Hoy Venezuela es el tema que copa la agenda política de los medios de comunicación a nivel nacional e internacional. Cuatro meses de protestas en las calles, con imágenes de enfrentamientos entre manifestantes y las fuerzas policiales son las escenas dolorosas en la prensa que muestran la crisis política venezolana, centrada casi siempre en el actuar del gobierno y omitiendo, por ejemplo, la violencia y los ataques de la oposición a los chavistas.

No hay tiempo para problematizar ni analizar el escenario político de Venezuela y sus implicancias geopolíticas. Todos apuntan al juicio mediático: O eres parte de los “defensores de la libertad y democracia” o estás a favor de la “dictadura” de Maduro y su gobierno. En este contexto, si presentas argumentos críticos sobre las estrategias de la oposición eres un “chavista, izquierdoso/a con anteojeras ideológicas” y no eres parte del siglo XXI. Hay muy pocos espacios para los matices en la discusión pública. El objetivo es sumar frases de condena y pasar el test de la blancura.

Y que no se hable de estrategias y propuestas para salir de la crisis por una vía política. Eso no es lo central, más bien parece una nimiedad advertir que esta lógica reduccionista conduce a la masacre.

Si observamos los últimos acontecimientos en el sistema interamericano, la cuestión no es distinta. Los países más ricos e influyentes reunidos en Lima suscribieron una declaración política que desconoce la Asamblea Constituyente y afirman que no hay Estado de Derecho en Venezuela. Por otra parte, en Caracas los países del Alba respaldan la Asamblea Constituyente y hacen un llamado al dialogo. En este contexto, no están los votos suficientes para aplicar la Carta Democrática Interamericana de la OEA.

Hay dos cuestiones que llamaron la atención en la conferencia de los Cancilleres en Lima: Los énfasis que hace el Canciller de Brasil sobre la dictadura existente y los principios democráticos, siendo el representante de un gobierno corrupto que llega al poder vía administrativa. Este mes se cumple un año de la destitución de la presidenta Dilma Rousseff por intermedio de un recurso legal denominado “impeachment”. Conocemos los argumentos del parlamento y los vomitivos discursos que reivindicaron la dictadura militar y las violaciones de derechos humanos en el conocido circo parlamentario. Frente a esta coyuntura crítica en Brasil, ¿cuál fue la respuesta de la comunidad internacional?: Un par de discursos solidarios y lamentos por la situación. No había nada que hacer, porque el principio de legalidad y la no intervención en asuntos internos se impone como un discurso estándar de los líderes regionales. Se podría sumar como segunda cuestión interesante el hecho que países como México y Paraguay enarbolen discursos sobre Estado de Derecho y derechos humanos, pero parece que no está de más recordar los más de 30 mil desaparecidos en México o la débil institucionalidad paraguaya.

Siguiendo los hitos más relevantes de la historia reciente de Venezuela, es interesante mirar las respuestas de los países cuando en el año 2002 la oposición al gobierno de Chávez, realizó un intento de golpe de estado. Chile fue uno de los primeros países en reconocer al empresario que colocaron a la cabeza del gobierno, episodio bochornoso que está en los anales de la diplomacia chilena.

Recordemos que la propuesta venezolana “socialismo del siglo XXI” más conocida como “la revolución bolivariana” llega al poder vía democrática hace 18 años atrás, después de un quiebre del sistema de partidos y el desgaste del llamado pacto de punto fijo (2 partidos controlando el gobierno, con alta exclusión de los sectores populares del sistema político).

El régimen se fue legitimando convocando a un gran número de elecciones y siempre tuvo una oposición que deslegitimaba los resultados, excepto cuando obtuvo la mayoría en la Asamblea Nacional del año 2015 y por primera vez no invocaron la palabra fraude. En el caso de Venezuela, se activan todos los miedos de las elites latinoamericanas sobre el alcance, influencia y logros del modelo bolivariano.

Pero también hay que reconocer que se implementaron políticas públicas ineficaces y que el proyecto transformador del chavismo nunca superó la contradicción de seguir dependiendo del petróleo y del carisma de su caudillo para lograr sus éxitos electorales.

Tras la muerte de Hugo Chávez se ha intensificado el bloqueo económico. Venezuela no ha tenido acceso a los sistemas financieros y sus posturas en el sistema internacional han generado varias enemistades. Venezuela en la ONU es un jugador global. Durante todos estos años ha apoyado la causa palestina y la región subsahariana y hoy preside el movimiento de los países no alineados. Las caricaturas sobre Chávez quedan cortas y muchos olvidan que, además de su liderazgo carismático y habilidad para interpretar los fenómenos del mundo popular, impulsó inéditas políticas de integración latinoamericana. ALBA, CELAC y fortalecimiento del rol en la OPEP, por mencionar las más relevantes.

