera. Entonces fui aprendiendo a cuidar mi cuerpo, fue una enseñanza que hasta el día de hoy mantengo. Fue un aprendizaje, después me fui metiendo en la parte jurídica, en la organización, en VIVO POSITIVO, después al CRIAPS, después fui conociendo a otros personajes, los hospitales, San José, San Borja Arriarán, Félix Bulnes.

-Un mundo gigantesco que desconocías.
Así empezó mi trabajo, antes había sido presidenta de juntas de vecinos, presidenta de un club deportivo.

-Pero cuando llegaste a Vida Óptima tenías una base social. ¿En qué minuto entra la política comunitaria y logras transformarte en la primera concejala de la diversidad sexual de Chile? Recordemos que había existido la precandidatura de Rolando Jiménez, la candidatura de Roberto Pablo en 1996, pero tú fuiste la primera concejala electa de la diversidad…
En el año 2002 ocurrió una situación bien especial dentro de mi comuna. Mi pueblo fue muy golpeado con una inundación. Yo salí a buscar apoyo y me enteró por alguien, nunca he podido recordar el nombre, que existía Un Techo para Chile. La autoridad de gobierno no nos escuchó, entonces comencé a movilizarme y llegué donde Felipe Berríos. Llorando le dije “padre, por favor, ayúdenos”. En el año 2002 se hace la primer ayuda de Un Techo para Chile, recuerdo que fueron 20 casas. El padre me dijo: “Yo les puedo ayudar con 20 casas”. Fueron a conocer a las familias más sacrificadas y nos encontramos con la sorpresa que eran 100 los que necesitan. Empecé a trabajar en conjunto con la Junta de Vecinos de Batuco y Un Techo para Chile, después fui avanzando, hasta que el Techo llega el 2003 para ofrecerme trabajar como coordinadora de los campamentos a nivel comunal. Así, poco a poco, sin quererlo, me fui haciendo más conocida. Después, como vieron mi trabajo, que eran trabajos reales que beneficiaba a varias personas en la comuna, se abrió la posibilidad de abrir una sede enfocada en campamentos. Hasta el año 2003 trabajé como coordinadora de Un Techo para Chile a nivel provincial y comunal. Me pagaban, no era mucho, pero me ayudaba porque hacía visitas a las familias, primero a nivel comunal y después provincial. Tiempo después abrimos los curos de Infocap, entregando herramientas a las personas porque había muchas personas que trabajaban solamente en trabajos de temporera y en la agricultura, entonces, entregamos un oficio y estos oficios eran electricidad, costura y alimentación.

-Maravillosa experiencia.
Mucho, tanto así que en el año 2003 me proponen, la misma comunidad, mi localidad, postularme como concejala. Así llegué a un partido, el Partido Humanista, en ese tiempo era Juntos Podemos. Me postulé por un cupo de independiente, fue en el año 2004, recibiendo el apoyo de Un Techo para Chile e Infocap. Tuve que renunciar a las juntas de vecinos y a Un Techo para Chile para que no se vinculara a estas organizaciones con el tema más político, nunca pensé que estaría metida en esto, recuerdo que fue una campaña humilde pero esmerada. Incluso, el mismo día de la elección, no sabía que había salido electa…

Sí, recuerdo muy bien, incluso yo mismo te llamé por teléfono porque vi por Internet que estabas electa concejala por Lampa. Tú no sabías…
Fue todo muy emocionante e inesperado. El primer alegato y combo fue con el ex alcalde. Tenía que asumir el 6 de diciembre del 2004 y él me mandó a llamar. Me dice: “Bueno, Felipe me alegro, mira, te quiero hacer una consulta, tú sabes que tienes que jurar, estos son los pasos a seguir, tú tienes que venir de terno y corbata”. Me lo dijo así, cómo impidiendo venir vestida de mujer.

-Ya era inédito en el país y mucho más en una zona rural como Lampa. ¿Qué hiciste finalmente?
Aparecí bien rubia, una camisa color rosada, naranja, vestida con trajecito de dos piezas y con mi taco, por supuesto.

-¿Qué decían los vecinos, las vecinas?
Yo salí de los últimos, mientras decían: “Ahora va jurar el señor Domingo Felipe González Pino”. Me quedé muerta. Yo me paro, sentado al lado de mi mamita. Me dicen: “Usted, jura o promete”. Yo miro al público y prometo ante mi comunidad, señalando a viva voz: “Prometo servir fielmente a los intereses comunales”. Toda la gente aplaudía, gritaban bravo, otra gente solo miraba.

-¿Tenías amigas locas o trans en la ceremonia?
Sí, estuvo la Claudia, una rubia tetona, otra trans que vivía en Batuco que se fue a vivir a Italia. Todas la miraban porque es hermosa, divina, estupenda. Estuvieron los amigos de Un Techo para Chile, mi madre, otros chiquillos, Elías, que es gay, el Jonathan, la Marcela, amigos y amigas.

