“Yo me voy a ir”. Con esas palabras el actor Alejandro Goic decidió marcharse del estudio de “Mucho Gusto” a comienzos de agosto, cuando Patricia Maldonado entraba en escena. Gesto que bastó para reactivar la discusión sobre el espacio que tienen en la TV figuras públicas que justifican las torturas de la dictadura y demostrar la fuerza e impacto que tiene el mundo de las artes para hacerle frente al negacionismo histórico.

Pero ese episodio no fue el único. No pasaron ni dos semanas cuando Mauricio Rojas debió abandonar su puesto como Ministro de las Culturas por sus dichos sobre el Museo de la Memoria, lo que fue coronado con un masivo acto liderado por artistas en el mismo memorial dos días tras su renuncia, a modo de recordatorio de que no se puede relativizar el sufrimiento de miles.

Incluso, artistas y otros rostros de TV como Paulina GarcíaCristián CamposHéctor Noguera, Gabriela Hernández, Mariana LoyolaIsabel Fernández y Monserrat Álvarez han rechazado públicamente la figura de Maldonado y han pedido que no se le entreguen más minutos en un programa tan transversal.

“Tenemos que defender nuestra democracia porque estamos hablando de muertes, de desapariciones comprobadas. Tenemos que poner un pare porque hay temas que no son transables como eliminar gente por pensar distinto. Eso no tiene contexto y por eso los artistas nos levantamos”, comenta la actriz Ximena Rivas a El Desconcierto.

Una opinión similar sobre la presencia de estos discurso en los medios tiene Antonia Zegers, para quien “no es cuestión de libertad de pensamiento”: “Hay cosas que no, que las sociedades se ponen de acuerdo para rayar la cancha, pero acá hasta se liberan a unos torturadores por razones humanitarias. Es una lógica muy abyecta”.

Esta discusión no solo ha hecho reflexionar sobre cómo a 45 años del golpe continúan anclados rostros que siguen deslegitimando a las víctimas de los crímenes contra los DD.HH., sino la responsabilidad que les cae a los mismos medios por entregarles la tribuna que siguen teniendo personas como Patricia Maldonado, Raquel Argandoña, Kike Morandé o Checho Hirane, quienes llegan hasta a disfrazar de “desfachatez y libertad de opinión la defensa de la dictadura cívico-militar, su régimen del terror”, como describe Claudia Lagos, académica de la Universidad de Chile.

La panelista de “Mucho Gusto” y ex cantante ha dicho sin tapujos que “digan lo que digan, saquen lo que saquen, no se me caerá nunca la figura de Pinochet” o “los milicos no llegaron solos. ¡Los pedimos nosotros!”. En tanto que Hirane sostuvo que “yo a Pinochet le agradezco el modelo económico que dejó, que fue un ejemplo en todo el mundo de crecimiento”.

Y es que lo que ha pasado en los últimos meses no habla de hechos aislados o situaciones que quedan en el folclor de la TV o en una mal cálculo de un gobierno, sino que son varios puntos que al trazar una línea por ellos dibujan un panorama de fondo con situaciones no cerradas del pasado: si los derechos humanos se han tomado la coyuntura desde distintas perspectivas es porque no se han resuelto.

Permitir la impunidad

Centrarse solo en un nombre como chivo expiatorio puede considerarse un error, pero no dimensionar el impacto y repercusión que tienen cada uno de ellos puede ser menospreciar lo que representan e invisibilizar el conflicto que generan en conjunto. “Su voz forma un coro con otras que en los últimos años han conquistado espacios para no sólo defender una dictadura cívico-militar, sino que banalizar un régimen del terror y para deslegitimar los esfuerzos colectivos de memoria”, reflexiona Lagos, candidata a doctora en Comunicación y Medios de la Universidad de Illinois.

Entonces, si los canales de televisión le prestan espacio y exponen como un voz válida, muchas veces sin contrapeso, a las que difunden odio, ¿son estos los principales responsables? ¿Están interesados en escuchar campañas que piden que se saque de televisión a estos personajes? A ojos del director de la Escuela de Publicidad de la UDP, Cristián Leporati, pensar esto sería un error.

