En 1934, el presidente Arturo Alessandri Palma, consultado por segundo año consecutivo sobre la posibilidad de crear un Consejo Económico y Social para las clases productoras, le dio una respuesta categórica a la élite empresarial: “Ustedes no tienen derecho a ser parte del Estado; frente a él, ustedes sólo tienen derecho a petición”. Fue esa negativa la que provocó la creación de la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC), la más poderosa organización gremial de Chile. A 82 años de su creación, el empresariado no forma parte del Estado, pero sí mantiene buenos negocios con él, influye en forma pública y no tanto en sus decisiones. Además, de acuerdo a los sucesivos escándalos de financiamiento irregular de la política, también paga -y bien- por ciertos favores.

En mayo próximo la CPC elegirá a su nuevo presidente y todos los análisis apuntan a que si la elección del 2015 donde resultó electo Alberto Salas estuvo cruzada por la unidad del empresariado ante la agenda reformista del gobierno de Bachelet, esta vez las elecciones presidenciales de noviembre de 2018 serán la variable que marcará el proceso de mayo próximo. El nombre más probable es Alfredo Moreno Charme, ex canciller del gobierno de Sebastián Piñera, dueño de una fortuna de US$50 millones de dólares y actual miembro de los directorios de seis empresas, entre ellas el del Grupo Penta, y tres fundaciones. Una de ellas es la fundación Avanza Chile, plataforma de campaña del ex presidente Piñera.

Moreno y el empresariado flagelante

FOTO: SEBSTIAN BELTRAN GAETE / AGENCIAUNO

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En las últimas semanas, la opción de Alfredo Moreno para dirigir la CPC ha ido creciendo como una bola de nieve. El día miércoles la Cámara Nacional de Comercio se sumó a la Cámara Chilena de la Construcción (CChC), la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), la Sociedad Nacional de Minería (Sonami) y la Asociación de Bancos e Instituciones Financieras (ABIF) que apoyan públicamente su candidatura, por lo que sólo resta la Sociedad de Fomento Fabril (Sofofa).

Fue precisamente el adelantamiento de la campaña llevado a cabo por el -todavía- candidato de la Sofofa, Hermann von Mühlenbrock, lo que aceleró las gestiones para asegurar apoyos para Alfredo Moreno. Tal como atestiguan los libros de historiadores como Gabriel Salazar y Rolando Álvarez, en la historia de la Confederación de la Producción y el Comercio la tradición es el consenso entre todas las ramas y no las elecciones competitivas. Y, pese a que según lo que se informó en medios la idea era no enturbiar los últimos meses de gestión de Alberto Salas, el 30 de noviembre Von Mühlenbrock anunció su candidatura. “Pensamos que esta es la oportunidad para que la Sofofa tome ese rol de liderazgo entre todas las ramas de la CPC”, dijo el vicepresidente de la Sofofa, José Juan Llugany, la tarde del miércoles 30 de noviembre.

En el mundo empresarial la decisión fue interpretada como un “apriete” de la Sofofa para que la Cámara Nacional de Comercio decidiera pronto a su candidato, algo que no se tomó bien, especialmente en la Sociedad Nacional de Minería, ya que ese mismo día se realizó la tradicional cena anual de la Enade, por lo que el protagonismo del actual líder, Alberto Salas, se vio empañado.

Pero la jugada no salió como Von Mühlenbrock y su entorno esperaban: el líder de la influyente Sociedad Nacional de Agricultura, Patricio Crespo, comenzó a levantar con aún más fuerza la opción de Moreno. Una vez aprobado por el directorio de la SNA los apoyos llegaron en cadena. “A su reconocida trayectoria empresarial, Moreno suma una profunda capacidad de análisis y de comprensión de la realidad nacional, así como una visión del desarrollo basada en la búsqueda de entendimientos y en el bien común”, argumentó el directorio de la poderosa Cámara Chilena de la Construcción a través de un comunicado público durante la semana.