-¿Tenías conciencia de la repercusión política, nacional, que tu concejalía después se iba a transformarse en noticia? ¿Cuándo tomaste conciencia que eras la primera, que era un hecho histórico, de que estabas abriendo un camino?
Después de tres años, en mi segunda campaña, en el 2008, ahí comencé a sentir el peso, porque todo esto fue un aprendizaje. En ese tiempo yo sentí el peso que era una referente de la diversidad sexual, que tenía un compromiso, no solamente en mi comuna, sino también con organizaciones como el MUMS, ACCIONGAY y Vida Óptima. Yo asumí que tenía un doble trabajo, era todo un trabajo construirme, nadie me construyó, después me llegaran invitaciones internacionales como primera concejal transexual, fui más visibilizada fuera del país y pude dar a conocer la comuna. Ha existido mucho reconocimiento a nivel mundial, a nivel latinoamericano. Mi primer viaje fue por una organización que me invitó a cuatro países; México, Bolivia, argentina, Cuba, compartiendo con organizaciones interamericanas de la diversidad sexual.

-Lampa y la diversidad sexual en Chile trascendieron al mundo.
Sí, gracias a Dios. Así me fui construyendo políticamente, abriendo puertas, tanto a nivel nacional como internacional.

-Ya eres una referente, armando una historia, un camino, estás ahora en un nuevo desafío, luchando por tu cuarto periodo, lograste algo bastante inédito, fuiste por primera vez la primera alcaldesa transexual subrogante, cuando la alcaldesa tuvo que asumir su campaña política del 2012. Llamando y firmando papeles como una alcaldesa, por que no era protocolar solamente…
Dirigí el Consejo Municipal porque fue por sorteo. En el año 2012 todos fuimos a la relección, entonces, como íbamos a la relección, fuimos a sorteo y salí yo. Ni te explico las caras que pusieron en el Consejo Municipal. Porque era un rol importante. Para mí fue un desafío. Ese día, dije: “Quiero dar las gracias, para mí esto es una sorpresa, un gran desafío, les deseo a todos una buena campaña porque yo no voy a poder hacer campaña.

-Igual ahí se puede hacer una doble lectura, la primera trans en asumir la alcaldía, mientras por otra parte ellos, pensaban que eso te neutralizaba porque no harías campaña, no serías reelecta…
Fue todo lo contrario, obtuve la primera mayoría. En el año 2004 obtuve la secta, en el año 2008 la tercera mayoría y en año 2012 la primera.

-Hablemos de sus actuales expectativas…
Mi expectativa es quedar dentro del Consejo Municipal y tratar de mantener la primera mayoría que se viene muy difícil para todos por la desconfianza a la política.

-Tú has sido líder de las denuncias de corrupción en contra de la alcaldesa Graciela Ortúzar de Renovación Nacional, la acusas de desvíos de recursos fiscales, por lo mismo viviste situaciones de agresión, violencia política hacia tu persona, tu casa, hablamos de violencia grave, amenazas de muerte incluidas. Tú interpusiste una demanda contra discriminación por la Ley Zamudio…
El fallo del caso está pendiente esperando resolución de la Corte Suprema. Junto a esa denuncia, espero la resolución de la denuncia en contra de la alcaldesa. Por primera vez en la historia de una comuna vulnerable como Lampa fue posible denunciar por incumplimiento de deberes a la autoridad municipal. Fueron catorce denuncias ante el Segundo Tribunal Electoral, pidiendo la renuncia de la alcaldesa. No ha sido fácil, ha sido doloroso y peligroso porque he sido agredida, violentada. Me desconectaron Internet, desconectaron todo, ni siquiera una ampolleta para iluminar me dejaron en mi oficina, el lugar donde atiendo a mi gente. Yo estoy sola en esto. Los otros concejales no intervienen por intereses políticos. No estoy inscrita en ningún partido político, soy independiente en la lista del Partido Socialista.

-En estos tres periodos, ¿cómo definirías tu sello?
Mi sello es el trabajo comunitario y demostrar compromiso real. Tuve el desafío de la fiscalización, lo hice. Tuve el desafío de integrarme y aprender cómo se fiscaliza todo un proceso administrativo, económico e instrumental. He participado en la Comisión de Salud, sigo potenciando el tema social, el derecho de las mujeres, la prevención del VIH/SIDA, visibilizo el aprendizaje y la educación a nivel internacional.

-Tu trabajo concreto está ligado a la educación y la prevención del VIH/SIDA en sectores populares. ¿Qué importancia tiene ese trabajo aquí en la comuna?
Una de mis mayoras preocupaciones en Lampa es que ha aumentado el VIH/SIDA y las enfermedades de ITS. Lo estoy viendo en carne propia, reflejado en mis vecinos que se aproximan más a la muerte que a la vida, me pregunto cómo rescatar a los jóvenes, a las mujeres, las dueñas de casa, realizando campañas y talleres de educación sexual como los que hemos realizado con Fundación Savia.

-¿Qué te gustaría dejar escrito para la memoria histórica de este país?
Solo dejar un mensaje. Si no salgo electa esta vez, igual seguiré trabajando, seguiré haciendo incidencia política y trabajando por mis vecinos y vecinas. Si me llego a morir, nadie sabe cuándo pero si llega ese día, me gustaría que me velaran en Batuco, que me pasearan por toda mi querida comuna, mostrando mucha pluma, mucho travestis, muchos gays, muchos amigos heterosexuales también porque todos y todas deberemos luchar por la diversidad.