“Asignarle un valor político e histórico a la televisión partes de un axioma erróneo porque la TV es una industria que tiene metas comerciales”, comenta Leporati, quien recomienda que la crítica vaya hacia las otras dos variables de la ecuación: las empresas que compran espacio a los programas y a las personas que no exigen sus derechos como audiencias conscientes del contenido que está consumiendo. ¿Y el CNTV? “Tiene una capacidad punitiva marginal y como los canales lo saben, no hay castigo real para la TV”, zanja.

Incluso, su análisis va más allá y compara la actitud de los dueños de los canales con la de otros empresarios para demostrar que no están precisamente preocupados por los efectos que generen mientras sus cifras sigan aumentando. Gabriel Ruiz-Tagle estuvo décadas tras la colusión del papel confort, y una vez cesada la polémica, volvió a ser el presidente de Colo Colo S.A. “¡De qué les va a preocupar la Maldonado, les da lo mismo!”, sentencia el también magíster en Antropología y Filosofía.

Es por esto que “la gran fuerza debiera ser el ciudadano consumidor”, pero que hoy no es consciente del poder que tiene, ya que tras la dictadura el sentido de comunidad quedó opacada en pos de una sociedad individualista. “Somos una sociedad anestesiada que se hace la desentendida de los centenares de niños y adolescentes muertos bajo custodia del Sename. Es esa sociedad que permite la impunidad de empresarios y políticos que dieron y recibieron dinero ilegítimo o por vías ilegales y que, a pesar de todo, salen libres de polvo y paja”, agrega Lagos.

Las cosas por su nombre

Movilizarse, reclamar, hacer ruido y dejar de alimentar el ciclo que usufructúa de los personajes que generan reacciones naturales como la protagonizada por Alejandro Goic parece ser una de las claves para empezar a marcar un cambio de rumbo, pero por mientras, ¿qué se hace? ¿los canales efectivamente quedan “libres de polvo y paja”?

Para el periodista Mauricio Jürgensen, quien trabaja en el matinal “Bienvenidos” de Canal 13 y entiende cómo se mueven los hilos tras bambalinas esboza un camino a seguir: “Pienso en un protocolo, que existe para un montón de cosas, los medios tienen ciertas fronteras y miradas que quieren articular. Debería existir una frontera que se traspase a la gente y que todos supiéramos cuál es el lugar hasta el que pueden llegar”.

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Otro problema que surge desde los propios medios al tratar temas vinculados a la memoria, la dictadura y los derechos humanos es el que identifica Daniel Olave, periodista que ha trabajado durante décadas en medios, pero tiene una mirada desde fuera de la TV: “El gran tema es que hay una falta de ética en estos programas donde hay personajes que creen que pueden decir cualquier cosa y nadie les dice nada al respecto, no tienen contrapeso”.

Y es que al final todo termina bajo el extenso paragua de una falaz libertad de expresión. En esa zona gris al parecer solo queda hacer sentir que hay límites, como comenta el actor Bastián Bodenhöfer: “No estoy de acuerdo con el argumento que sostiene que como estamos en democracia hay que darle tribuna y opinión a todas las posturas, no, hay cosas que no se pueden aceptar”.

“Hemos construido una sociedad sobre cimientos endebles, cimientos dados por la impunidad”, sentencia Claudia Lagos, sobre por qué ya sea en la TV o en otros medios se sigue tolerando que se vulneren los derechos de las víctimas de la tortura y la dictadura o de tantas otras personas hasta hoy.

Y es que si no nos podemos poner de acuerdo siquiera con los rostros que pueden o no poblar la pantalla chica, difícilmente se podrá pasar la página si la lección no está aprendida. Menos si la presencia de personajes como Patricia Maldonado y otros sigan siendo consideradas una extravagancia y no se le llamen por su nombre: amigos de la dictadura.