Para los analistas que conocen el medio hay dos posibilidades que parten desde la idea de que se vienen “tiempos difíciles” para el empresariado. La primera tesis que circula en la Confederación de la Producción es que se necesita un líder fuerte que defienda los valores de la libertad de emprendimiento, la subsidiariedad y más pilares del sistema ante críticas extendidas como las que existen para las AFP o el sistema de salud.

En ese entendido, un líder como Hermann von Mühlenbrock encaja con un perfil de “defensor del modelo”, similar al rol que cumplió Alberto Salas a inicios del 2015, cuando la CPC definió que las prioridades eran matizar la agenda laboral, velar por la continuidad o modificación del Decreto de Ley 600 que asegura la invariabilidad tributaria, incidir en el proceso de reforma al Código de Aguas y ver las primeras tentativas de la Reforma Constitucional. Otro argumento a favor es la volatilidad de los candidatos, que haría más necesaria la presencia de un líder gremial experimentado como Mühlenbrock.

Sin embargo, los apoyos a Alfredo Moreno indican que en buena parte de la más grande multigremial empresarial del país se privilegia una figura más dialogante. Esto, para responder a una preocupación por el notorio distanciamiento entre la opinión pública y el empresariado y el deterioro de la valoración de su rol. Cuando en enero pasado la Sofofa y la empresa de encuestas Cadem dieron a conocer los resultados de su estudio de imagen empresarial las noticias no fueron buenas, ya que la confianza en ellos había bajado ocho puntos a un 30%.

Pese a eso, la encuesta también mostró que el modelo no sólo no se ha derrumbado como se auguró luego del 2011, sino que los pilares ideológicos del neoliberalismo, como la noción de libre competencia, la subsidiariedad del Estado y el lucro siempre legítimo se mantenían con un apoyo del 70%. Eso explicaría el que en la Confederación de la Producción y el Comercio estén buscando a un “dialogante” que tienda puentes hacia la sociedad en un año que ha seguido salpicado de escándalos financieros y ha profundizado la crítica a las AFP. El mismo discurso en la Enade del presidente saliente, Alberto Salas, lo graficó. Con una fuerte crítica, Salas declaró ante 1.200 asistentes entre empresarios, políticos y prensa, que “la mediocridad nos ha llevado a una falsa dinámica de los opuestos: Estado versus privados, lucro versus interés general, crecimiento versus igualdad”, agregando que “las ganancias ilegítimas no son emprendimiento, son simplemente aprovechamiento”. Del próximo presidente de la CPC dependerá en buena parte la vocería pública en defensa de esas ideas en un escenario presidencial todavía incierto.

El perfil de un negociador

22 de Enero de 2014/SANTIAGO El Presidente de la República, Sebastián Piñera, asistió esta mañana al Hotel Ritz Carlton donde realizo el balance de política exterior ante el Consejo Chileno para las Relaciones Internacionales. FOTO:RODRIGO SÁENZ C/AGENCIAUNO

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Paralelo al ascenso de la opción de Alfredo Moreno como la carta probable para encabezar la CPC, su ex jefe de Estado y amigo íntimo, Sebastián Piñera, ha enfrentado la vuelta del viejo fantasma: las críticas por mezclar política y negocios. Para Moreno, en cambio, esto no representa un conflicto, ya que toda su vida ha estado dedicado a los negocios y su cargo como ministro de Relaciones Exteriores entre 2010 y 2014 es más bien un paréntesis.

Ingeniero Comercial de la Universidad Católica y egresado del tradicional colegio San Ignacio, Alfredo Moreno fue el mejor alumno de su generación en ambas instituciones. En el colegio jesuita sus simpatías estaban con la Democracia Cristiana, donde perdió unas elecciones encabezando una lista de centroizquierda. De perfil mateo, en la PUC cursó en forma paralela la carrera de Ingeniería Civil, aunque no la terminó por viajar a estudiar un magíster en Administración de Empresas (MBA) en la Universidad de Chicago. Fue allí donde forjó sus convicciones en las ideas neoliberales e hizo amigos para toda la vida, como Francisco Pérez Mackenna, con quien coincidió en el gabinete de Piñera y se desempeñó como presidente de la Asociación de AFP hasta principios de este mes.