En este escenario se conforma una estructura de oportunidad para la oposición, e intensifican las protestas en contra de Maduro que ganó la elección presidencial el año 2013 en forma muy estrecha (50,61% versus 49,12% de Capriles). Un gobierno chavista sin el líder pierde votos y la oposición coronó un triunfo en las elecciones del año 2015 obteniendo la mayoría de los escaños en el parlamento. La Mesa de la Unidad Democrática (MUD) obtuvo 112 escaños y superó al Gran Polo Patriótico, que se quedó en 55.

Así llegamos a la confrontación. En el sistema presidencial gobernar con una cámara legislativa en contra y sin capacidad de articular procesos de negociación política, deja como resultado el enfrentamiento y la idea de prescindencia . La oposición se la jugó por la estrategia del gobierno paralelo y el Ejecutivo por la creación de una Asamblea Constituyente que le acomode a sus intereses y le permita pasar a su ofensiva. Todo en la lógica de la negación del otro.

El choque de poderes es la escena que se observa el año 2017, la pugna por los diputados amazónicos, la discusión por la fecha para aplicar la revocatoria de mandato, y una Asamblea Nacional con mayoría de la oposición. El gobierno desconoce a la Asamblea y se produce el primer momento de instalación de la estrategia de confrontación en la calle con respuestas de las fuerzas armadas y el gran logro es la batalla comunicacional del MUD y la radicalización de su táctica de calle que se traduce en violencia y desestabilización. Porque la batalla también es económica, y ahí están los empresarios que se aprovechan de la crisis.

Cabe señalar, que los líderes emblemáticos de la oposición representan los intereses de las élites neoliberales venezolanas y si llegan al poder vienen las políticas propias de la restauración conservadora. La pregunta es: ¿qué va a pasar con los pobres venezolanos y el acceso a derechos de educación, vivienda y salud? Lo que está claro es que la matriz productiva y la dependencia del petróleo es lo que se mantuvo del sistema político del siglo XX y la gran deuda del chavismo.

Ahora ex post elecciones de la constituyente, el número de votantes fue superior al esperado, y si uno no quiere creer en las cifras oficiales, están los videos y fotos que muestran a barrios movilizados para defender la Asamblea y con un discurso político a favor del gobierno. Porque los votantes en zonas rurales tienen una identificación más allá de la red clientelar, que sí existe. Una torpeza de la oposición fue subestimar al chavismo y su organización popular en los barrios, esos que antes del ‘Comandante’ no tenían nada y donde radica el principal apoyo al gobierno en un escenario de crisis política y económica. 

En el actual momento político de Venezuela, el principal espacio físico de enfrentamiento es el Palacio Federal Legislativo, que es la sede del Parlamento y es el lugar donde se reúne la Asamblea Nacional Constituyente. La oposición rechaza la legitimidad de la constituyente y dice que el órgano legislativo que controla va a seguir trabajando. El chavismo considera que la constituyente sustituye al anterior parlamento, y pretende disolverlo. Una confrontación de posiciones que dará más escenas bizarras.

Lo indefendible de la Asamblea Nacional Constituyente es que en su primera reunión decidan destituir a la Fiscal General Luisa Ortega, la moción liderada por el cuestionado y resistido Diosdado Cabello, y apoyada por todos los delegados. Esto muestra un sin sentido de la instancia, parece más una venganza hacia la “traidora” que ahora es la “heroína” de la oposición, y la lectura global es que es un arbitrio que alimenta el discurso del autoritarismo y la idea del suprapoder.

Si la Asamblea Nacional Constituyente no acierta, su impulso se puede volver contra Maduro y el gobierno. Es evidente la tensión en el MUD y la división frente a la estrategia de calle desestabilizadora apostando a la caída del gobierno y la opción electoral que significa bajar el hostigamiento y que los moderados asuman el liderazgo. Por parte del gobierno también hay tensiones entre la mirada del control y represión que es moverse en base a los cálculos de la oposición que obliga a reaccionar y defenderse frente a las acusaciones de “dictadura”. Ha habido reuniones entre el gobierno y la oposición, pero ninguna posibilidad de pactar una tregua y esto también tensiona a la MUD. Un aspecto destacable, que abre oportunidad a la táctica electoral, es que la oposición participará de las elecciones regionales.

Para estar atentos e incomodar a los que aseveran que Venezuela siempre ha sido una dictadura, un dato es constatar que durante los gobiernos de Chávez siempre existió separación de poderes y la constitución tan vilipendiada por esos mismos actores hoy la destacan. Y para los acríticos e incondicionales de Maduro, téngase en consideración que si la Asamblea Constituyente sigue sin claridad en sus decisiones y no reconoce al parlamento, será la manifestación clara que se acaba la separación de poderes.

Y en Chile es evidente que existe un uso y abuso de la situación de Venezuela. Es el comodín en todas las instancias de debate político y tiene mayor cobertura que problemas públicos locales. Esto se replica en otros países como un discurso coordinador para atacar a los grupos de izquierda y en forma irrisoria los grupos de derecha que han legitimado violaciones de derechos humanos y regímenes autoritarios aparecen como paladines de la justicia, libertad y derechos humanos. No es menor el grado de delirio en la clase política y medios que genera Venezuela.