Como es sabido, la experiencia internacional de Moreno no era de diplomacia pero sí de una fuerte red de poder: integró el famoso -y secreto- grupo G-50, fundado por el influyente escritor venezolano Moisés Naím. La pertenencia de Moreno a esta red de 50 hombres y mujeres latinoamericanas influyentes, que se reúnen dos veces al año en Washington, se relevó cuando el propio Naím declaró a la revista Poder: “Alfredo ha destacado siempre por su inteligencia e iniciativa. Pienso que intentará avanzar sobre la base de acuerdos y consensos”.

“El paso de Moreno por Cancillería no tuvo ni pena ni gloria, pero pasar sin penas con un presidente como Sebastián Piñera no es poco”, resume con ironía un funcionario del área comercial de Cancillería consultado por El Desconcierto. Con dos años de perspectiva, la evaluación general del rol de Moreno como canciller suele ser más positiva que negativa. La frase que se repite entre el mundo de la diplomacia y el de los negocios es una: “mucho sentido común”.

Pese a lo que se temía, el canciller Moreno mantuvo a una buena porción de funcionarios y diplomáticos que venían de la administraciones anteriores, especialmente aquellos que estaban vinculados a la Democracia Cristiana. Uno de ellos conversó con este medio en reserva de su nombre explicando que “tuvo muchos embajadores de sensibilidad concertacionista” y que “Moreno acostumbraba moderar a Piñera. En las misiones se presionaba para mostrar resultados, un par de veces se anunciaron cosas con motivo de visitas presidenciales y aún no estaban afinadas”, señala, especificando que “el carácter de Moreno es completamente opuesto al de Piñera”.

El pragmatismo y la habilidad negociadora de Moreno es cosa conocida. Supo lidiar con las exigencias de resultados “noticiables” de Piñera y la idea de política exterior heredera de la guerra fría de la UDI y aún así mantener buenas relaciones con toda la región cuando esta era gobernada mayoritariamente por la izquierda. En 2010, por ejemplo, Piñera fue el primer presidente en viajar a Ecuador para dar su apoyo al bolivariano Rafael Correa luego del intento de golpe de octubre en su contra, diez meses después de firmar el Acuerdo de Cooperación Económica entre los dos Estados.

El foco de Moreno fueron las alianzas de inversión y producción. Funcionarios diplomáticos relatan que el canciller de Brasil, Antonio Patriota, le habría preguntado extrañado a sus asesores quién era “ese tal señor Falabella” luego de la reunión privada que sostuvieron en 2011, ya que su par chileno habría ocupado a esa empresa como ejemplo en numerosas ocasiones. Moreno trabajó para los grupos familiares que en ese momento controlaban el holding del retail, las familias Solari y Del Río. El 2011 Falabella tenía planes de expandirse a un quinto país luego del inicio de operaciones en Perú, Colombia y Argentina y el episodio se comenta en la voz baja que se acostumbra en el medio diplomático. “A nadie le extraña mucho porque se asocia su figura a Piñera, que nunca ha sido muy bueno en lo de separar ámbitos”, comenta un directivo de ProChile, para señalar que “pese a eso, Alfredo Moreno es todo lo contrario de lo que esperaban algunos en Cancillería. El que cumplió el estereotipo del empresario de derecha fue su gran amigo Félix De Vicente. Moreno no: es amable, abierto al diálogo, se luce con anécdotas de sus caballos, puede convencer a cualquiera de algo si se toma el tiempo”.

Como uno de los pocos ministros que se mantuvo durante todo el gobierno de Piñera, a Moreno le correspondió llevar adelante las famosas “cuerdas separadas” entre política internacional y negocios que hoy están en cuestionamiento luego de conocerse las inversiones de las sociedades del ex presidente en Perú. Si algo de eso ha salpicado a Moreno, el efecto aún no se ve, ya que el consenso sobre su figura para la CPC se ve firme.